De cara al duelo de Championship del martes ante Hull City en el King Power Stadium, el Leicester que hace apenas unos años parecía una fantasía imposible vuelve a aparecer en el centro de la tormenta: con una cuota de 5000-1 como punto de partida, hoy está prácticamente sentenciado a pelear por el descenso a la tercera categoría del fútbol inglés por segunda vez en sus 142 años de historia. El panorama es duro: los Foxes están a ocho puntos de la salvación y todavía quedan apenas tres partidos por jugar.

Entonces, ¿cómo se llegó a este escenario? El club vivió de todo desde que escribió la gran historia de outsider hace diez años, con picos y caídas a la vista. Pero cuando descendió a Championship la temporada pasada, el sentido común marcaba que volvería a subir de manera inmediata. Sin embargo, Leicester está al borde de sufrir un segundo descenso consecutivo, y la entidad que en su momento protagonizó lo que Sven-Goran Eriksson llegó a describir como “un sueño para todos los que aman el fútbol” se encuentra atrapada en una pesadilla que no termina de cerrarse: problemas económicos largamente arrastrados y una bronca de hinchas que no afloja.

La salida de la Premier League al cierre de la temporada 2022-23 fue un golpe especialmente fuerte. No era solo que siete años antes habían sido campeones: también venían de ganar la FA Cup apenas dos temporadas atrás, bajo la conducción de Brendan Rodgers, entrenador que además había guiado a los Foxes a dos quintos puestos seguidos. Pero el propio Rodgers ya había anticipado que el club no estaba con una base financiera saludable.

En ese contexto, los dueños tailandeses —The King Power International Group— tuvieron que apretar el gasto. La razón: el impacto económico que la pandemia dejó sobre su negocio de duty free. En julio de 2022, el DT lo dejó claro al hablar de las necesidades del plantel y de la limitación real para reforzar. “Quiero mejorar el equipo, quiero desarrollarlo. Lo dije a mitad del año pasado, pero si financieramente es difícil… tengo mucho respeto por el club, así que no voy a pelear contra ellos”, expresó, planteando que se necesitaba trabajo para poder competir cerca de lo que el Leicester había mostrado. Y si eso no se lograba, el listón de expectativas debía cambiar.

El punto es que, aun cuando los refuerzos que Rodgers pidió nunca llegaron, nadie imaginaba que el club se iba a caer otra vez tan rápido. Para ese entonces, Leicester no estaba corto de talento: Jamie Vardy seguía liderando el ataque, con jugadores como Harvey Barnes y James Maddison como soporte ofensivo. En el mediocampo, el entrenador podía contar también con Youri Tielemans y Kiernan-Dewsbury Hall. Pero la combinación entre la reputación de Rodgers y la idea de que el plantel era lo suficientemente fuerte como para sostenerse habría generado una sensación de falsa tranquilidad: una presunción equivocada de que “ellos eran demasiado buenos” como para caer.

Tras una derrota 1-0 ante Southampton el 4 de marzo de 2023, que dejó al Leicester en el puesto 15, Maddison incluso salió a cuestionar una evaluación que había hecho un periodista local, Rob Tanner, sobre el riesgo real de descenso. El mediocampista ofensivo lo resumió con un mensaje directo en redes: “Basura. Miren y analicen el partido bien y dejen de escribir titulares que ustedes saben que hacen que la gente se amontone con negatividad. Jueguen así y vamos a estar perfectamente. Creamos un montón de ocasiones brillantes y ganamos cómodamente en otro día”. El problema fue que el diagnóstico no coincidió con la realidad posterior.

La historia terminó siendo mucho más dura: Leicester solo ganó dos partidos más en esa campaña y, tras finalizar 18° con 34 puntos, bajó a Championship. La cifra de salarios del plantel era de las más altas de la Premier League en ese momento —se mencionaba el séptimo mayor—, así que la caída tuvo un componente adicional de incredulidad: el contraste entre la inversión y el rendimiento.

Las razones del descenso fueron varias, pero hay un hilo conductor que aparece con fuerza: no haber respaldado a Rodgers en el mercado, y además haber tardado demasiado en tomar la decisión de despedirlo. Ese retraso dejó a Dean Smith, entrenador interino, con solo ocho partidos para intentar enderezar el rumbo. Aun así, el club terminó tomando una decisión que, al menos en lo inmediato, pareció acertada: apostar por Enzo Maresca en lugar de sostener a Smith como solución definitiva.

La experiencia previa de Maresca como primer entrenador había sido breve: en Parma había durado apenas 14 partidos. Pero su trabajo mostró por qué fue considerado un integrante valioso del cuerpo técnico de Pep Guardiola en Manchester City. Con Leicester, lo demostró en el terreno: llevó al equipo de regreso a la Premier League a la primera oportunidad y, además, como campeón de Championship. Sin embargo, la continuidad se cortó rápido, porque Maresca se marchó de inmediato rumbo a Chelsea. Aunque no todos los hinchas lamentaron su salida, el cambio generó un problema grande para la dirigencia, que después se agravó con decisiones posteriores.

Steve Cooper, exentrenador de Nottingham Forest, apenas consiguió dos victorias en liga antes de ser despedido en noviembre de 2024. Por su parte, Ruud van Nistelrooy, leyenda de Manchester United, tuvo un arranque que ya anticipaba dificultades: estuvo a cargo de nueve partidos seguidos en condición de local sin convertir goles. Y aun así, el descenso llegó igual, con cinco fechas restantes.

