Si Fortuna Düsseldorf termina descendiendo a la 3. Liga, el club del Rin corre el riesgo de desarmarse en gran parte en el corto plazo: la continuidad de buena parte del plantel de primera plantilla está en serio peligro. La información que circula indica que, en la actualidad, solo siete futbolistas del plantel profesional —ya sea porque están cedidos o porque directamente pertenecen al club— tienen contrato vigente para jugar en la tercera categoría. De confirmarse la baja, el resto del grupo, con 28 jugadores de la primera plantilla, podría quedar expuesto a una salida sin costo en condición de agente libre.
En el plantel actual hay 17 futbolistas con contrato firmado con Fortuna. El problema es que los acuerdos del resto vencen durante el verano, o bien se agota el vínculo de sus respectivos préstamos. En ese escenario se inscriben especialmente los casos de Florent Muslija, mediapunta lesionado que proviene de SC Freiburg, y de Sotiris Alexandropoulos, que pertenece a Benfica Lisboa y cuyo préstamo también está por finalizar.
De cara al futuro que se abra más allá de 2026, el panorama se reduce todavía más. Si Fortuna cae, solo quedarían en condiciones de sostenerse dos futbolistas que habían sido incorporados por los anteriores directores deportivos, Klaus Allofs y Christian Weber: el vicecapitán Tim Oberdorf y Sima Suso, que viene siendo una pieza habitual del equipo. Esa diferencia marca el riesgo real de que el proyecto deportivo no solo se caiga por resultados, sino también por la pérdida de piezas.
La comparación con lo que había pedido Mislintat aparece como un punto clave. En el caso del director deportivo que sí había exigido compromiso incluso en un escenario de descenso, se citó que sus refuerzos de invierno—Satoshi Tanaka, Kilian Sauck y Jordi Paulina—tenían cláusulas o condiciones para permanecer pese a la categoría. En cambio, Allofs y Weber no habrían incorporado esas garantías en varios de los futbolistas que sumaron en el mercado de verano, lo que vuelve más probable que muchas de esas incorporaciones no resistan el impacto de una eventual relegación.
Además del aspecto contractual, está el costo económico de varias compras que hoy se miran con recelo. Se mencionan como inversiones caras a Cédric Itten (1,3 millones de libras), Anouar El Azzouzi (1,3 millones) y Christian Rasmussen (900.000). La preocupación es que terminen convirtiéndose en “elefantes blancos” financieros. De los tres, hasta el momento el único que alcanzó a justificar el dinero gastado sería Itten, que lleva 13 goles. En el caso de Rasmussen, sumado a que llegó desde Ajax, el rendimiento no acompaña: desperdició ocasiones, atravesó lesiones y mostró cambios de ánimo que no ayudaron a sostener el nivel. Por su parte, El Azzouzi sí tuvo continuidad y compromiso, pero se observa una falta de disciplina táctica y de efectividad que lo dejó lejos de lo que se esperaba.
Mirando el verano en retrospectiva, el mercado comandado por Allofs y Weber aparece como un golpe duro para el club. Hubo fichajes que, en la planificación original, estaban contemplados como titulares regulares, pero se fueron rompiendo con el correr de los partidos. Y, considerando los antecedentes médicos que ya existían, el desenlace era al menos previsible: se nombran como ejemplos a Christopher Lenz, Julian Hettwer y Luca Raimund. En la misma línea, Tim Breithaupt, Zan Celar y Jesper Daland no lograron convencer cuando se los probó a nivel de Championship, lo que dejó al equipo con un déficit de rendimiento en varios puestos.
Tras la separación “amistosa” con Allofs ocurrida el pasado diciembre, el propio directivo terminó reconociendo su parte en la crisis deportiva. En una aparición en Welt TV, sostuvo: “Naturalmente asumo mi cuota de responsabilidad desde el punto de vista deportivo. Tuvimos una ventana de transferencias muy mala”. Con esa frase, se cerró —al menos en lo discursivo— una etapa en la que el club ya venía bajo tensión.
Antes de ese quiebre, Allofs ya había generado preocupación entre la hinchada con algunas declaraciones durante la temporada. Cuando el arranque de Düsseldorf fue lento y el club debió resignar las ambiciones de ascenso, Allofs dijo que nunca había mencionado ese tipo de objetivos antes de la campaña. Incluso acusó a los medios regionales que lo habían citado afirmando lo contrario de estar difundiendo información falsa. Sin embargo, varias frases de julio y agosto aparecieron después como una contradicción directa de su postura, reavivando la discusión interna.
La tensión volvió a encenderse en la asamblea general del club cuando se hizo público un apuesta entre Allofs y un hincha. El tema giró alrededor de la cantidad de partidos de 60 minutos que podría alcanzar Christopher Lenz, que arrastraba una lesión larga. El fan apostaba a que no llegaría a cinco, y Allofs respondió en la reunión: “¡Estoy seguro de que voy a ganar la apuesta!”.
Para entender por qué ese ida y vuelta tomó tanto peso, hay que repasar la historia reciente de Lenz. Aunque había ganado la Europa League con Eintracht Frankfurt, desde 2023 apenas sumó 10 apariciones. Las molestias recurrentes en la pantorrilla cortaron su continuidad primero en su intento de moverse a RB Leipzig y luego en su paso por TSG Hoffenheim.
Allofs habría ignorado ese historial médico y, en lugar de apoyarse en una evaluación integral, eligió un chequeo puntual para confirmar la aptitud física. El resultado fue un revés fuerte: Lenz apenas disputó dos partidos como apariciones cortas y después estuvo casi tres meses fuera. Cuando regresó, su vuelta fue breve y, en los últimos siete encuentros, solo arrancó en dos oportunidades. Con cuatro jornadas por delante, Allofs corre peligro real de perder el desafío: en lo que va de su etapa en Fortuna, Lenz superó los 60 minutos en solo tres partidos. Es, en cierta medida, una imagen de lo que se considera como una planificación problemática del plantel durante el ciclo de Allofs y Weber.
En cuanto al futuro inmediato de esos directivos, Allofs se encuentra actualmente sin club tras su despido, mientras que Weber—para sorpresa del entorno de Düsseldorf—sí logró avanzar en su carrera. Fue separado como director deportivo cuando llegó Mislintat, pero ahora estaría cerca de hacerse cargo de la planificación de un plantel en la Bundesliga. Desde mediados de abril, Weber trabaja en el mismo rol en SV Elversberg, club que otra vez pelea por la posibilidad de ascender.
El giro final llega en la agenda: en la fecha 33, Weber volverá a Düsseldorf con Elversberg. Y, por el contexto que atraviesa Fortuna, esa visita podría ser demasiado tarde para cualquier ilusión que todavía quede de salvarse. El equipo encara un cierre exigente, además de un nuevo brote de lesiones: hoy hay seis futbolistas que podrían ser titulares fuera de competencia, lo que agrava el margen de maniobra.
El calendario arranca con una visita el viernes a Dresde, que viene en racha. Luego, Fortuna deberá viajar a Schalke, que podría sellar allí el ascenso. Y si todavía mantiene chances de escapar, en la fecha 34 se le podría presentar un partido decisivo por la permanencia ante Greuther Fürth. Para ese momento, el futuro del club en términos deportivos y económicos podría estar condicionado por una posible salida masiva de jugadores, algo que se daría con fuerza en caso de consumarse la relegación.
