Es oficial: falta un mes para el Mundial. Y esa cercanía vuelve todo más concreto, más inevitable. Ya no hay margen para esconderse ni para patear decisiones: la competencia está a la vuelta de la esquina. Las carreras por el título, en casi todos los frentes, ya quedaron encaminadas. Claro que todavía quedan algunas finales europeas por jugar, pero aun así esos cierres quedan opacados por lo que, con toda probabilidad, será el evento deportivo más importante de la historia reciente.

Ahora bien, ¿qué todavía falta por definir? ¿Qué puede pasar de acá en adelante? Hay varias historias para seguir. Una de las más interesantes es la de la USMNT, Estados Unidos. Su panorama, hoy, genera curiosidad: mientras aparecen rachas goleadoras que ilusionan, también hay figuras que parecen “hambrientas” de éxito. La pregunta es directa: ¿les alcanzará para estar a la altura?

Y después está Argentina. En 2022 logró una hazaña largamente esperada, ganando el Mundial por tercera vez. Sin embargo, repetir un logro así es muchísimo más difícil de lo que parece. El desafío, además, tiene un dato histórico: desde 1962 que ningún equipo consiguió dominio consecutivo en la cima mundial. Con un mes por delante para el Mundial 2026, hay cinco preguntas que arden.

EE.UU.: el “factor local” y la obligación de ilusionar

Quizás la cuestión central—sobre todo para los hinchas de la USMNT—es un supuesto que circula: que las selecciones anfitrionas deben rendir bien. Pero esa idea no es del todo cierta. En lo objetivo, es muy improbable que el público deje de mirar la televisión si Estados Unidos queda eliminado temprano.

Igualmente, para el fútbol en el país sería positivo que la USMNT arme un recorrido real, con partido tras partido que justifique la ilusión. Se necesita un equipo con el que la gente pueda identificarse: que convierta algunos goles, que se anime a medir fuerzas con rivales exigentes y que deje motivos para creer. El cómo, en la práctica, es más difícil de precisar. Hay quienes entienden que, como mínimo, los cuartos de final deberían ser el techo razonable. Y Mauricio Pochettino ya dejó una frase que alimenta el sueño: confía en que Estados Unidos puede ganar el torneo. De un modo u otro, la exigencia es clara: el equipo tiene que lograr que el hincha local realmente se enganche.

Argentina: repetir gloria, la dificultad histórica y el “margen” de la ilusión

Hay un dato que sirve para dimensionar la tarea. Solo dos selecciones lograron repetir como campeonas del mundo, y la última vez fue hace más de seis décadas. Italia lo hizo en 1934 y 1938. Brasil repitió en 1958 y 1962. Desde entonces, Francia estuvo cerca: terminó como subcampeona en 2022 después de coronarse en 2018. El resto, en general, muestra lo difícil que es repetir.

¿Por qué cuesta tanto? Hay varias razones. La primera, y la más obvia, es que el fútbol—y en especial el ciclo de selecciones—tiende a moverse por etapas. No suele alcanzarte con “juveniles” para sostener la cima mundial. Y la mayoría de los conjuntos que alguna vez conquistan el Mundial o bien se quedan una generación más de la cuenta, o renuevan demasiado rápido y llegan sin el equilibrio necesario al siguiente torneo.

La segunda razón es mental. Volver a intentar requiere un esfuerzo enorme, todavía más cuando ya existe una mira constante sobre el equipo, como si el rival tuviera la “obligación” de ponerle un freno. Y por último, también hay un componente de suerte: puedes tener talento, pero para encadenar victorias consecutivas—y especialmente en un Mundial—necesitás también que te acompañe el rebote, la definición y el momento.

En ese contexto, el foco se traslada a Lionel Messi y a Argentina. El equipo viene sosteniendo el impulso en torneos grandes: ganó la Copa América 2024. Además, buena parte de la base que levantó el trofeo en Qatar sigue vigente, algo que pesa. Pero, al mismo tiempo, los amistosos y las sensaciones recientes no dejaron el mejor sabor. La duda es inevitable: ¿ese mejor momento ya pasó?

Los “caballos oscuros”, Inglaterra y el misterio del talento que explota

Este apartado es casi una tradición: siempre hay una selección que aparece de la nada y construye un recorrido que nadie anticipó. En Copas del Mundo recientes y antiguas, la historia de los “dark horses” ya tiene recorrido. Marruecos fue un ejemplo enorme al llegar a las semifinales en Qatar 2022. Ghana, con su campaña hasta cuartos en 2010, dejó una señal potente. Y en 2002, tanto Corea del Sur como Turquía estuvieron dentro de los cuatro mejores.

De cara al torneo, hay varios nombres que podrían meterse en el lote de candidatos sorpresa. La expansión a 48 equipos abre el abanico. Ecuador, Noruega y Turquía aparecen como opciones interesantes. También Marruecos y Senegal podrían ilusionar, aunque sus chances se observan con otra lente: el rendimiento en la AFCON hace que, en cierto sentido, sean menos “incógnitas” que otros.

La apuesta más firme—según el razonamiento que se plantea—podría ser Colombia. El argumento: solidez de punta a punta y calidad de nivel mundial en el talento eléctrico de Luis Díaz. De todos modos, el encanto del caballo oscuro es que suele ser un equipo al que nadie termina respaldando con convicción.

En ese mismo tono aparece la exigencia para Inglaterra: “mostrarnos qué tienen”. En cada Mundial, parece que siempre se encuentra una razón para pensar que Inglaterra puede—o directamente va a—ganarlo. Este año, los motivos son bastante convincentes. Harry Kane está perfilado para pelear por el Ballon d’Or, incluso con la molestia que podría dejar una salida en la Champions League. En el mediocampo, se menciona la jerarquía de Declan Rice, Eliot Anderson y Jude Bellingham. En el frente ofensivo, con un Bukayo Saka totalmente recuperado, el equipo tiene a uno de los mejores extremos derechos del mundo. En términos generales, además, es un plantel maduro y con experiencia en el momento justo. Y si se suma que la conducción técnica tiene un cambio que se ve como inteligente—se destaca la contratación de Thomas Tuchel—Inglaterra vuelve a quedar bien posicionada para causar impacto.

Pero el problema, históricamente, no fue de talento. El punto flojo suele pasar por lo mental, por la “vibra” y—dicho sin vueltas—por el peso de la expectativa. Inglaterra rara vez parece “suficientemente buena” como para ganar el Mundial frente al resto del pelotón. El problema es que, aun así, muchas veces se insiste en que sí. Y en ese marco, Tuchel podría ser el indicado para cambiar el relato. La pregunta final abre la puerta al sueño: ¿es momento de ilusionarse?

Algo parecido ocurre con el fenómeno del jugador que rompe el molde. Ese salto, en general, es difícil de anticipar: hay tantos futbolistas de nivel que el Mundial es el escenario perfecto para que aparezcan caras nuevas. Lo lindo de la competencia es que el “boom” no tiene edad fija: puede ser joven o veterano. James Rodríguez tenía 22 años cuando deslumbró en el Mundial de 2014. Sofyan Amrabat, ¿te acordás? Tenía 25 cuando fue una figura en el Mundial de 2022.

El problema es que, en esta edición, parecen quedar pocas incógnitas. En el fútbol actual, casi todo está visto: hay muy pocos jugadores que sean realmente desconocidos. Entonces, el Mundial podría ser una prueba donde un jugador estable termine escalando hacia la condición de súper estrella. Dicho de otra manera: ¿Arda Güler? Esa es la pregunta que queda flotando.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.