Verano de 2006, con el Mundial de Alemania como tema excluyente. En Múnich, el English Garden funciona como una postal viva: el sol cae fuerte, el parque —la gran “zona verde” de la ciudad— está a pleno, y entre visitantes que se tiran al pasto o se refrescan en el Eisbach, hay un escenario repetido: chicos pateando una pelota en el corazón de la escena. Con el fútbol en el centro, conviven turcos, árabes, albaneses, africanos, alemanes e italianos, en una especie de equipo multicultural. Algún que otro fan, con la fiebre del Mundial a flor de piel, se detiene un par de minutos para mirar y después sigue de largo.

Pero ninguno imagina que, entre esos adolescentes que rematan una pelota gastada bajo ese calor, hay uno que ya debería estar en el circuito global de las grandes figuras. Berkant Göktan, todavía sin etiqueta de estrella, cargaba una promesa enorme: Franz Beckenbauer lo describió como “el mayor talento del fútbol alemán” y Uli Hoeneß, referente del Bayern, llegó a decir que era “invendible”. Su estreno en Champions con el campeón alemán más laureado se dio cuando tenía 17 años, y el futuro parecía no tener techo.

Este artículo fue publicado originalmente el 3 de febrero de 2023 y fue revisado.

De “Berki” a la caída

Menos de una década atrás, ese parque era su cancha, su juego, su mundo. Con 25 años, Göktan está muy lejos de aquellas jornadas despreocupadas de 2006. En este presente, tocó fondo. En una charla con 11Freunde, recordó que en el English Garden jugaban al fútbol con otros pibes de distintos orígenes, y que ese era el clima del día a día. Sin embargo, desde hace semanas no está en actividad con un club: intenta mantenerse en forma por su cuenta. El último paso que dio también había sido poco satisfactorio: había cortado su vínculo con 1. FC Kaiserslautern, en otra experiencia que no terminó de salir.

Para entender cómo se llegó a este punto, hay que volver al origen, a cuando “Berki” todavía sonaba a destino feliz. Empezó su carrera en Helios Múnich, un club modesto del este de Baviera. Allí llamó la atención y, con apenas ocho años, Bayern Múnich lo incorporó tras un período de prueba que terminó siendo determinante. En Säbener Straße, el delantero rápido se ganó la fama de “pibe prodigio” y se destacó como una sensación goleadora.

“Había unas 400 peleas de partidos en la categoría de juveniles D. Yo muchas veces metía 10 o 12 goles en un solo encuentro”, contó Göktan. Era lógico: el Bayern tenía expectativas enormes. Incluso con 13 años, ya había firmado un precontrato. Dejó de lado la escuela, casi no asistía a clases y puso toda su energía en el fútbol desde muy temprano. Al principio, todo parecía encaminado: una trayectoria directa hacia lo más alto.

El techo parecía infinito. Halil Altintop —compañero suyo después, ya en un tramo donde el prodigio había pasado el pico, en Kaiserslautern— llegó a afirmar: “Lo que hacía con la pelota era una locura. Probablemente nunca vi a un jugador con tanta habilidad técnica”. Aun así, el talento, enorme, no alcanzó: la personalidad, el carácter y la forma de encarar el juego no terminaron de madurar.

Incluso siendo adolescente, Göktan ya generaba ruido. Los allegados describen que desde los 16, en ciertos momentos, se iba por un costado con conductas como de borracho, se salía del libreto y buscaba sobresalir. Herbert Harbich, que durante años fue entrenador voluntario en las divisiones juveniles del Bayern y lo recordó en el tz, lo resumió con dureza: “Desde muy temprano estaba convencido de que era una estrella. Pero no alcanza”.

El U19 alemán y la oportunidad perdida

Harbich también trajo a escena un episodio de 1998: la final del Sub 19 de Alemania. Allí, la actitud egoísta de Göktan terminó costándole a Múnich el primer título juvenil de su historia. El Bayern Sub 19, con figuras como Owen Hargreaves y Daniel Bierofka, estaba arriba 2-1 ante Borussia Dortmund con alrededor de 20 minutos por jugar. Se sancionó un penal. Aunque Göktan no era el encargado principal ni el referente del plantel senior, tomó la pelota y disparó por arriba del travesaño, desperdiciando la chance de cerrar el partido.

