Arsenal dio un paso enorme en la Premier League y, de paso, dejó una actuación poco estética pero decisiva: en un partido trabado en el London Stadium, las lesiones y desajustes tácticos le dieron aire a West Ham para meterse en el trámite, pero el equipo de Mikel Arteta terminó rescatando la victoria con un gol desviado de Leandro Trossard a siete minutos del final. El cierre, además, estuvo cargado de dramatismo: el empate de Callum Wilson en el 95’ fue anulado tras una revisión por VAR que se extendió casi cuatro minutos, en una decisión que el técnico calificó como valiente y consistente, aunque -según su lectura- implicó un error que terminó en falta y anulación.

El partido: un triunfo “antiestético” con premio, pero también con un final para no dormir

La narrativa del choque fue clara: Arsenal no se sintió cómodo y el desarrollo se ensució con roces, momentos de confusión y decisiones tácticas que no terminaron de consolidar el control. Aun así, cuando el partido parecía torcerse, apareció el recurso que más se repite en esta etapa del equipo: la capacidad de sostener el resultado y resolver cuando el rival baja la guardia.

El gol que terminó inclinando la balanza llegó cuando Trossard apareció tras una asistencia de Martin Odegaard. El remate no fue “de manual”: entró por una fuerte desviación, con Tomas Soucek involucrado en la trayectoria, y el tanto llegó apenas siete minutos antes del final. Con esa conquista, Arsenal recuperó una ventaja de cinco puntos sobre Manchester City cuando el partido entraba en su tramo final.

Pero el desenlace no se cerró ahí. En el tiempo adicionado, específicamente cuando el partido ya estaba en el quinto minuto de descuento, el balón terminó en manos de Callum Wilson luego de un córner. El delantero sacudió el arco a pesar del esfuerzo de Declan Rice sobre la línea, buscando el 1-1 para West Ham. Sin embargo, el VAR pidió revisión: el árbitro Chris Kavanagh anuló el tanto tras una consulta en el monitor que duró aproximadamente cuatro minutos, una eternidad para la gente del equipo local.

La razón de la anulación fue una falta previa: Pablo fue sancionado por haber trabado al arquero David Raya, sosteniéndole el brazo mientras intentaba hacerse con el envío inicial. Con eso, West Ham perdió la posibilidad del grito final y Arsenal se quedó con los tres puntos.

Arteta y el VAR: “una llamada valiente” en un momento que puede definir historias

La carga emocional del partido se notó en la conferencia posterior de Arteta. El DT, lógicamente, habló conmovido por el contexto: una semana “plena de emociones”, con mucho en juego y con la certeza de que el rival afrontaba el cruce con necesidad. En su análisis, remarcó el valor de la actitud del plantel y el peso que tiene cada decisión cuando se está jugando el destino de clubes enormes.

Sobre la intervención arbitral, Arteta entendió que la consulta fue valiente y, a la vez, coherente con lo que se venía conversando durante la temporada. También sostuvo que -en su mirada- el criterio terminó favoreciendo una lectura que derivó en la anulación: “cuando miro la jugada así, es un error claro”, afirmó, agregando que el fallo debía derivar en tiro libre y en consecuencia en la invalidación del gol.

Además, puso el foco en lo difícil que es arbitrar cuando un instante puede cambiar la historia: no solo el curso de un partido, sino el de dos instituciones que luchan con urgencia por sus objetivos. Para el entrenador, la presión es enorme y el VAR termina ofreciendo márgenes de decisión que, en circunstancias caóticas, exigen claridad para llegar a la determinación correcta.

Por qué importa: Arsenal se acerca al título con un calendario favorable y City con un final más exigente

Más allá del sufrimiento, lo que dejó este triunfo es tangible: incluso el hincha más escéptico empieza a creer que el “este año” puede ser real. Faltan dos partidos para el final en la liga, ambos contra equipos que hoy se encuentran en la franja baja de la tabla.

La victoria además se entiende como un punto de quiebre de la temporada: se la puede leer como ese tipo de partido que no solo suma puntos, sino que instala una narrativa ganadora. Y en el caso de Arsenal, con una espera de 22 años para levantar un título local, este tipo de cierres con final dramático -y con goles que no necesariamente nacen de la estética- tienen un peso simbólico enorme.

