Hay un instante breve en el que Gregg Berhalter se permite pensar en voz baja en lo que pudo haber sido. Dura poco, pero aparece. En una charla larga sobre el camino hacia 2026, cuando se le pide que mire el 2022 hacia atrás, el “y si…” cruza por su cabeza apenas un momento.
“Casi da pena que tuviéramos esa edad”, le dice Berhalter a GOAL sobre aquel equipo, “porque creo que los chicos realmente podían haber logrado algo, por lo cerca que estaba ese grupo entre sí”.
Gran parte de aquel plantel que marcó el Mundial de Qatar para la Selección masculina de Estados Unidos vuelve a estar presente en este verano clave en el país. De los 26 convocados al Mundial de 2022, 13 regresan para el tramo final de la preparación. La diferencia, sin embargo, es el entrenador: el equipo ya no es el mismo. Ahora lo conduce Mauricio Pochettino, y ese cambio lleva 20 meses.
Para Berhalter, 2026 siempre fue un sueño. Hoy, todavía podría terminar siendo una especie de pregunta abierta: “qué hubiera pasado”.
Pero más allá de esa breve pausa de asombro, la forma de mirar el presente de Berhalter no pasa por la envidia. No hay reclamo ni celos hacia el USMNT. Sí hubo decepción en su momento, pero con el correr de los meses se fue apagando. Y, sobre todo mientras encara 2026 de una manera muy distinta a la que imaginaba, lo que aparece con fuerza es una alegría que no había sentido antes.
Por años, Berhalter pensó que viviría el Mundial 2026 como entrenador. Ahora lo atraviesa como algo mejor: como padre. Mientras ordenaba sus sensaciones luego de su etapa al frente de la Selección, encontró una perspectiva que se apoyaba en el crecimiento de su hijo, Sebastian, hasta un lugar que él valoraba más que cualquier otra cosa.
En cierta medida, el más joven no podría haber llegado hasta acá sin la ayuda del mayor. En otra, tampoco habría podido hacerlo junto a él. Eso, afirma Berhalter, es lo que da tranquilidad. Y ese mismo motivo fue el que le permitió dar vuelta la página: pasar de ser entrenador del USMNT a convertirse en el fan número uno.
“Definitivamente me sirvió”, dice sobre el despegue de su hijo. “Es porque hay una parte del proceso que muestra que él está donde está y llegó a donde llegó por mérito propio. Para mí, el conflicto podría haber sido que, si lo eligen como su padre, se piense que le están quitando valor a sus logros. Pero no: él lo ganó por sí mismo. Es una gran cosa y me pone muy orgulloso. Además, ahora esta vivencia nos volvió aún más seguidores, porque también tenés el privilegio de ver a tu hijo mientras juega”.
Una tensión similar, pero injusta, apareció en su momento cuando Michael Bradley era una de las figuras centrales del USMNT de Bob Bradley.
“La gente decía: ‘Ah, bueno, capaz es porque es su papá’. Ahora ya no se puede decir eso. Él sabe perfectamente que se lo ganó, cien por cien, por su cuenta. Eso es algo excelente y estoy realmente orgulloso. Este recorrido nos cambió la forma de acompañarnos: se transformó en algo más grande, porque podés mirar a tu hijo también”.
Entonces, ¿cómo será este verano para Berhalter? ¿Cómo mira un Mundial alguien como él? ¿Lo encara desde su perfil de exjugador, de exDT, de DT actual, de padre, o como una mezcla particular de todo eso?
“Cuando representás a tu selección en los Mundiales, ya sea como jugador o como entrenador, entendés qué significa el programa”, responde. “Para mí, es simplemente alentar al fútbol de Estados Unidos y apoyar al equipo para que haga lo mejor posible”.
“Y como padre, es increíble ver a tu hijo en un Mundial y poder compartir con él estas vivencias. Es un honor jugar un Mundial, y para Sebastian es especial entender qué es, cómo se vive y qué representa. Compartirlo con él es un sentimiento único”.
Berhalter tendrá un verano distinto, y ese carácter particular ya quedó en evidencia.
Poco después de que el USMNT recibiera la noticia sobre la lista, circuló un video de Berhalter que se volvió viral. En la escena, se lo ve expectante mientras esperaba novedades sobre un jugador puntual. Estaba conectado con el camino de ese futbolista y no pedía otra cosa que ese proceso tuviera premio: la chance de vestir la camiseta del país en el verano.
Curiosamente, ese video no giraba alrededor de su hijo. El centro era Chris Brady, su arquero en el Chicago Fire. Y cuando se le preguntó por su reacción ante la convocatoria, fue Brady el primero que mencionó.
