En 2011, Diego Simeone se hizo cargo de un club que estaba en plena desorganización y, desde entonces, acumuló ocho títulos con el Atlético de Madrid, entre ellos dos Ligas. Además, el entrenador acaba de llevar al Colchonero de regreso a las semifinales de la Champions League por cuarta vez en su ciclo, lo que deja a la “segunda” institución de la capital española a solo tres partidos de conquistar su primera Copa de Europa. Simeone sostuvo todo ese recorrido con una impronta de trabajo y una pasión que, con el paso de los años, terminó ganándose el cariño incluso de gente que no sigue al Atlético.
Sin embargo, llama la atención que no todos los hinchas quieran verlo en su equipo. Puede ser el DT mejor pago del planeta, pero no todo el mundo lo considera el mejor para dirigir: una parte de esa postura nace de la visión negativa que existe sobre su estilo de juego.
Entonces aparece la pregunta: ¿Simeone está siendo malinterpretado? ¿Gullit tiene razón al sostener que no se le termina de reconocer lo que merece? ¿O sus métodos quedaron desajustados para la era futbolística actual?
El Simeone futbolista y el impacto como entrenador
Como mediocampista agresivo, de mucho desgaste y que también podía jugar con criterio, Simeone contribuyó a que Atlético lograra un doblete local en 1996. No obstante, el equipo no volvió a saborear el campeonato de España hasta que él regresó desde el banco. Ese dato, en el relato del propio club, sirve para dimensionar su peso enorme dentro de la historia rojiblanca.
También se subraya la trascendencia del título liguero 2013-14: se lo considera uno de los logros de conducción más grandes del fútbol.
En ese momento, nadie salvo Real Madrid o Barcelona había ganado la Liga durante una década. Simeone asumió un Atlético que venía de quedar eliminado de la Copa del Rey a manos de Albacete, un equipo de tercera categoría. Apenas un poco más de dos años y medio después, el conjunto madrileño terminó primero en la Primera División con tres puntos de ventaja sobre el Barcelona de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, y al mismo tiempo alcanzó la final de la Champions League sin perder ningún partido en el camino.
- El campeonato se definió en la última jornada con un 1-1 ante Barcelona, rival directo por el título.
- Tras sellar la conquista, Simeone celebró el momento y remarcó que no hay sustituto para el esfuerzo sostenido.
“Increíble, una alegría que no se puede explicar con palabras. Hoy va a ser uno de los días más importantes en la historia del club. Quiero agradecer a los futbolistas y a la gente que siempre creyó en nosotros. No hay reemplazo para el trabajo duro”, había dicho Simeone después del empate que le dio el campeonato.
Ahora bien, el Atlético llegó al final de esa temporada con una plantilla demasiado exigida y con el desgaste ya acumulado. En la Champions League, eso se tradujo en una caída dolorosa en el tiempo extra contra Real Madrid en la final. Pero frente a Barcelona, quedó a la vista una resiliencia extraordinaria.
Incluso cuando el rival se puso en ventaja, con el golpe adicional de las lesiones de Diego Costa y Arda Turan, el equipo visitante logró empatar temprano en el segundo tiempo por intermedio de Diego Godín. A partir de allí, desplegó una defensa heroica que terminó provocando una ovación desde la grada del Camp Nou.
David Villa, exdelantero del Atlético y que había jugado contra Simeone desde el lado culé, lo describió así: “Este equipo nunca se rinde. Empezamos con todo en contra, pero el plantel respondió y jugó como lo hizo durante todo el año. Somos un grupo de guerreros”, y agregó que “Cholo” es la clave, la persona a la que todos recurren como inspiración.
En efecto, con el paso del tiempo Simeone terminó convirtiéndose en el símbolo del equipo. En Atlético hubo rotación constante de futbolistas: el plantel que llegó a la final de la Champions League en 2016 no era el mismo que había caído en Lisboa dos años antes. Aun así, el entrenador se mantuvo como una constante, lo que permitió que el Atlético nunca perdiera su intensidad característica.
Andrea Berta, director deportivo que pasó por Arsenal y que trabajó en el Atlético, había dejado una idea clara: “El talento es importante, pero si no hay la mentalidad correcta para jugar por Diego, un jugador no puede triunfar en Atlético”.
La evolución del juego y el debate sobre el presente
Joao Félix aparece como el ejemplo más citado de un fichaje mediático que llegó a Atlético con una mentalidad que no terminaba de encajar. Su dificultad también dejó en evidencia el desafío que Simeone tuvo en los últimos años para sumar más flexibilidad, fluidez y cierto toque de fantasía al juego sin resentir el equilibrio defensivo. Por ejemplo, cuando el equipo ganó la Liga en 2013-14 lo hizo con 20 partidos con la valla invicta y sin necesidad de dominar la posesión durante gran parte del tiempo.
Koke explicó el modelo: “Usamos el contraataque. Defendimos, a veces alto y a veces bajo. Dominamos sin la pelota”. Ese guion se repitió cuando el Atlético volvió a ser campeón en 2021: marcó 67 goles, pero recibió solo 25.