La tensión creció. Dortmund emparejó en el tiempo de descuento y el duelo se definió desde los penales. Harbich remarcó que Göktan volvió a ejecutar, pero volvió a errar. El título se lo quedó BVB y a Göktan le quedó la mochila del reproche.

Durante años, Göktan intentó bajarle el volumen a esas críticas. Se enfocó en su talento en crecimiento. A los 16 entrenó con el plantel principal de Giovanni Trapattoni y se las arreglaba para competirle a estrellas del nivel de Lothar Matthäus. Con 17, firmó su primer contrato profesional, dejó la escuela y se mostró listo para dar el salto.

Champions con Bayern: el debut y la chance que pudo cambiar todo

Göktan debutó en Champions con Bayern Múnich a los 17 años y 9 meses. Entró en el partido de fase de grupos ante Manchester United en el estadio Olímpico de Múnich. Reemplazó a Hasan Salihamidzic cuando quedaba poco menos de media hora y, de inmediato, se puso cara a cara con nombres como David Beckham y Paul Scholes. “Estaba en trance”, recordó.

En su estreno casi convierte en la competencia de clubes más grande de Europa, y todavía cree que ese remate con pierna izquierda —que se fue cerca del palo derecho— pudo alterar el rumbo de su carrera. “A veces pienso: si hubiese entrado, quizás todo habría salido distinto”, explicó. En su mirada, si el remate hubiera entrado, quizás alguien lo habría mantenido más firme. Pero no llegó un mentor que se hiciera cargo de estabilizarlo.

Ese partido ante United sería el gran escenario de su etapa en Bayern. Con la cabeza puesta en todo menos en el fútbol, apenas sumó dos apariciones más en competencias oficiales para el club. Poco después, el entrenador Ottmar Hitzfeld lo dejó de lado. A comienzos de 1999, con apenas 18 años, lo cedieron a Borussia Mönchengladbach. Seis meses más tarde, lo enviaron a Bielefeld para reencontrarse con su ex mentor Hermann Gerland.

Sin embargo, el joven con muchísimo potencial se encontró frenado. En Gladbach jugó apenas cinco partidos y en Bielefeld disputó 16, con un solo gol. Desesperado por lo rápido que no llegaba, volvió al Bayern en el verano de 2000, pero casi todo su tiempo lo pasó en el equipo de reserva en la Regionalliga. Más tarde le contó a kicker que el cambio decisivo fue que entrenaba con el mismo esfuerzo, pero su rendimiento no mejoraba. Se estancó: sin progresar, pero con ingresos relativamente aceptables. “Con el tiempo perdí la motivación. Después fingí que todo estaba bien y me concentré en el dinero. El fútbol quedó como un tema secundario”, describió.

Galatasaray, el brillo que no dura y los problemas acumulados

La etapa en Bayern se cerró en 2001. Con 20 años, su decisión sorprendió a muchos: se sumó a los gigantes de la Superliga turca, Galatasaray. “¡Era una locura!”, dijo, y también señaló el clima del día de la firma: “Había veinte cámaras y un montón de periodistas. Nunca había vivido algo así”.

En la cancha, el proceso de adaptación tardó cerca de seis meses, y después su nivel explotó. Aportó cinco goles en el camino de Galatasaray hacia el título de liga en Turquía y, además, tuvo participación en Champions frente a Liverpool y Barcelona.

Pero lo alto fue breve. En la segunda y tercera temporada tuvo muy pocos minutos. Tras mudarse a Besiktas en 2004, quedó completamente relegado. Una actitud relajada y el mal timing cuando hubo cambios de cuerpo técnico le cortaron el progreso. “Me pasó factura mentalmente. Pensé: ‘Muchacho, no vas a volver a jugar, vas a ser solo un suplente’. Cada paso que daba sentía que me acercaba más al fondo”, explicó.

