El talismán de Manchester City se refirió al momento polémico que tuvo como protagonista el cruce con el defensor de Arsenal Gabriel. En un segundo tiempo cargado de tensión, el brasileño pareció apoyar la cabeza contra el rostro de Erling Haaland, una acción que en la mayoría de los casos deriva de manera directa en expulsión por conducta violenta. Sin embargo, el árbitro se limitó a mostrarle una tarjeta amarilla, decisión que dejó a muchos con dudas sobre la dureza con la que se evaluó la jugada.

Tras el pitazo final, Haaland dejó en claro que, a su entender, el desenlace habría sido distinto si él hubiera optado por exagerar el impacto. El delantero explicó que no acostumbra a tirarse si no hay una agresión real y que, de haber caído, podría haber terminado en roja: “Si yo me cayera al piso, que no lo haría a menos que alguien me ataque de verdad, creo que capaz sería tarjeta roja. No estoy seguro. No vi la situación de cerca, pero bueno, es lo que es. No voy a caerme tan fácil como esto. Amarilla para mí, la verdad no sé por qué. Él [Gabriel] se me acerca a la cara, es lo que es”.

La molestia del noruego no se quedó solo en el contacto en sí, sino también en la respuesta del árbitro. Con ironía y sin vueltas, mostró su desconcierto por la escena y por cómo se interpretó: “¿Tengo que decírselo al árbitro? Da igual. Mirá esto, ¿qué es esto?! [No es fútbol], yo sé”.

En la misma línea, Haaland contó la explicación que le habría dado Anthony Taylor respecto de la doble amonestación. Según su relato, el juez sostuvo que la acción fue responsabilidad compartida: “Dice que es de los dos [nuestro]. Eso es lo que dice siempre”. Aun con el cruce caliente, el futbolista insistió en que no hizo nada para buscar el enfrentamiento. Cuando le preguntaron si le dijo algo al defensor para provocarlo después de marcar el gol que terminó inclinando la balanza, respondió: “No, no dije nada. Yo nunca haría algo así… Ok, capaz a veces. Pero no, no hice nada”.

Más allá del revuelo que generó el episodio en charlas de especialistas y en el entorno de City, el VAR respaldó la determinación que tomó el árbitro en el campo. Desde la Premier League se comunicó que no hubo intervención porque la acción no alcanzó el umbral necesario para una expulsión, tomando en cuenta la intensidad del contacto físico. Incluso el Match Centre de la cuenta de Twitter emitió un comunicado donde confirmó que el gesto de Gabriel fue considerado “no excesivamente agresivo ni violento”.

La jugada, con todo el ruido que produjo, terminó siendo un paréntesis dentro de un partido que movió de forma fuerte el rumbo de la pelea por el título en Inglaterra. Con el 2-1 a favor de Manchester City en el Etihad, el equipo de Guardiola se colocó a tres puntos de los dirigidos por Mikel Arteta, con la ventaja de que todavía tiene un partido pendiente. La diferencia en la cima se achica a medida que la temporada entra en su tramo final: City podría igualar el primer lugar si sortea un viaje complicado a Turf Moor, donde el miércoles enfrentará a Burnley. Para Arsenal, en cambio, la prioridad pasa a ser clara: sumar sí o sí el próximo sábado en el Emirates ante Newcastle.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.