En los últimos segundos de su duelo de Champions League ante Bayern Múnich, las chances de una remontada de Real Madrid se apagaron definitivamente. Michael Olise, después de una jugada de esas que suelen definirlo, se metió hacia el banderín de córner en el minuto final del tiempo adicionado. Desde ese instante, el Allianz Arena se convirtió en una marea bávara celebrando el pasaje a las semifinales del certamen más importante de Europa, aunque del lado de los Blancos no hubo lugar para el repliegue anímico: la serie terminó con una derrota 3-4 (3-2) para el equipo merengue en Múnich.

El partido no dejó margen para la pausa ni para el duelo. Tampoco apareció el reconocimiento hacia el rival, que hizo méritos suficientes para cerrar la eliminatoria. Al contrario, varios integrantes del elenco madridista, incluido el entrenador Álvaro Arbeloa, salieron con un único señalamiento: la responsabilidad por la caída recaería, según su lectura, en el árbitro Slavko Vincic.

Ni bien pitó el silbato, varios jugadores de Real Madrid fueron directo hacia el juez esloveno. Entre ellos estuvieron Arda Güler —autor de dos goles—, el capitán Federico Valverde y Vinicius Junior. Los tres rodearon a Vincic cuando el árbitro se encaminaba hacia el túnel rumbo a vestuarios. Qué se dijo exactamente no quedó claro, pero el tono distó de ser amable. Güler, visiblemente alterado, tuvo que ser contenido para que no pasara a mayores. Vincic primero le mostró la tarjeta amarilla y, luego, lo expulsó cuando el futbolista no aceptó calmarse.

Desde el punto de vista futbolístico, la escena repetía un patrón que incomoda: Real Madrid volvió a mostrarse como mal perdedor, con una actitud que, para muchos, rozó lo vergonzoso en un momento duro. La reacción del plantel terminó siendo el foco por encima de lo que había ocurrido en la cancha.

Cuando Vincic llegó a su vestuario, lo esperó otra tanda de reproches. La discusión, lejos de cerrarse, se trasladó a la conferencia de prensa. Arbeloa calificó la decisión como “totalmente inexplicable” y aseguró que Vincic “arruinó” el partido. Jude Bellingham fue más directo: lo llamó “una broma” y remarcó que “no puede ser amarilla: dos infracciones y dos tarjetas amarillas”. Dani Carvajal, aún en el campo, también se prendió en el cruce con el árbitro: “Es tu culpa. Es tu maldita culpa”, lanzó hacia el esloveno.

La polémica principal, sin embargo, quedó instalada en la expulsión de Eduardo Camavinga. La jugada que primero le valió la segunda amarilla y luego terminó en roja sigue siendo el centro de la discusión. Desde Real Madrid la toman como el punto de quiebre que terminó inclinando la balanza en Munich. Hay quienes sostienen que la aplicación de las reglas fue estricta y correcta; otros, en cambio, consideran que Vincic se excedió, que tomó una determinación demasiado severa y que eso resultó determinante.

Con todo, mirando el desarrollo de los 90 minutos, la expulsión tardía del francés no cambia del todo la historia, porque antes de esa fase Madrid ya había sacado provecho de otras decisiones cuestionadas. En el tramo previo, el único perjudicado con claridad por fallos polémicos fue Bayern, no Real, y aun así el equipo alemán terminó con bronca contenida por lo que sucedió en el juego.

Un ejemplo: el gol de tiro libre de Güler que dejó el marcador 2-0 llegó después de un contacto mínimo de Konrad Laimer sobre Brahim Díaz. La lectura madridista fue que esa intervención no ameritaba nada, y que el criterio no se correspondía con lo que Vincic venía señalando. Antes de eso, en el minuto nueve, Vincic había ignorado una falta evidente de Vinicius Junior sobre Joshua Kimmich; incluso después de que el brasileño empujara a un jugador de Bayern que estaba en el piso, el árbitro se limitó a una advertencia en lugar de mostrarle la tercera amarilla que, de haber correspondido, lo habría dejado fuera de una hipotética semifinal.

La controversia también alcanzó el tercer tanto de Madrid. Josip Stanisic quedó atrapado por un choque corporal orientado por Antonio Rüdiger, lo que le impidió al defensor bávaro llegar a tiempo para cubrir la posterior salida por su banda. Vincic estaba a pocos metros y no intervino. Y una vez que el gol se había validado, el VAR ya no tenía margen para actuar porque Bayern todavía disfrutó de dos posesiones posteriores. La segunda de esas oportunidades fue desperdiciada con una acción poco habitual de Harry Kane, y ese detalle terminó alimentando la discusión por la secuencia completa.

En la reacción de los representantes de Real Madrid no apareció ninguna mención a estas jugadas. Más bien, se volcó la energía en los reproches, incluso con enojo fuerte. Como si se tratara de un reclamo constante, el club buscó culpables en cualquier lado menos dentro del propio funcionamiento. Camavinga, además, pudo haber recibido tarjeta por pérdida de tiempo reiterada, y la falta innecesaria posterior terminó dejando a Madrid con un hombre menos, complicándole todavía más el camino.

En ese sentido, la conducta descrita termina subrayando una cuestión más profunda: un nivel de autosatisfacción y desborde que se filtró hacia distintos estamentos. Desde el boicot obstinado al Balón de Oro 2024, pasando por el comportamiento injusto —y en ciertos pasajes, directamente lamentable— de algunos jugadores dentro del campo, hasta el reflejo automático de culpar a los árbitros cuando las decisiones no favorecen, el patrón resulta familiar.

Más allá de si los jueces reciben o no críticas tras partidos de alto voltaje, el debate no se limita únicamente a eso. Otros clubes seguramente habrían reaccionado de manera similar ante una decisión como la de Vincic. Barcelona, por ejemplo, no había escondido su sensación de haber sido tratado con injusticia por el árbitro apenas 24 horas antes, luego de su eliminación en cuartos frente a Atlético Madrid, con Raphinha y Hansi Flick dejando en claro su malestar. Sin embargo, lo que finalmente termina pesando para una institución grande es la forma y, sobre todo, la frecuencia con la que se repiten episodios de este tipo. Ahí es donde, para muchos, Real Madrid desde Madrid queda peor parado en el balance.

En la noche del miércoles en el Allianz Arena, Real Madrid podría haberse concentrado en otros asuntos futbolísticos. Aun con lesiones y con una temporada complicada, el equipo de Los Blancos sostuvo el partido frente al que hoy se considera el mejor conjunto del planeta. En dos partidos, la serie se definió por el margen más corto, y terminó inclinándose para Bayern por detalles.

Algunos dentro del plantel y el cuerpo técnico podrían tomar el ejemplo de Kylian Mbappé sobre cómo encarar un tropiezo que duele. Mientras sus compañeros se acercaban al árbitro al finalizar, el campeón del mundo francés mantuvo la calma: evitó engancharse en discusiones, y hasta aplaudió con educación junto al cuerpo técnico de Bayern, en las cercanías de Laimer y del entrenador Vincent Kompany. Lamentablemente, en medio del caos de los reclamos madridistas, esa respuesta sobria volvió a pasar casi desapercibida.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.