Michael Henke —ex asistente en Bayern, que alguna vez lo había celebrado como “el talento del siglo”— lo trajo de regreso a Alemania con Kaiserslautern. Pero Henke fue despedido pronto. Bajo el entrenador Wolfgang Wolf, Göktan siguió sin entrar en los planes. En abril de 2006 rescindió su contrato con FCK y volvió a Múnich, a su casa cerca del English Garden.

Desde entonces, hace lo que puede para mantenerse en forma y parece haber cambiado el chip: se muestra más humilde. Contó que en el campo sintético de su primer club le puso a su hermano bajo los tres palos y practicaron. “Hacía de todo: jugaba fútbol, andaba en bici, nadaba y salía a correr”, enumeró.

Su gran oportunidad llegó cuando 1860 Múnich se enteró de que el ex “wonderkid” de su rival histórico en Säbener Straße quería volver. El club primero lo incorporó para las reservas, y después Göktan vivió lo que muchos consideran sus dos mejores años como futbolista con los “Leones”.

Allí se transformó en figura y en la cara del equipo. “Por fin tuve la fortuna de trabajar en Múnich con un entrenador que confió en mí, supo cómo tratarme y pudo sostener ese vínculo en el tiempo”. Marco Kurz lo había sumado al fútbol amateur y, cuando Kurz ascendió al primer equipo como DT, Göktan arrancó con todo. En su primer año en la segunda división marcó diez goles en 13 partidos. En la segunda campaña agregó otros diez, aun después de una lesión que lo dejó fuera durante tres meses.

En 2007, dijo: “No repetí los errores de antes. Volví a ser exitoso, pero esta vez mantuve los pies sobre la tierra”. También admitió su fracaso en Bayern: “Estaba hecho un desastre. El gran problema era ser demasiado impaciente, demasiado impulsivo. El éxito se me subió a la cabeza”.

Con la idea de mejorar, apuntó a retornar a la Bundesliga. Pero un episodio en octubre de 2008 frenó esa meta.

El test positivo y el final en el fútbol alemán

El club le había pedido un test de cocaína luego de detectar conductas irregulares y de recibir indicios provenientes de la vida nocturna en Múnich. El resultado fue positivo. A eso se sumó una molestia en el pie que lo venía afectando y, además, se reportaron tensiones familiares, especialmente con su padre Fahrettin. La institución ofreció acompañamiento y propuso suspender el contrato, pero Göktan rechazó la ayuda: hizo las valijas y se fue. Con menos de 28 años, ya no volvió a jugar en el fútbol profesional alemán.

“Me alegré de que saliera todo, porque así no tenía salida”, sostuvo años después sobre su abuso. “En el aeropuerto tenía dos alternativas: México o Tailandia”. Eligió Tailandia, dejó el fútbol, se acercó a enseñanzas budistas y encontró el amor de su vida.

Casi 18 meses después de despedirse de 1860, intentó un nuevo comienzo con un club top de Tailandia: Muangthong United. Fue una etapa corta.

Hacia fines de 2012, con 31 años, anunció un regreso abrupto a Alemania. Pero el abanico de opciones se había achicado: solo lo tomó el SV Heimstetten, de la Regionalliga Bayern. Jugó un partido competitivo: ingresó como suplente por seis minutos en una derrota 0-5 del final de octubre de 2013 ante el segundo equipo de Bayern Múnich.

Desde entonces, no aparece en planillas de partidos ni en reportes oficiales, y hasta su actividad en Instagram bajó el ritmo. Hasta 2021, compartía con frecuencia fotos donde se mostraba como un hombre de familia, sonriendo junto a sus hijos.

Circula el rumor de que, de vez en cuando, patea una pelota en el English Garden en Múnich. Algunos transeúntes lo miran de reojo, sin saber que están observando a un ex futbolista que llegó a ser considerado talento de una generación. Después de unos minutos, se van, como si nada.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.