Auston Trusty tiene la cabeza puesta en el Mundial, pero la forma en la que lo imagina no tiene nada de “27 años y defensa de élite”. El zaguero estadounidense se remonta a un pibe: el que pateaba contra un arbusto en el patio de su casa, el que soñaba con partidos, compañeros y estadios llenos. Esa visualización —dice— lo acompaña día tras día y, por momentos, le genera una sensación de déjà vu cuando termina viviendo escenas que antes sólo existían en su mente. Ahora, con la etapa final del proceso cada vez más cerca, su objetivo es claro: ganarse un lugar y ser ese jugador que imagina para la selección.

El sueño del Mundial: planificación total y “deja vu”

Trusty explica que no se trata de una idea que aparece de vez en cuando, sino de un pensamiento constante. Desde su perspectiva, todo lo que hizo en su carrera tuvo un eje: llegar a estar en las mejores condiciones para defender los colores de la selección en una Copa del Mundo. En su relato, no hay una “distracción” que lo saque de ese foco; admite que, aunque intente ordenar la cabeza, el Mundial siempre queda atrás, presente en cada movimiento profesional.

Ese encuadre le da sentido a por qué siente que lo que vive hoy se parece a lo que soñaba. Para él, la diferencia entre la fantasía y la realidad no es sólo el resultado: es el hecho de poder hacer, de manera tangible, cosas que antes veía mentalmente. Y lo describe casi como una repetición: cuando se concretan oportunidades grandes, la sensación de déjà vu aparece como confirmación de que su manera de pensar no fue casual.

En esa línea, el zaguero remarca que su enfoque no depende únicamente de lo que pase puertas afuera. Puede controlar sus actuaciones con el club, su preparación y su rendimiento; lo demás —convocatorias, decisiones del entrenador, tiempos— no siempre se puede dirigir. Aun así, su idea es clara: “poner la mejor versión” para que, cuando aparezca el momento, él esté listo para tomarlo.

De la periferia a jugar: el camino hasta los partidos clave

El trayecto de Trusty hacia el rol protagónico con la USMNT fue largo y con etapas en las que estuvo cerca, pero sin convertirse en pieza fija. Durante años se movió en el entorno de la selección, con convocatorias frecuentes, pero con chances reales de jugar que tardaban en llegar. Ese patrón se extendió bastante: su primer llamado llegó en 2019, aunque el debut se le demoró.

De hecho, al ingresar al campamento de noviembre, Trusty acumulaba apenas 111 minutos internacionales en total. El debut oficial se dio con un arranque contra Granada, y después volvió a pasar un lapso importante antes de conseguir otra oportunidad. En el mientras tanto, el jugador insistió con una lógica práctica: si el Mundial depende de estar listo, entonces cada paso con su club tenía que sumar para ser visto y elegido.

Así, su carrera en el plano de clubes fue escalonándose en búsqueda de impacto. Pasó de MLS a Arsenal, y luego sumó un préstamo a Birmingham City, donde ganó el premio de Jugador del Año del club. Después dio el salto a la Premier League con Sheffield United. Y cuando el equipo descendió, eligió un desafío aún más exigente: se metió en el contexto de Celtic, un entorno donde las exigencias y la presión se viven de forma distinta.

En el tramo con la selección, finalmente llegó la etapa decisiva. En noviembre, Trusty fue titular en el 5-1 sobre Uruguay, con una asistencia incluida. Luego, en marzo, tuvo una participación destacada en la caída 2-0 ante Portugal. Ese tipo de actuaciones, en su lectura, le abrió una posibilidad real de formar parte del Mundial que se viene, porque demuestran que puede competir al máximo nivel cuando le toca.

  • Antes de noviembre: acumulaba 111 minutos internacionales.
  • Convocatoria inicial: llegó en 2019.
  • Debut: se produjo tras un arranque contra Granada.
  • Momento de quiebre: titular ante Uruguay (5-1) con asistencia en noviembre.
  • Segundo impulso: buena actuación en la derrota 2-0 ante Portugal en marzo.

La presión no lo sorprende: cultura, exigencia y apuestas tempranas

Si el Mundial está cerca y el lugar en la lista no está garantizado, en teoría la ansiedad debería aparecer. Trusty, sin embargo, sostiene que no lo vive como una carga nueva. Su argumento es contundente: la presión y la exigencia ya las viene atravesando hace tiempo, en ámbitos donde cada decisión cuenta y el margen para equivocarse es mínimo.

El propio zaguero marca un instante puntual en el que entendió que su vida profesional había entrado en otro nivel. Fue el 19 de julio de 2023, luego de jugar los últimos 10 minutos del 5-0 de Arsenal sobre los MLS All-Stars. En ese partido, según su recuerdo, Mikel Arteta se mostró muy molesto con el equipo. A Trusty le quedó grabada esa reacción: aun ganando por goleada, hubo reclamos por falta de intensidad. Ese contraste, en su lectura, le hizo comprender que el estándar no se mide sólo por el marcador, sino por el compromiso y la mentalidad.

Después, en el relato aparece Glasgow como otra escuela de presión. Tras una temporada en Sheffield United, se trasladó a Celtic. Para quien no conoce el contexto, pasar de la Premier League a Escocia podría parecer un paso atrás; para él, el cambio fue hacia una exigencia de otra naturaleza. En Celtic, el peso de los derbis y el lugar que ocupa el club en la ciudad convierten cada partido en una especie de examen permanente.

