La velada tuvo como gran protagonista a Dani Carvajal, el último gran sostén de aquella plantilla que construyó una era de seis Champions League. El lateral veterano recibió un recibimiento de héroe mientras ingresaba al campo por última vez, ya no como uno más, sino como capitán. En la grada Sur se montó un tifo en homenaje a Alfredo Di Stéfano: junto a la figura de un Carvajal joven, el mensaje conectaba el pasado con el presente, con una frase que sintetizaba el sentido del homenaje: “El sueño de un niño, el triunfo de una leyenda”.
Fiel a su perfil competitivo, Carvajal no se limitó a cumplir con el acto protocolar. Apenas acomodó el ritmo del partido, dejó una muestra de su sello: un pase diagonal de precisión quirúrgica para habilitar a Gonzalo García. El delantero definió con una volea contundente para abrir el marcador y, de paso, marcar el primer aporte goleador del defensor en la temporada. Fue un instante de enorme calidad que le recordó a la gente de Madrid qué habrá que extrañar el próximo curso, cuando Carvajal dé por terminada una etapa brillante en la capital.
Mientras el estadio celebraba al capitán, Kylian Mbappé vivió una noche más compleja. El francés se llevó el trofeo Pichichi como máximo goleador de la liga, pero no todo fue aplauso: en sectores del Bernabéu se escucharon silbidos en respuesta a comentarios recientes que había realizado tras el partido ante Oviedo. Aun así, el partido encontró rápidamente una vía para volver a expandir la fiesta, porque Jude Bellingham apareció con intención y eficacia para estirar la ventaja. Aprovechó un pase “elevado” y fino de Thiago Pitarch y resolvió con una volea que reactivó los cánticos de “Hey Jude”.
Con el correr de los minutos, Mbappé terminó apagando parte del ruido cuando consiguió anotar en el complemento. Recibió la pelota en el borde del área, giró con decisión y ejecutó un remate bajo que se metió en un rincón. Su celebración fue medida, casi discreta: eligió un trote rápido hacia el banco para abrazar al entrenador saliente, Álvaro Arbeloa.
El Athletic Club no le regaló el trámite al local y salió a jugar con una libertad que reflejaba la situación ya resuelta en la tabla, con la permanencia asegurada en la división. En ese contexto, Ernesto Valverde —referente en el banco para el equipo vasco— vio cómo su conjunto descontaba antes del descanso. Iñaki Williams se abrió espacio por la banda derecha y mandó un centro peligroso para Gorka Guruzeta, que definió con frialdad y precisión para poner el 2-1 justo antes del entretiempo.
En el segundo tiempo, los visitantes continuaron generando peligro. Robert Navarro estuvo cerca de igualar tras un buen trabajo previo de Andoni Gorosabel. Más adelante, en la misma etapa, Brahim marcó el cuarto gol de Real Madrid, con Thiago asistiendo por segunda vez en la jugada. Luego, Urko Izeta agregó el segundo del Athletic para redondear el 4-2 en el marcador. Valverde aprovechó los minutos finales para darle una última oportunidad a Íñigo Lekue con la camiseta del Athletic, de modo que también quedaran reconocidos los futbolistas que se ganan su lugar dentro del plantel. Aunque el resultado terminó siendo adverso, “los leones” mantuvieron la competitividad hasta el pitazo final, reflejando el espíritu que Valverde intenta instalar desde su etapa como entrenador.
El cierre del partido desató escenas cargadas de emoción. El estadio se levantó para rendir homenaje a Carvajal y también a David Alaba, que se despedía. Alaba, defensor cuyo paso por Madrid estuvo condicionado en gran medida por lesiones, recibió una vuelta de honor por parte de ambos equipos. En las tribunas, los hinchas mostraron sillas blancas en un tributo a una celebración muy recordada del austríaco, aquella icónica reacción durante la remontada frente a Paris Saint-Germain en años anteriores.
