Es la segunda vez, en apenas un poco más de una semana, que el Barcelona se acerca al organismo de control para manifestar su indignación por el rendimiento de los árbitros y por el funcionamiento del VAR. El reclamo puntual, además, abarca episodios ocurridos tanto en la ida como en la vuelta de la eliminatoria.
El presidente Joan Laporta no se guardó nada al hablar en el acto de Godó y sostuvo que el arbitraje que sufrió el equipo en esta instancia del torneo es una vergüenza. En su exposición, el dirigente fue desgranando jugadas polémicas del doble enfrentamiento: la tarjeta roja que recibió Pau Cubarsi, la supuesta mano de Marc Pubill, la expulsión de Eric García, un posible penal para Dani Olmo y una acción discutida entre Fermín López y Juan Musso.
“Primero, quiero felicitar al Atlético de Madrid, pero eso no cambia que el arbitraje de ayer, tanto del oficial como del VAR, fue una vergüenza”, remarcó Laporta. “Lo que hicieron con nosotros es intolerable. En la primera parte ya no nos dieron un penal claro y encima echaron a un jugador cuando era amarilla, porque Giuliano [Simeone] no tenía la pelota controlada. La roja nos perjudicó muchísimo”.
“Fue un empate donde las decisiones arbitrales nos lastimaron fuerte. En la vuelta, Eric García no era el último hombre; Koundé estaba llegando. El árbitro mostró amarilla en un principio, pero el VAR intervino y la revocó. El remate de Ferran [Torres] fue gol, el penal por [Dani] Olmo fue evidente, la falta sobre Fermín es inaceptable porque se le abrió completamente el labio superior, y después le mostraron una tarjeta a Gavi… El chico estaba sufriendo mientras lo estaban suturando y ni siquiera le sacaron una amonestación. No es aceptable”, agregó el presidente.
En el comunicado oficial, el club mantuvo un tono algo más medido que el del exabrupto de Laporta, pero igual deja la sensación de un equipo que entiende que viene siendo perjudicado de manera sistemática. “El Club considera que, a lo largo de los dos partidos de la eliminatoria, se produjeron varias decisiones arbitrales que no se ajustan a las Leyes del Juego, derivadas de una aplicación incorrecta de la normativa y de una intervención insuficiente del sistema VAR en acciones de clara relevancia”, señala el texto.
Además, el Barcelona entiende que no se trata de errores menores, sino de situaciones que alteraron de fondo el desarrollo de la competencia. “Para el FC Barcelona, la suma de estas equivocaciones tuvo un impacto directo en cómo se fueron dando los encuentros y en el resultado final de la serie, generando un perjuicio deportivo y económico significativo para la entidad”, añadió el comunicado.
Más allá de reclamar reparaciones por decisiones concretas, el conjunto catalán también busca posicionarse como referente en la exigencia de mejores estándares de arbitraje en Europa. En ese sentido, el club recordó a la UEFA reclamos previos y manifestó su intención de que el sistema sea revisado para evitar que se repitan problemas similares en el futuro.
“Con esta denuncia, el club reafirma los pedidos que ya había realizado a la UEFA y, al mismo tiempo, ofrece colaboración para mejorar el sistema de arbitraje, con el objetivo de garantizar una aplicación más rigurosa, justa y transparente de las Leyes del Juego”, continuó el Barcelona.
La semana anterior, el reclamo había sido aún más directo, con foco en el incidente por mano de Pubill en el partido de ida. Allí sostuvieron que la jugada debía considerarse penal por la posición del balón en juego al momento de la intervención con la mano, y llegaron incluso a pedir una investigación formal, la liberación de los audios del VAR y medidas disciplinarias para los responsables vinculados con el arbitraje.
Sin embargo, la reacción de UEFA al primer protesto fue rápida y tajante. El martes por la tarde, el organismo europeo resolvió el caso sin margen y determinó que no hubo nada sancionable en la acción dentro del área del Atlético. De manera oficial, la protesta fue declarada “inadmisible”, lo que lejos de apagar el reclamo, encendió más el clima en el Camp Nou, donde el Barcelona intensifica su último desafío legal y administrativo.
