El Leicester no pudo dar vuelta la sanción que había recibido inicialmente en febrero por parte de una comisión independiente. El club fue acusado por la Premier League en mayo de 2025 por incumplir las reglas de rentabilidad y sostenibilidad correspondientes a la campaña 2023-24. En el proceso, la English Football League llevó adelante el caso y terminó declarando al equipo culpable de superar el tope permitido de pérdidas, que era de 83 millones de libras, por una diferencia de 20,8 millones en el período de 36 meses. Desde el departamento legal intentaron que el análisis se extendiera a una ventana de 37 meses, argumentando demoras en la presentación de las cuentas, pero esa postura no prosperó. Con el recurso rechazado, la consecuencia deportiva golpeó de lleno: el Leicester quedó en la 22ª posición de la Championship y quedó metido en una pelea desesperada por no descender.
Tras conocerse la resolución definitiva, el club emitió un comunicado con tono desafiante, aunque sin minimizar la gravedad de la situación. En sus palabras, el Leicester indicó que, al estar el tema cerrado y restar solo cinco partidos para el final del campeonato, toda la gente del club está concentrada en los encuentros que se vienen y en construir el desenlace de la temporada a partir de lo que logre dentro de la cancha. También reconocieron que atravesaron un período complicado y agradecieron el respaldo constante de sus hinchas hacia el plantel. El mensaje final dejó claro el foco: la responsabilidad ahora es encarar esos compromisos restantes con la intensidad y la intención que exige el momento actual del equipo.
La definición del caso, además, llega en el peor instante desde lo futbolístico, porque aumenta la presión sobre el entrenador interino Gary Rowett. Fue nombrado con menos de 24 horas de diferencia respecto de la presentación del recurso inicial, de modo que su margen para corregir el rumbo es mínimo. El Leicester venía con una producción muy pobre: apenas logró una victoria en 16 partidos disputados en todas las competiciones. A ese mal presente se le sumó el golpe institucional, que los dejó con 41 puntos después de 41 fechas, exactamente un punto por debajo de la zona de salvación. Sin más opciones legales por explorar, el plantel solo puede apoyarse en los resultados de los próximos juegos para evitar una segunda caída al infierno del descenso, consecutiva y potencialmente devastadora.
De cara al cierre, el calendario que le queda al Leicester es de alto voltaje y casi no admite errores. Este fin de semana recibirá a Swansea City, antes de afrontar un duelo clave y de visitante frente a Portsmouth, un “seis puntos” decisivo ya que el rival está apenas un lugar por encima en la tabla. Luego aparecen compromisos ante Hull City, Millwall y Blackburn Rovers, en una seguidilla que define destinos. En definitiva, la permanencia del Leicester queda atada por completo a esos cinco partidos que restan, porque allí se va a jugar, partido a partido, la posibilidad de sostenerse en la categoría.