La preocupación económica, además, no era una sorpresa total antes de que comenzara el certamen actual. Mientras Leicester había logrado el ascenso en 2022-23 con el presupuesto más alto de toda la historia del Championship, en el King Power Stadium se veía que el dinero se había convertido en un problema central. En ese marco, el club tomó una maniobra que generó críticas: Van Nistelrooy no se separó formalmente de la institución hasta el 27 de junio, con la intención de que el costo del despido se registre en las cuentas del año siguiente y así aliviar tensiones relacionadas con las reglas de Profit & Sustainability Regulations (PSR).

Pero el daño ya estaba hecho. El 5 de febrero de este año, Leicester recibió una sanción de seis puntos por incumplir normas PSR durante su temporada ganadora 2023-24. El golpe no se quedó solo en lo deportivo: también reavivó la crítica hacia el presidente Aiyawatt Srivaddhanaprabha y el director de fútbol Jon Rudkin por la forma en que manejan el club. La entidad expresó su “decepción” por el fallo y calificó el castigo como “desproporcionado”, aunque la apelación fue rechazada el 8 de abril, un desenlace que terminó siendo un mazazo para las chances de sobrevivir.

Sin esa quita, Leicester estaría apenas a dos unidades del 21° lugar, ocupado por Blackburn Rovers y West Bromwich Albion, e incluso contaría con un partido menos frente al primero. Aun así, el escepticismo era alto: se entendía que el club había quedado cargado con jugadores de salarios elevados que no estaban rindiendo. Y en ese contexto, la supervivencia se vuelve una cuesta aún más empinada.

Con el arribo de Marti Cifuentes en julio, el Leicester cambió de entrenador por sexta vez en solo tres temporadas. Una de las prioridades del catalán era recomponer el vínculo entre el plantel y la gente. “Es normal, después de un descenso, que haya malos sentimientos. No sería extraño que pase, pero quiero un comienzo nuevo, un nuevo inicio. Me gustaría que los jugadores sean evaluados por lo que hacen ahora y por cómo rinden hoy. Ojalá podamos mostrar que todos están metidos, comprometidos con el club”, explicó en su momento.

El plan, sin embargo, no funcionó. El equipo no logró encontrar el tono y Cifuentes fue despedido en enero con Leicester 14° en la tabla. Desde entonces, los resultados empeoraron y el ambiente se volvió tóxico. En casa, además, el estadio dejó de ser un refugio: la frustración de la gente creció por la sensación de falta de compromiso por parte de los futbolistas.

El exdelantero Matt Piper puso palabras a esa bronca. “No entiendo por qué no dan más. Leicester tuvo planteles a lo largo de los años con equipos muy malos y con futbolistas realmente flojos —yo también estuve en esas plantillas, no me estoy exculpando—, pero lo que sí digo es que incluso cuando estábamos mal, siempre había jugadores que se ponían la camiseta y daban todo”, sostuvo. Y remarcó que el grupo actual tiene talento. “Lo que más marca esta situación es que hay jugadores realmente capaces. Estamos subcumpliendo muchísimo con este plantel y sería una catástrofe que la temporada termine así incluso sin la deducción de seis puntos”.

La dirigencia buscó una respuesta con la llegada de Gary Rowett, ex lateral de la casa, como sucesor permanente de Cifuentes. La idea era que su desembarco pudiera despertar a un equipo que venía golpeado. Pero Rowett, con el paso de las semanas, ya dejaba una sensación de agotamiento. “Los 10 partidos que llevé acá me parecieron 40”, confesó la semana pasada. Y eso fue antes de la derrota ante Portsmouth, un partido que Rowett admitió que el Leicester “tenía que ganar” para mantener algún margen de supervivencia.

Como suele pasar cuando el agua llega al cuello, el final del partido en Fratton Park dejó escenas feas. Tras el 1-0, el mediocampista Harry Winks protagonizó un cruce cargado de insultos con hinchas de Leicester. A la par, se multiplicaron los pedidos de “que se vaya la directiva” y los reclamos para que Srivaddhanaprabha y Rudkin presenten su renuncia. Aun así, los Foxes todavía no están matemáticamente descendidos y Rowett intenta transmitir el costo real del golpe: el impacto financiero y también el daño humano que significa bajar de categoría.

“No creo que el hecho de que se ponga a llorar la señora de la limpieza o la encargada del té frente a los jugadores vaya a tener el efecto que buscamos”, dijo en declaraciones a BBC East Midlands Today. “Pero lo que intentás es mostrar la magnitud de la situación. Puede que a un futbolista no le impacte como realidad inmediata, pero sí afecta a mucha gente del club. Y también afecta a los hinchas que pagan su dinero con esfuerzo y que han estado apoyando al equipo de manera brillante en un período difícil. Tenemos que darles más”.

Por ahora, el Leicester necesita algo más que explicaciones: requiere un milagro. Y en cierta forma, sería incluso más asombroso que aquel título de 2016, que quedará en la memoria por su dimensión histórica. Antes fueron un cuento de hadas; ahora se convirtieron en una advertencia, un ejemplo impactante de cómo no administrar un club de fútbol. Mientras tanto, el reloj sigue corriendo: el martes ante Hull City puede ser otro capítulo más en la lucha por evitar que la pesadilla termine de cerrarse.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.