Tras la derrota 0-1 ante Bayer Leverkusen, los jugadores y la dirigencia de Borussia Dortmund cerraron filas de manera inmediata alrededor de Nico Schlotterbeck. En público, el club respaldó al zaguero y también salió a marcar distancia con los silbidos que recibió, primero cuando se leyó el once inicial y luego durante el desarrollo del partido.

La reacción colectiva era esperable, y más todavía por un motivo: mantener la unidad del plantel y proteger a Schlotterbeck como equipo. En palabras del entrenador Niko Kovac, se trata de “protegerlo como Borussia”.

El ruido generado por los silbidos, además de resultar excesivo para muchos hinchas —y totalmente entendible desde esa mirada—, terminó opacando temas que, en la tarde del partido, ameritaban un análisis mucho más profundo. Carsten Cramer, director ejecutivo, calificó lo ocurrido como “inaceptable”, mientras que Waldemar Anton lo definió como “un escándalo”.

El problema de fondo, sin embargo, es otro: Dortmund está dejando que la temporada se apague de una manera preocupante.

El panorama en la Bundesliga

Es cierto que BVB continúa siendo un equipo muy sólido en la segunda colocación. En el campeonato, solo perdió dos veces: ante el campeón que se encamina a quedarse con el título, Bayern Múnich, y en el último turno, frente a Bayer Leverkusen. Curiosamente, a Leverkusen ya lo había derrotado en Copa. En lo futbolístico, el juego no siempre resulta disfrutable, pero los resultados —y, sobre todo, la mentalidad que siempre se destaca— le han venido dando réditos.

El traspié ante Bayer Leverkusen no cambia esa lectura, aunque el rival pelea por un lugar en la Champions League. También influye que la tabla de la Bundesliga prácticamente ya está definida desde hace semanas: Bayern Múnich tiene una ventaja demasiado amplia como para ser alcanzado, mientras que RB Leipzig y VfB Stuttgart están lo suficientemente lejos como para que la pelea no sea inmediata. Con ese escenario, el plantel ya no parece empujar con toda la energía posible para evitar cualquier tropiezo.

El “pero” que preocupa: baja de intensidad

De todos modos, hay un punto que empieza a generar inquietud: el descenso gradual en la intensidad del equipo.

En Stuttgart, la semana anterior, Dortmund dio la sensación de sentirse cómodo con un empate 0-0 durante gran parte del partido, incluso hasta los tramos finales con descuento. No se percibía una necesidad clara por buscar el triunfo, y el desenlace de aquel 2-0 final tuvo una explicación muy concreta: el peso de los ingresos de Karim Adeyemi, Julian Brandt y Fabio Silva. Ellos fueron quienes terminaron creando y convirtiendo ambos goles, respectivamente, y además lo hicieron presionando con la intención de ganarse más minutos.

Ese impacto les abrió la puerta para arrancar frente a Leverkusen. Allí, pese a la derrota 0-1, Brandt se ubicó entre los mejores rendimientos del equipo.

Incluso en el antecedente inmediato previo al parón internacional, cuando Dortmund remontó y venció 3-2 a Hamburger SV después de ir perdiendo 0-2, el cambio de imagen también estuvo más asociado a las variantes de Kovac que a una mejora colectiva sostenida. En aquel partido, el impulso decisivo volvió a aparecer con Ramy Bensebaini y Fabio Silva.

Lo que pasó ante Leverkusen

Contra Leverkusen, BVB comenzó con buenas sensaciones y logró momentos de control. Sin embargo, ese dominio no se tradujo en chances claras dentro del área.

  1. Dortmund se encontró con el golpe al quedar debajo por un gol considerado desafortunado.
  2. Con ese marcador, en el segundo tiempo no apareció un intento real de remontada; más bien se notó lo contrario.
  3. En las gradas, ambos bandos guardaron silencio por una emergencia médica en el estadio, y ese hecho habría impactado en el ánimo de los jugadores de Dortmund más que los silbidos previos a Schlotterbeck.
  4. En cuanto a Schlotterbeck, se remarca que, con justicia, había tenido una actuación razonable.

De todos modos, esa lectura queda como un detalle dentro de un contexto más amplio.

La postura de Niko Kovac

Niko Kovac venía hablando de la situación incluso el jueves, dejando claro que “los campeones alemanes todavía no están decididos”. Explicó que, matemáticamente, todavía existe margen tanto para trepar posiciones como para caer en la clasificación.

El entrenador, realista por naturaleza, no planteó la idea de que, con un golpe de suerte o dos, su equipo pueda todavía superar a Bayern. Tampoco insinuó que el objetivo de meterse entre los cuatro primeros estuviera en peligro, aunque ese lugar todavía no quedara garantizado del todo tras el golpe ante Leverkusen.

El objetivo real de Kovac era otro: evitar que se consolide el tipo de bajón en la intensidad que el equipo mostró frente a Leverkusen y, con anterioridad, contra VfB Stuttgart y Hamburger SV.

Una virtud que se mantuvo… y lo que viene

Entre los logros de Kovac en la temporada aparece uno que, a nivel interno, se valora mucho: el debate que suele paralizar a Dortmund —sobre la supuesta mentalidad del plantel, un tema que muchas veces no conduce a nada— ni siquiera llegó a tomar cuerpo. Aunque el juego de posesión a veces no tiene la imaginación suficiente, el DT logró inculcar una negativa a rendirse. Ese carácter ayudó a tapar cuestiones más profundas hasta hace poco.

El viaje del sábado a TSG Hoffenheim aparece, en ese marco, como una posible “ayuda” involuntaria para Bayern si Dortmund vuelve a tropezar.

Mientras Dortmund quizá no se obsesione con la fiesta del título de Bayern, si esta versión del equipo quiere llevar la marca que dejó Kovac, tendrá que mostrar en Hoffenheim la misma pasión por ganar que exhibió el sábado cuando confrontó a los hinchas que silbaron a Nico Schlotterbeck.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.