El ambiente lo describe como una “burbuja” que se siente en el día a día: no sólo por el fútbol, sino por el modo en que la ciudad vive el club. Incluso cuenta una escena simbólica: estando en un bar irlandés en Sorrento, Italia, se encontró con un lugar que era de Celtic. Para él, eso habla de una identidad enorme y global.

Además, menciona con claridad cómo entiende la dinámica mental necesaria en ese contexto: puede haber un partido excelente, pero hay otro en 2 o 3 días. Entonces, lo importante es no quedarse atrapado en el resultado. La regla es avanzar, sostener la fe en uno mismo y mantener la cabeza fría, porque si el encuentro anterior no salió como se esperaba, el siguiente no espera y el resto “deja de importar”.

La historia personal: el riesgo de apostar por el fútbol

Trusty también mira hacia atrás para explicar por qué hoy tiene tanta convicción. En su etapa inicial, tomó decisiones que no eran las “habituales” para su entorno. Vivía cerca de Filadelfia y, de chico, tuvo que insistir incluso para que sus amigos jugaran fútbol. Cuando él firmó como profesional, la reacción fue de incredulidad: la gente lo señalaba, incluso lo trataba como si fuera “tonto” por cambiar de rumbo.

Su historia está ligada al riesgo de haber elegido el camino futbolístico por encima de otras alternativas. En algún momento, contó, llegó a estar entre la Universidad de North Carolina y convertirse en profesional. Y cuando tomó la decisión de firmar, el entorno no lo acompañó con entusiasmo: muchos ni siquiera lo veían jugando fútbol, lo recordaban más por el deporte en que crecían otras referencias, como el básquet y el béisbol.

En ese mismo repaso, se mete en el contexto de la academia de Philadelphia Union: con el tiempo, esa estructura produjo varios futbolistas que hoy integran el radar de la USMNT, como Mark McKenzie, Brenden Aaronson, Matt Freese, Jack McGlynn y Paxten Aaronson. También aparecen Quinn Sullivan y Nathan Harriel en el proceso, y Cavan Sullivan como posible próximo nombre. Para Trusty, esa continuidad demuestra que el club estuvo bien encaminado en la formación.

Pero él fue parte del primer grupo, cuando todavía no había un “camino” claro. Aclara que, en el momento en que él lo hizo, no existían precedentes del tipo de tránsito que estaba intentando. Por eso, dice que en su arranque fue como “tirar al azar”, sin certezas reales. Aun así, el resultado fue positivo: su apuesta terminó abriéndole la puerta al nivel que buscaba.

También admite que su camino pudo haber sido cortado. Relata que estuvo cerca de quedar fuera de la academia, pero que un entrenador lo salvó en el último momento. Esa vivencia, según su manera de contarlo, es parte del motivo por el cual hoy quiere que las nuevas generaciones crean en su propio proceso. Para él, no se trata sólo de demostrar que su decisión fue correcta, sino de transmitir el valor de confiar en uno mismo incluso cuando el entorno no acompaña.

  • Cuando firmó profesional: recibió críticas y fue visto como una elección “irracional”.
  • Entre opciones: Universidad de North Carolina vs. hacerse profesional.
  • Entorno: en su niñez, el fútbol no era el tema principal para la gente cercana.
  • Academia: los resultados posteriores de Philadelphia Union muestran que la apuesta era posible.
  • Riesgo real: estuvo cerca de ser cortado antes de que un entrenador lo salvara.

Identidad, familia y el objetivo cultural del Mundial

Trusty vive también una dimensión más íntima: con 27 años (cumple 28 en julio) y casi toda su vida adulta lejos de su casa, le cuesta a veces aterrizar la magnitud del cambio. En su cabeza, dice, todavía se siente como un chico de 19. Pero a la vez reconoce que ya no es el mismo: es padre, esposo y figura consolidada en Europa. En su relato, esa combinación entre lo que fue y lo que es aparece como una desconexión momentánea, hasta que “se arma todo” y entonces lo entiende con claridad.

Cuando habla del Mundial, además, lo plantea como algo más que un logro deportivo. Para él, el torneo tiene que servir para cambiar la mirada sobre el fútbol estadounidense. Asegura que hoy se ve ese movimiento en lugares concretos, como camisetas de Lionel Messi en Miami, y en el conocimiento que tienen chicos cercanos a su familia sobre quién es él. Ese tipo de señales, dice, le confirman que la cultura está cambiando.

En esa lógica, el Mundial sería el escenario donde el cambio se acelera: si la selección se desempeña como él cree que puede, la aceptación crecerá. Y con esa aceptación, entiende, el camino para los futbolistas estadounidenses en Europa u otros destinos se vuelve más favorable: el mundo termina aceptándolos como jugadores.

El mensaje final es el que resume su postura: cada decisión de su carrera estuvo pensada en función de esta oportunidad. Por eso insiste con el trabajo, con el esfuerzo sostenido y con la idea de estar listo para el momento grande. Y si finalmente llega a jugar, no sería algo nuevo en su historia: sería materializar, en el campo, lo que imaginó durante años en su cuarto, cuando su sueño todavía era un “algún día” que empezaba con un arbusto en el patio.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.