El Santiago Bernabéu sigue marcado por el ruido de la tribuna, mientras puertas adentro se libra una pulseada silenciosa en los despachos. En ese clima de tensión, el nombre de Didier Deschamps aparece como un factor decisivo: o logra reencauzar al club, o termina acelerando un tramo de declive.
Deschamps tiene previsto dejar el seleccionado de Francia tras el Mundial 2026. Y, mientras tanto, los intermediarios ya se mueven para asegurarle un puesto de primer nivel en un club europeo.
Pero detrás de un currículum brillante hay una lectura más compleja. Real Madrid está en una zona de riesgo: podría estar perdiendo su identidad táctica, atrapado en lo que se describe como una “dictadura de las estrellas”. Además, se menciona una disputa de poder que podría dejar al entrenador reducido, en el día a día de un vestuario con figuras de alto calibre, a un rol más cercano a “coordinador de relaciones públicas” que a un conductor futbolístico.
De un vistazo
- El Bernabéu acompaña con silbidos el clima interno y el conflicto entre áreas de poder.
- Didier Deschamps asoma como candidato y sería clave para manejar el “contingente francés”.
- Real Madrid atraviesa una confusión táctica que no se veía desde hace años.
- Se plantea que el problema no serían los jugadores, sino la falta de “autoridad” del cuerpo técnico.
- También crece una división en el liderazgo: José Ángel Sánchez vs. el rol de Anas Al-Gharari.
En la actualidad, el club vive un desorden táctico que hace años no se observaba con tanta claridad en el “Castillo Blanco”. Tras la salida de Xabi Alonso en enero, cuando su modelo disciplinado no terminó de asentarse, Real Madrid colocó a Álvaro Arbeloa como solución de transición, en un movimiento que puso en evidencia una fractura profunda en la filosofía del equipo.
Con el título “Real ya no es Real Madrid”, el periodista Juan Ignacio Gallardo sintetizó la crisis en Marca. La visión que domina en la hinchada es la de un conjunto sin carácter, desorientado en lo táctico y con dificultades incluso frente a rivales como Girona.
El eje: autoridad y choques con las figuras
En esa línea, se sostiene que la raíz no pasa por el plantel en sí, sino por la ausencia de “autoridad”. Alonso habría dejado el cargo después de enfrentarse con Vinícius Júnior: el entrenador insistía en que las estrellas cumplieran tareas defensivas, algo que el grupo no estaba dispuesto a asumir.
La llegada de Arbeloa terminó de marcar el giro: ningún entrenador se atreve a dejar en el banco a Mbappé, Vinícius o Bellingham, incluso cuando Arda Güler o Ibrahim Díaz están en un momento de gran forma.
Ahí es donde entra Deschamps. Se menciona que Florentino Pérez lo ve como el candidato ideal para gestionar el grupo de jugadores franceses en el plantel: Mbappé, Tchouaméni, Camavinga y Mendy.
El vínculo cercano con ese núcleo sería determinante para el interés del club. En el relato que se instala, Real no busca un entrenador que proponga una revolución táctica para reconstruir el sistema, sino un “bombero” capaz de crear un entorno cómodo para Mbappé. Su arribo habría desordenado los planes del equipo, y hasta el momento ningún DT habría encontrado la manera correcta de combinarlo de forma efectiva con Vinícius.
Sin embargo, la hipótesis también abre un interrogante difícil: ¿se está manejando Real Madrid desde el vestuario? Si los reportes sobre un acuerdo con Deschamps fueran ciertos, implicaría una victoria clara del peso de los jugadores sobre la estructura dirigencial. También se leería como una aceptación de que el club cedió a una política de “mimar a las estrellas” por encima de la idea colectiva.
Deschamps, por su perfil, administra el talento y desactiva crisis más que diseñar esquemas revolucionarios. Por eso se lo considera una elección ideal para figuras que prefieren no tener que sostener planes defensivos exigentes ni realizar esfuerzos largos y constantes.
La interna dirigencial no se acomoda
En lo institucional, la estructura de poder sigue inestable. En el trasfondo, se habría instalado una división de liderazgo que preocupa.
José Ángel Sánchez continúa siendo una figura con mucho peso, pero Anas Al-Gharari ahora aparece como el hombre de facto cercano a Pérez, aun sin ocupar un cargo formal.
Esa dualidad empieza a nublar las decisiones deportivas y vuelve urgente la designación de un “director deportivo”, un puesto que el club todavía rechaza públicamente. Mientras tanto, se insiste en sostener un discurso anclado en glorias pasadas, aun cuando el presente muestra estancamiento.
La línea de trabajo que se sugiere para Deschamps reviviría un modelo de conducción que ya se considera desactualizado: se le otorga autoridad a los futbolistas estrella y se le pide al entrenador que, básicamente, no complique el funcionamiento de los “Galácticos”.
Ese esquema podría traer algún título de vez en cuando si hay una defensa y un mediocampo sólidos que sostengan el plan, pero quedaría corto a la hora de construir un dominio real, sólido y sostenible en el tiempo.
Florentino Pérez, en ese marco, tendría que reconocer que la sociedad de ataque formada por Kylian Mbappé y Vinícius Jr todavía no encaja del todo en el sistema. Además, la falta de cumplimiento de tareas defensivas por parte de esa dupla deja al equipo expuesto en momentos clave.
Mientras el club siga contratando entrenadores que “miman” a las estrellas en lugar de imponer una identidad táctica clara, se mantendrá la dependencia de la “cultura de remontar”. Y ese recurso no puede sostenerse indefinidamente.
Real Madrid, entonces, llega a una encrucijada: o cede a lo que pide el vestuario con la contratación de Deschamps y conserva el statu quo, o vuelve a sus raíces eligiendo a un “DT de proyecto”, con autoridad táctica total, como un nombre asociado a ese perfil: Jürgen Klopp, en caso de que acepte.
Si no se toma ese camino, el Bernabéu continuará con el ambiente caliente y los fichajes de gran cartel seguirán siendo una carga táctica hasta que aparezca un líder con valentía para decir “no” y ordenar el funcionamiento desde lo futbolístico.