En el plano de la pelea por el campeonato, la irrupción de City había recortado distancias: el equipo de Pep Guardiola fue limando la ventaja que antes era más amplia y llegó a estar a tiro de la zona de definición para el tramo final. Sin embargo, el argumento de hoy es que ese impulso podría agotarse en el momento menos conveniente, porque el arranque de campaña dejó demasiado terreno para recuperar.

City, además, ya venía de resultados ajustados: en victorias previas en liga y en Copa FA frente a Burnley y Southampton, respectivamente, había mostrado señales de irregularidad. El sábado, en cambio, sí ganó con claridad ante Brentford: 3-0, con un “bloqueo” de media hora en el segundo tiempo. Pero el lunes por la noche, el empate vertiginoso ante Everton (otro partido que puede quedar en la memoria) se vuelve más costoso a medida que se acortan los partidos para cerrar la brecha.

El calendario también juega a favor de Arsenal. Tras llegar a la final de copa, Manchester City afronta una seguidilla de cuatro partidos en apenas 11 días. En ese tramo, aparece un viaje incómodo a Bournemouth y, además, la recepción de Aston Villa en la última jornada, contra rivales que se mezclan en la lucha por objetivos europeos.

Mientras tanto, los tres pasos finales de Arsenal en su agenda se reparten así:

  • Burnley en el Emirates.
  • Crystal Palace de visitante en la última fecha.
  • La final de la Champions League contra Paris Saint-Germain.

En el plano doméstico, el contexto es favorable: Burnley ya está descendido, y el viaje a Selhurst Park pierde parte de su tradicional intimidación porque se espera que Crystal Palace rote de cara al compromiso europeo que tiene tres días después en la Conference League.

Dos partidos en la liga, un gran cruce con PSG y la clave: sostener la calma

El desafío que queda para Arsenal no es tanto el nivel futbolístico, sino la gestión emocional. La idea es cerrar la liga sin que los nervios rompan el plan, especialmente cuando el resultado puede volverse frágil por momentos. Incluso, según cómo se den los marcadores y el criterio de diferencia de gol junto con los resultados de City, Arsenal podría permitirse algún empate, aunque esa lectura -por supuesto- no es la que más conviene imaginar.

También hay un componente anímico: una victoria como la del West Ham, tan cargada de tensión y con un final revisado a fondo por VAR, suele dejar energía acumulada. Arsenal puede trasladar ese impulso hacia la recta final y llegar sin perder el ritmo.

Luego, fuera de lo local, aparece el foco gigante en Budapest: el duelo con PSG por la Champions League. La lectura de Arteta -y también del momento del equipo- es que el descanso mental contra el tiempo extra de la lucha por el título puede ser importante para encarar esa gran cita con otra cabeza.

El entrenador dejó claro que la semana fue fenomenal en todos los sentidos: la forma de jugar, la manera de encarar los partidos y también el rol de los hinchas, tanto durante los días previos como en el partido. En su discurso, explicó que ese cambio de energía puede ser decisivo, pero pidió vivir el presente: primero Burnley, que es “lo único importante” en este tramo.

En la misma línea, agregó que quedan dos partidos y que el equipo generó chances importantes sin convertir todas, lo que obligó a mantenerse sereno cuando el rival también podía complicar con su estructura y con jugadores capaces de generar problemas en el área. Finalmente, sostuvo que el partido fue exitoso: se atravesó el momento difícil y se logró el objetivo.

En definitiva, el dramatismo del triunfo ante West Ham dejó a Arteta y a este Arsenal con una hoja de ruta clara hacia la historia. Nunca estuvieron tan cerca de cortar la larga espera por un título de liga y de sacarse de encima la etiqueta de “bottle jobs” que los persiguió durante la era reciente, pero con solo dos fechas por delante y rivales favorables, el margen de error se achica. La prioridad ahora es sostener la calma, aprovechar la ola de momentum y convertir esta posibilidad en un desenlace que, por cómo viene la mano, puede repetirse una y otra vez en los años por venir.

Si Arsenal mantiene el pulso y la concentración, está a un paso del trofeo más buscado. Ahora la historia es cuestión de nervios, ritmo y aprovechar el impulso de un partido que puede terminar siendo el punto de inflexión definitivo en la carrera por el título.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.