“Sí, son muchas emociones, casi todas extremadamente felices, positivas y con ganas”, dijo Berhalter. “Pienso que en el club, con Chris, se ve el trabajo que hizo. Llegar a este punto es un viaje increíble para él”.
Brady se ríe cuando le cuentan que Berhalter lo mencionó primero. De todos modos, por cómo reaccionó el entrenador en la sede, el arquero ya tenía claro el nivel de emoción que mostraba su DT.
“La verdad me sorprendió un poco ver cuánto se ilusionó”, dijo Brady. “Salió corriendo de esa oficina, estaba súper motivado por mí. Se lo agradezco muchísimo. Es decir, es mi entrenador, que está tan entusiasmado por mi situación, y eso demuestra cuánto cree en mí. También deja ver cuánto confía en sus jugadores. Y yo valoro muchísimo formar parte de un plantel con un entrenador así”.
Esto no significa que Berhalter no tuviera palabras para el trayecto de su hijo. En los últimos año y medio, fue espectador de primera fila del camino de Brady; pero durante 25 años fue una figura guía en el recorrido de su hijo. En 2002, con Sebastian apenas con un año de vida, el chico estaba en las tribunas mientras su padre jugaba un Mundial. En 2022, en cambio, lo vio desde la grada para presenciar a su papá como entrenador en ese nivel.
Ahora, llega el turno del más joven.
“En las últimas semanas antes del anuncio de la lista, los jugadores empiezan a ponerse tensos”, explicó Berhalter, alguien que pasó por esa espera tanto del lado del que convoca como del que espera. “Empiezan a enfocarse en otras cosas. Para Sebastian y para Chris, la idea era centrarse en jugar lo mejor posible y, pase lo que pase, poder sentirse orgullosos”.
“Se trataba de pensar: ‘Ok, ¿cómo vas a seguir mejorando, Sebastian? ¿Qué querés seguir trabajando? ¿En qué aspectos de tu juego podés crecer?’. Siempre aparece algo, porque está muy metido en mejorar y en avanzar”.
Ese foco fue el que llevó a Sebastian Berhalter a este nivel, no el apellido ni el lugar que ocupaba su padre como entrenador. Esa es, precisamente, una de las ideas que Berhalter más quiere remarcar en toda esta experiencia.
El entrenador también empezó a preguntarse pronto qué podía llegar a pasar. Como casi todo el mundo, miró cómo su hijo crecía en la MLS y se convertía en una figura que explotó en los primeros meses de la temporada 2025. Después de eso, Berhalter comenzó a pensar si todo podía llegar a tiempo para el Mundial. Sus primeras conclusiones fueron simples: si Sebastian tenía la oportunidad, quizá fuera posible.
“Creo que después de que tuvo su primer chance en la Copa Oro”, explica Berhalter cuando se le pregunta cuándo empezó a creer. “No se trata tanto de enfocarse en eso, sino en preguntarse: ‘¿Cómo hago para mejorar?’. Si lográs avanzar en eso, el resto se ordena solo”.
“Ver su desarrollo”, agrega, “y ver el esfuerzo que hizo durante estos 15 años para llegar a este punto… fue impresionante”.
Para el Berhalter de la nueva generación, hay además una coincidencia llamativa. Fue poco después de que su padre dejara Columbus para asumir un trabajo con Estados Unidos que él empezó a destacarse con el Crew. Y ahora, menos de un año después de que terminara el ciclo de Gregg Berhalter al frente del USMNT, Sebastian encontró su propio momento en el escenario internacional. En ambos casos, el capítulo siguiente de un Berhalter abrió espacio para el salto del otro.
“Sé que si me llamaba mi papá, iba a tener que ganármela el doble que cualquier otro jugador”, dijo Sebastian Berhalter. “Lo que quisiera decir cualquier persona no me importaba, porque conozco cómo es él y no llamaría a alguien solo por llamar. Tenía que ganármelo, y en ningún momento sentí que me lo merecía sin más. Para mí, era importante que no hubiera lugar para lo que opinen: si me convocaban, tenía que ser porque correspondía”.
Ahora el mediocampista comparte cancha con futbolistas con los que siempre convivió desde chico. Tyler Adams aparece como su ídolo, especialmente después de escuchar las historias de su padre sobre lo que fue trabajar con él. Adams fue titular junto a él este último fin de semana, en el partido frente a Senegal.
En cierto modo, es una metáfora. Quedaron muchos vestigios del ciclo de los Berhalter, pero también llega una camada nueva, encabezada de forma irónica por un nuevo Berhalter. Varios jugadores de este grupo actual destacan que la base se construyó en el ciclo anterior y que esa estructura sigue firme, incluso con el paso del tiempo.
