ATLANTA— En los últimos tres años y medio, Gio Reyna fue construyendo —sin querer— una especie de superpoder: la capacidad de repetir, una y otra vez, la misma idea con palabras apenas distintas. Cada vez que se cruza con la prensa, aparece una versión del mismo diálogo. Y, por más que lo intentó, nunca terminó de poder escaparle del todo.
Con el paso del tiempo, su relato se volvió repetitivo: el Mundial de 2022, el nivel mostrado, la condición física, las lesiones, el carácter, la lectura externa y la reputación. Todo mezclado, una y otra vez. Pero llega un punto en el que las preguntas se cansan, sobre todo cuando la conversación gira siempre alrededor de lo mismo. Y, más aún, cuando quien está en el centro del foco quiere otra cosa.
Por eso Reyna está dispuesto a hablar de otro tema. Está listo para mirar hacia adelante. De cara a su segundo Mundial, la idea es clara: hablar de quién es hoy, no de quién fue. Entonces, ¿cuál es el ángulo? En realidad es tanto simple como complejo: la historia de Reyna cambió, y ahora espera que el mundo se dé cuenta.
“Tengo cuatro años más, y eso marca una diferencia enorme”, le dijo a GOAL. “No son cuatro años cualquiera: de los 19 a los 23, en la mayoría de las personas, es donde mucho se termina de definir, donde se crece. Es difícil señalar un solo cambio, porque crecí en un montón de aspectos, pero sí: ahora que estoy acá, solo quiero enfocarme en este momento”.
“Es difícil, cuando estás dentro de la situación, dar un paso atrás y dimensionarlo, pero claro que las cosas cambiaron”.
Con un verano que podría cambiarle la vida, parece un buen momento para que Reyna pase página. Ya avanzó. Y, si todo sale bien, quizás logre que otros también lo hagan. Hay un capítulo nuevo para él, siempre que pueda mostrar cuánto se transformó.
“Todo empieza por el buen entorno que tenés alrededor, ese grupo que te sostiene día a día”, explicó. “Y también, claro, viene desde adentro”.
El Mundial llegó. Reyna, con 23 años, se muestra listo para afrontarlo: es el momento de que arranque esta historia.
Hubo un instante en el que Reyna decidió dejar de scrollear. La decisión fue sencilla. Le borró Instagram del teléfono y pensó que su tiempo podía rendir más en otras cosas: hablar con la familia, estar con su perro, jugarle a la consola un partido del PGA Tour junto a compañeros de la selección masculina de Estados Unidos. Cualquier alternativa antes que quedarse mirando la pantalla sin sentido. En esas tandas de navegación, cada vez era más difícil evitar lo que se decía. Cada vez que aparecía su nombre en titulares o en comentarios de redes, salían siempre discusiones parecidas.
Durante los últimos tres años y medio, la reputación de Reyna se discutió y se desarmó al detalle. Es lo que todos quieren saber. ¿Es realmente el jugador que describen las redes? ¿Pasó todo como lo cuentan? ¿Está físicamente bien? ¿Tiene confianza? ¿Le cae bien a la gente? ¿Le importa? ¿Siente que tiene más para probar? ¿Lo que se asume sobre él es verdad o es solo ruido?
Algo de eso existe, lo admite. Como cualquier historia, la de Reyna se fue deformando con los años, escapándose a escenarios que ni él podía imaginar. Pero en algún punto arrancó. Y esos comienzos merecen ser tomados en cuenta. El resto, en cambio, merece una carcajada.
“Siento que mucho ruido alrededor mío termina siendo que soy medio impulsivo y que capaz tengo problemas de actitud”, dijo Reyna, como si estuviera preparando una negación rápida.
No del todo. Ahí mismo, sonríe y agrega: “Creo que si le preguntás a varios de los chicos de este plantel, en ciertos momentos dentro del campo yo puedo ser un poco caliente, seguro”.
Eso sí: no es un “hothead” en el sentido clásico. La palabra puede usarse con tono negativo, y se usó así varias veces. Reyna, como ya dijo en otras oportunidades, se pasó de la raya durante una semana puntual en Qatar. Ahora, en cambio, intenta recuperar el concepto con otro enfoque: deja de ser “hothead” y entra “pasional”. Es un pequeño cambio de etiqueta, pero con peso.
“Siento que parte de eso es algo que necesitás para tener éxito en el fútbol”, sostuvo sobre su ego y su pasión, que estuvieron en el centro de la conversación durante toda su etapa adulta. “Necesitás esa autogestión, esa hambre, ese fuego. Tenés que seguir. Ahora, fuera de la cancha, me siento bastante ubicado, bastante racional”.
Ser racional también implica aceptar la realidad. Reyna sabe que todavía hay gente que quiere usarle en la espalda lo que pasó en el Mundial de 2022. Habrá quienes intenten definir todo lo que hace a partir de los peores días de su carrera profesional. Aunque su vida siguió evolucionando, ese episodio queda como un capítulo difícil de borrar.
