Gary Lineker se aferró con nostalgia a “los viejos tiempos”. Aun así, ni siquiera el gol histórico de Eden Hazard —el que coronó a Leicester City como campeón en 2016— alcanzó para aliviar el golpe: diez años después de aquella sorpresa inolvidable, la realidad volvió a imponerse con dureza. Los Foxes quedaron en la tercera categoría del fútbol inglés, consumando una caída que duele en lo más profundo de su historia.
El clima de bronca en el estadio
Para agravar el panorama, el tabloide The Sun sentó una acusación frontal: “el club está podrido desde la base”. En la previa del malestar, el partido terminó 2-2 ante Hull City en la jornada correspondiente al tramo final del Championship (tercera desde el punto de vista de la pirámide inglesa). Tras ese empate, los hinchas no se guardaron nada y cantaron “¡Sack the board” (echá a la dirigencia).
En el centro del huracán aparece Aiyawatt “Top” Srivaddhanaprabha, el empresario tailandés. Es hijo del dueño que levantó el título con Leicester y que falleció en un accidente de helicóptero en 2018. La gestión de “Top” se convirtió en el foco de todas las críticas luego del descenso y el deterioro deportivo.
De las alegrías a la caída: la gestión y sus efectos
Es cierto que durante su etapa el club consiguió conquistas importantes: ganó la FA Cup en 2021 y también alzó la English Super Cup. Además, el propietario inyectó cientos de millones de libras en el proyecto. Pero el escenario cambió durante la pandemia: se enfrió el margen financiero y se terminó la etapa de grandes desembolsos. En el mercado reciente, buena parte de los movimientos se habría financiado con préstamos.
El golpe emocional llegó también por lo deportivo: el verano pasado, Jamie Vardy —el último gran ícono que había sido parte de la conquista histórica— dejó el club rumbo a Italia. Con su salida, el equipo perdió una referencia simbólica y, según el sentir de muchos hinchas, “el alma” que sostenía al Leicester.
A la vez, se apagó otro pilar: Steve Walsh, el cazatalentos que descubrió a Vardy, N’Golo Kanté y Riyad Mahrez, ya no formaba parte del proyecto desde hace tiempo.
Críticas por salarios y pérdidas: el costo de la apuesta
En lugar de apostar con fuerza por jugadores jóvenes, con hambre y proyección, el club terminó pagando a futbolistas ya consolidados los salarios más altos dentro de la división. Ese enfoque, sumado a la falta de una base sostenible, derivó en un escenario de riesgo: se habría “gastado la fortuna” en apuestas que no terminaron de dar resultados.
El golpe financiero fue directo. El año pasado el Leicester registró una pérdida de £71,1 millones. Con ese número, el total acumulado en tres temporadas llegó a £180 millones, lo que además trajo consecuencias deportivas: en febrero se aplicó una quita de seis puntos.
La defensa de Robert Huth y el pedido de ayuda
Ante el vendaval, Robert Huth salió a respaldar al propietario. El ex zaguero alemán —campeón de Championship y apodado “Berlin Wall” por su firmeza— saltó a defender la figura de Srivaddhanaprabha. “Es muy fácil criticarlo”, sostuvo en declaraciones que circularon, pero remarcó que “Top” asumió una responsabilidad enorme a una edad muy joven tras la muerte de su padre.
Huth, además, extendió el mensaje a la dirigencia y al área deportiva. Indicó que tanto el presidente como el director deportivo Jon Rudkin —también bajo la lupa— “aman a Leicester y quieren lo mejor”, pero que necesitan apoyo para revertir el momento. La idea central de su postura fue clara: no se trata solo de decisiones, sino de contar con el respaldo necesario para que el proyecto vuelva a enderezarse.
El mensaje tras el descenso y el futuro del club
Cuando el descenso inmediato desde la Premier League hacia la League One terminó de confirmarse, “Top” tuvo que afrontar el enfado de los hinchas. En ese contexto, prometió continuar en el camino y aseguró que iba a “cargar” con el mismo dolor que sienten los seguidores. También fue contundente: “no hay excusas”. Ahora, según su planteo, el foco está en tomar “las decisiones necesarias” para encauzar el rumbo.
El problema, por ahora, es que el horizonte no muestra señales claras. Leicester se encamina a designar a su octavo entrenador desde la salida de Brendan Rodgers, ocurrida hace tres años. Con ese dato, el panorama transmite inestabilidad institucional y deportiva, justo en el momento en el que se necesitan certezas.
En lo económico, aparece un alivio parcial: el club recibirá pagos adicionales por el sistema de “paracaídas” tras su relegación de la Premier League en 2025. El monto estimado es de £40 millones. Sin embargo, se comenta que gran parte de ese dinero ya estaría comprometida con obligaciones preexistentes.
La esperanza por sanciones y la memoria intacta
La ilusión más fina en la grada pasa por otro frente: hay una chance teórica de que a un rival —West Bromwich Albion— se le descuente puntos por cuestiones disciplinarias. Pero, por ahora, esa posibilidad se ve lejana y sin sustento firme.
Mientras tanto, el hincha se aferra a lo que fue: Hazard, Vardy y aquella fantasía de 2016 vestida de azul real. En Leicester, la caída duele, pero la memoria del título sigue viva como una forma de resistencia.