En los últimos dos años, GOAL habló con la mayoría de los integrantes del plantel del USMNT en el Mundial de 2022. Para muchos, las escenas que definen el recuerdo de Qatar no ocurrieron solamente dentro de la cancha. Pasaron en casi todos los otros espacios donde convivían: hoteles, entrenamientos, traslados en buses, el sector de descanso del equipo. Allí nacieron los vínculos.
Eso, sostiene Berhalter, era parte del plan. Durante años insistió con la importancia de la hermandad y la unión. El Mundial era un momento para reforzar esa identidad en un grupo que se estaba preparando para los compromisos más grandes de su carrera.
“Fuimos muy intencionales con cómo armamos el ambiente”, cuenta. “Sabíamos exactamente dónde estaban ubicadas las habitaciones de los jugadores, cómo era la iluminación en el lobby, la luz en los pasillos, las camas… todo. Tuvimos un cuidado especial con el lounge. Incluso hubo arquitectos que trabajaron en ese espacio durante un año antes del Mundial. Fuimos muy meticulosos”.
“Y después escuchar que los jugadores se fueron con una experiencia tan increíble hace que valga la pena. Por eso se hacen cosas de ese tipo. Lo que diría es que podés tener todos los lounges y cada uno de los detalles, pero si no tenés al grupo correcto de futbolistas, vas a tener problemas. Ese fue el plantel adecuado. Fue de los grupos más cercanos con los que me tocó trabajar”.
Esa formación fue cambiando con el correr de los años. Entraron y salieron jugadores. Algunos se convirtieron en esposos o en padres. Todos cambiaron, y Berhalter disfrutó observar esa evolución tanto de cerca como desde la distancia.
“Eso es lo lindo de entrenar: ves la evolución de las personas, de los seres humanos, no solo como futbolistas”, explica. “Vas viendo el progreso en lo deportivo y también en lo personal, y es algo gratificante. Yo siempre creí que representar a tu país es un honor enorme, pero no quería que fuera solo eso. Quería que jugaran por algo más. Quería que jugaran para los demás, de una manera profunda. Que se motivaran porque les importaba el compañero que tenían al lado”.
Ese lazo, para Berhalter, terminó siendo una de las señas distintivas del grupo, y algo que pesará todavía más a medida que se acerque un Mundial en casa.
“Es una etapa difícil de construir como equipo porque hay intereses propios, pero los chicos llegaron a eso. Y creo que, cuando veas que el Mundial se aproxima, lo van a llevar a un nivel más alto. Además, está el apoyo de la gente local y jugar con el Mundial en tu propio país es algo increíble”.
Como lo cuenta Sebastian Berhalter, él fue el fan número uno del USMNT en 2022. Tanto así que se decía a sí mismo que era una especie de “extensión” del equipo. Cuando terminó el Mundial, su forma de acompañar cambió: en buena medida porque ya no quería ser solo espectador y quería pasar a algo más.
Ahora, en 2026, su padre estará en las tribunas. Sentirá lo que es ser hincha y, seguramente, también vivirá esa idea de ser una extensión del grupo. Participó en tantas carreras y, en definitiva, en tantas vidas ligadas a esta selección.
Cuando empiecen los partidos, se lo va a poder ver de nuevo en el estadio. En 2002, 2006 y 2022, quien estaba del otro lado era Sebastian. Esta vez, le toca a Gregg.
“Seguro que el 12 voy a estar apoyando al equipo [contra Paraguay]”, afirmó. “Después voy a hacer todo lo posible para llegar a la mayor cantidad de partidos que pueda”.
Verá cómo es desde adentro. Claro que también tiene otras responsabilidades. Con el Chicago Fire, el verano viene cargado de trabajo y gran parte de esas tareas se tendrán que encarar antes del regreso del 16 de julio, casualmente ante el equipo de su hijo: Vancouver Whitecaps.
Por ahora, la atención del mundo está puesta en el Mundial. Berhalter, como muchos, aguarda el inicio con la misma ansiedad que el resto. No sabe qué vendrá después, y si algo le enseñó la vida es que todo puede cambiar de un momento a otro. Pero hay algo que, desde su rol de entrenador, exjugador y padre, puede decir con seguridad.
“Hay una cosa que sé de este grupo”, afirma. “Es que van a estar listos”.
Y Berhalter también. El Mundial está por comenzar, y será uno que, con seguridad, le cambiará la vida de una forma que nadie podía anticipar.