Pero se puede dejar atrás. Incluso, si salen bien las cosas, se puede terminar tapando. Aunque hay una realidad: las reputaciones no se desprenden fácilmente. Reyna lo entiende.
“Siento que soy mucho menos un problema para el equipo de lo que capaz la gente pensó antes”, dijo entre risas. “Creo que eso viene más que nada de esa historia, pero también siento que soy un jugador de equipo. Disfruto estar con este grupo de chicos. Y seguramente soy menos problema para los entrenadores de lo que la gente cree”.
“Piensan que entro todos los días y que todos miran, pero no: soy bastante normal. Solo quiero hacer lo mejor posible y ayudar a mi equipo”.
Hay algo que Reyna dejó claro muchas veces: para él, esta selección —el USMNT— lo es todo. Lo criaron para quererla y nunca dejó de sentir ese amor. Para Reyna no es solo un programa, ni una condición, ni un equipo de fútbol: hay algo más profundo.
La amistad de Reyna con Joe Scally es un punto central. Por eso él y su esposa pasaron de Dortmund a Düsseldorf para sumarse al club donde juega su amigo de toda la vida, en Borussia Mönchengladbach. Reyna explicó que el cambio le cayó bien: Düsseldorf tiene movimiento, mientras que Dortmund tenía un aire de pueblo más chico. Y encima, Scally está ahí.
Ese vínculo marca gran parte de la comodidad de Reyna con el USMNT. Pero no es el único. Con Brenden Aaronson se conocen desde los 13 o 14 años, y lo mismo pasa con Chris Richards. En el camino se sumaron otras caras. Chris Brady es más nuevo, pero el pasado marzo ya estaba instalado en la idea de competir contra Reyna, Scally y Aaronson en un videojuego, Clash Royale. Todos se conocen. Todos tienen una memoria. Y todos encajan en algún punto.
¿Cómo encaja Reyna? Según sus propias palabras, es de los más tranquilos. A pesar del ruido que genera dentro del campo y de las repercusiones que se llevan sus titulares cuando está afuera, dentro del grupo suele moverse con más sutileza.
“Yo diría que soy bastante, bastante tranqui”, expresó. “Fuera de la cancha hablo con todos. Capaz no soy el más ruidoso de la habitación, pero me siento bastante querido en el equipo. No soy el que va a hablar más en cada lugar, como capaz Chris Richards o Tyler Adams o Weston [McKennie]”.
Durante años, jugadores del programa reflexionaron sobre la hermandad dentro del USMNT y lo que significa. También comentaron cómo sobrevivieron los momentos difíciles: el Mundial de 2022, la Copa América de 2024 y la Nations League de 2025. Reyna tiene una explicación para ese recorrido: cuidan al equipo y se cuidan entre ellos.
“Estuve en algunos equipos donde no era así”, dijo. “Más que nada en el plano de club, pero acá, de verdad: una de nuestras fortalezas es que todos nos llevamos bien. No hay problemas con nadie. A todos les gusta estar con todos en este plantel. Eso es lo que amo de volver”.
“Dentro de la cancha se ve que jugamos realmente para el otro, cada vez que estamos alrededor del área y en cada situación”.
Hay algo más: Reyna aparece cada vez que se pone la camiseta del USMNT. No es casualidad, y de cara a este verano también tiene sentido.
Durante gran parte del último año, el entrenador del USMNT, Mauricio Pochettino, también recibió preguntas sobre Reyna. El pasado marzo, cuando lo vio de cerca por primera vez en serio como mediocampista, señaló que Reyna debía ponerse al día físicamente para alcanzar al resto del plantel. A partir de ahí, en cada ocasión, Pochettino trató de empujar al máximo al futbolista de 23 años, a quien suele llamar “especial”.
Por eso, aunque Reyna jugó apenas 510 minutos de liga con Gladbach esta temporada, igual entró en la convocatoria para el Mundial. Por eso también, pese a sufrir para tener continuidad de manera sostenida en este ciclo, pudo convertir y asistir en el receso de noviembre. Por eso estuvo en el once ante Senegal —y por eso es posible que arranque este verano.
No hay certezas ni garantías, pero sí hay algo en Reyna. Pochettino lo ve.
“Confío en todos, pero en él también confío mucho”, afirmó Pochettino. “No digo que vaya a jugar todos los partidos, pero puede aportar. Puede aportar porque es un jugador distinto, tiene un talento distinto. Y creo que en un plantel necesitás a un jugador así”.
El problema —o el factor que lo complica todo— es que Reyna no tuvo muchas veces la posibilidad de ayudar en partidos. Desde 2021, arrancó apenas 20 encuentros de liga. En ese período, convirtió 12 goles y dio cuatro asistencias. Aun así, cuando se pone la camiseta del USMNT, Reyna siempre responde. En 39 partidos con la selección, sumó nueve goles y seis asistencias. Y de esas 16 contribuciones de gol, la mitad llegó en compromisos oficiales.