De todos modos, en 2023 Simeone admitió que el fútbol cambió. “Pienso en Godín y en esa generación. Hoy quedarían abrumados por cómo jugaban. Todo es mucho más rápido y también tuve que refrescar mis métodos como entrenador”, señaló.
En esa línea, el DT intentó hacerlo, pero al menos hasta el momento no se tradujo en resultados concretos.
También surgieron comparaciones entre Simeone y el entrenador al que tendrá enfrente en la ida de semifinales de Champions League del miércoles en el Metropolitano: Mikel Arteta. Pero la idea que algunos sectores llegan a mencionar —que el español estaría cumpliendo un trabajo igual de impresionante en el Emirates— no solo se considera inexacta: también se la ve como ofensiva.
Para cuando Simeone cumplió su séptimo año de ciclo, ya había roto el monopolio del Clásico en Liga, ganó dos Europa Leagues y llegó dos veces a la final de Champions League, todo sin disponer de más de 1.000 millones de libras para gastar.
Al mismo tiempo, existe al menos un punto en común con Arteta: ambos están bajo presión por su táctica y por la falta de trofeos pese a contar con respaldo importante en el mercado. La Liga 2020-21 es el último título de Simeone con Atlético. Y cuando le consultaron, después de la sorpresiva derrota en la final de Copa del Rey ante la Real Sociedad de este mes, si tenía algún mensaje para una afición cada vez más molesta, Cholo respondió: “Los hinchas necesitan victorias, no mensajes”.
Racha reciente, Copa del Rey y lectura desde la hinchada
En las últimas semanas, ganar se volvió especialmente difícil. El sábado, el Atlético venció 3-2 a Athletic Club y ese fue el primer triunfo en Liga en más de un mes, luego de cuatro derrotas consecutivas.
Durante ese tramo quedó claro que el equipo priorizó los torneos de copa: el boleto a la zona alta de la Liga estaba prácticamente asegurado. Aun así, esa lectura hace más frustrante la caída en la final de Copa del Rey ante la Real Sociedad.
En cuanto a la Champions League, el desgaste del duro partido de vuelta del cruce de cuartos contra Barcelona también debió impactar en varios jugadores de Simeone. Con todo, se destaca que el entrenador no intentó excusarse por lo que fue una producción despareja en Sevilla.
“No somos víctimas de nada. Ellos merecieron ganar. La vida trata de aceptar las situaciones que aparecen, aprender en el camino y mantener el foco en nuestro objetivo. Tenemos que mirar hacia adelante, seguir nuestro camino y perseguir lo que queremos de una sola manera: trabajando”, sostuvo Simeone.
El temor de la gente, sin embargo, es que el Atlético se esté quedando sin aire en el momento equivocado —por segunda temporada seguida— y eso alimentó críticas hacia Simeone.
En los dos últimos veranos, el club invirtió alrededor de 190 millones de euros (165 millones de libras / 220 millones de dólares) y ahora corre riesgo de que el esfuerzo no termine mostrando más que la clasificación a la Champions League. Con el contrato de Simeone venciendo en 2027 y con los nuevos accionistas mayoritarios, Apollo Sports Capital, que aparentemente no tendrían claro si ofrecerle una extensión, crece la sensación de que se estaría acercando el final de la era más exitosa del club.
De todas formas, nada está cerrado todavía. La semana que viene puede ser decisiva para cómo se recuerde el ciclo de Simeone y para lo que ocurra después.
El relato ya estaba instalado antes de estas semifinales. Mientras el cruce del Paris Saint-Germain ante el Bayern Munich se vive como un duelo inevitable, la preocupación en torno al Atlético ante Arsenal es que pueda ser un partido poco atractivo. Pero la historia de Simeone y su Atlético tiene margen real para dar vuelta el guion.
El Atlético que llega a semis: imprevisibilidad y gol
Los rojiblancos pueden tener fama de equipo duro, de defensa cerrada y con “artes” poco ortodoxas, pero en esta Champions League fueron de los conjuntos más impredecibles y con muchos partidos con goles. De hecho, Atlético no participó en ningún empate sin goles y apenas registró un solo partido con la valla invicta: justamente ante el Barcelona con 10 hombres en el Camp Nou.
Además, Simeone cuenta con delanteros de alto nivel. En Julián Álvarez tiene a uno de los mejores delanteros del mundo. Antoine Griezmann, por su parte, busca cerrar su ciclo en Atlético con un final de cuento. Ademola Lookman le dio otra dimensión al ataque desde su llegada en enero procedente de Atalanta, y Alexander Sorloth apareció una y otra vez con goles que resultaron determinantes.
Una primera semifinal de Champions League en nueve años, entonces, aparece como una oportunidad enorme para que Simeone muestre —ante el mundo— que tanto él como el Atlético lograron evolucionar y que, de alguna manera, se terminaron adaptando tarde pero efectivamente al fútbol moderno.
En el papel, el Atlético parte como subestimado frente a un Arsenal que parece una versión más joven y más fuerte del Atlético campeón de antaño de Simeone. Aun así, si logra ganar la serie, el DT tendría una tercera chance inesperada para volver a pelear por el máximo trofeo europeo y se despejarían dudas sobre su lugar entre los mejores entrenadores que produjo el fútbol.