“Gio es un jugador que, creo, ve cosas que no ven muchos otros”, dijo el delantero del USMNT Folarin Balogun, que recibió varias asistencias de Reyna desde que hizo el gran cambio a la selección en 2023. “Ya lo vi desde etapas tempranas de los entrenamientos. Es un jugador que me encanta tener cerca. Siento que todos están contentos de que esté acá”.
Entonces, ¿cómo lo hace Reyna? ¿Cuál es la llave para encenderse otra vez cuando el partido se le apagó durante más tiempo del que él hubiera querido?
“En el fondo confío mucho en mi capacidad y en lo que puedo hacer cada vez que piso la cancha”, aseguró. “Obviamente no es tan fácil cuando sabés que quizá vas a jugar solo 20 minutos. Así que el ritmo de partido a partido importa, y creo que eso es lo que estoy mirando para dar el siguiente paso en mi carrera”.
Reyna viene pensando mucho en esos pasos. Tomó uno el último verano, cuando se fue a Gladbach para intentar reavivar su carrera. Después dio otro en el otoño, cuando aprovechó su oportunidad con la selección: marcó un gol ante Paraguay y asistió a Uruguay. Y en estas últimas semanas, mientras dudaba si había hecho lo suficiente para ganarse la chance de su vida, volvió a evaluar todo.
Ahora, a pocos días del inicio del Mundial, el ruido crece. Pero Reyna aprendió a apagarlo con el tiempo. Las redes sociales ya no están. Lo que escucha se lo filtran su esposa o sus padres. Sabe que el debate continúa: es parte del negocio. Los que escriben titulares también ponen su grano de arena, igual que la gente que genera conversación alrededor de Reyna.
Las últimas semanas fueron de nervios. Estuvo con su esposa en Connecticut el día en que llegaron las convocatorias del USMNT. Tras tomar un smoothie, decidieron no volver enseguida por la ansiedad. Esperaron y esperaron hasta que la llamada llegó. Cuando llegó, la preocupación se transformó en alegría y enseguida en expectativa.
De todos modos, y aunque no quiera admitirlo, Reyna sabía que cuando le anunciaran su nombre dentro de la lista, no habría una reacción única y general. Sería complicado: otra vez, porque todo esto suele ser complejo.
“Es todo mucho más que entrar a la cancha y jugar”, sostuvo. “Nunca es tan simple. Ojalá lo fuera. Seguro que todos los jugadores también quisieran que sea así. Obviamente, este deporte significa muchísimo para todos nosotros”.
Este verano, además, vale todavía más. Hay tanta charla sobre la presión de este Mundial en particular, que se juega en Estados Unidos, pero varios integrantes del USMNT remarcaron que los Mundiales traen presión, por definición. Juegue donde juegue, es el máximo peso que podés ponerle a un partido. Sí: es local y eso importa. Pero los nervios y la emoción no pueden llegar a un nivel infinito.
“Es verano de Mundial”, dijo Reyna. “Siento que no solo yo, sino que se nota que toda la energía del equipo está un escalón más arriba. Yo creo que lo viste contra Senegal: no queremos dar por sentado este Mundial. Queremos hacer algo especial”.
Tal vez esa sea la única idea en la que todos pueden coincidir. Este verano puede ser especial, para los individuos y también para el conjunto. Puede impulsar todo hacia adelante, marcar un momento en el que el fútbol aterrice de verdad en el país y, de paso, cambiar vidas y legados para siempre.
Quizás sea también el verano en el que Reyna recupera al público. Quizás sea una etapa de goles, de perdón y de momentos brillantes que terminen ahogando los oscuros. Quizás, por fin, el mundo tenga una historia nueva para contar sobre él. Quizás este sea el verano en el que todo cambie.
Reyna lo quiere. Quiere lograr algo para todos los que creyeron en él y para los que lo descartaron por igual. Pero más que eso, quiere conseguir algo del que pueda sentirse orgulloso. Porque esta historia también es la suya.
“Quiero hacerlo por un montón de gente”, dijo. “Pero también, y sobre todo, lo quiero hacer por mí, porque esto es lo que quise hacer toda la vida. De verdad quiero dar ese paso más, y de verdad creo que puedo. Quiero seguir en forma. Estoy haciendo muchas cosas fuera de la cancha para mantenerme lo mejor posible”.
“Quiero aprovechar al máximo el talento que tengo. Ojalá este Mundial sea un gran arranque para eso”.
Hasta que llegue ese momento, a Reyna le van a seguir preguntando cosas. Muchas serán parecidas. Quizás algunas nuevas. Pero, por fin, llega el momento de enfocarse en la única pregunta que importa de verdad: ¿qué va a hacer Reyna ahora?
