No es una chance: la salida de Albert Riera del banco de Eintracht Frankfurt parece prácticamente inevitable. El entrenador español, que había sido designado recién en febrero, ya no logra sostener el rumbo deportivo del equipo y la decisión apunta a concretarse para frenar el deterioro. En ese contexto, el margen para la continuidad se reduce a cero.
Datos clave
- Riera fue nombrado en febrero y, con el equipo, su ciclo muestra resultados muy parejas en el balance en Riederwald: 4 triunfos, 4 empates y 4 derrotas.
- Con una “tabla” hipotética de Riera, Frankfurt quedaría noveno, a 4 puntos del cuarto puesto.
- El promedio de puntos por partido del DT es de 1.33 y en los últimos seis partidos apenas consiguió un triunfo.
- El plantel sigue con chances de pelear el 7° lugar y un posible cupo a Conference League, aunque Freiburg está a un punto y Eintracht tiene una diferencia de gol superior en 5 goles.
- La continuidad de Riera se complica también por el manejo del vestuario y por su imagen pública, con reportes críticos internos tras su llegada.
Una campaña que no termina de sostenerse
Más allá de los números, lo que termina minando la continuidad de Riera es la forma en la que gestiona el plantel y el modo en que se posiciona frente a la prensa. En este arranque irregular de temporada, en Frankfurt se instaló la idea de que el español terminó alejando a buena parte del grupo, incluyendo a jugadores con peso. En paralelo, comenzaron a circular con rapidez decenas de informes internos que cuestionan su manera de conducir al equipo.
En una conferencia reciente, Riera salió con un descargo tajante: aseguró que todo lo que se dice “es un disparate” y, en ese tono, dejó expuesta una mala lectura de las relaciones con los medios. En una situación así, el impacto sobre el clima del plantel se vuelve difícil de revertir.
El freno de mano: Krösche y el costo de la mala planificación
El director deportivo Markus Krösche, con ese panorama, no tendría mucho espacio para sostener la situación. La molestia por el comportamiento del entrenador se percibe en distintos sectores: jugadores, comisión directiva y también la hinchada. Aunque el foco se pone en el DT, el problema no sería solo individual, porque el funcionamiento general del club también aparece condicionado por decisiones de gestión.
En ese sentido, Krösche carga con una responsabilidad central: él armó el plantel y, además, ya colocó a tres entrenadores en lo que va de la temporada. Con la conformación actual, el club se encamina a quedar fuera de la clasificación a competiciones europeas por apenas la segunda vez desde 2018. Una escena así sería especialmente dura para el director deportivo, porque implicaría un golpe importante a su credibilidad.
La dirigencia, de todos modos, intentó bajar la tensión. El vocero del club, Axel Hellmann, remarcó recientemente que para un Eintracht como el de Frankfurt terminar 7° u 8° “no sería una crisis”. Pero lo que preocupa es el estancamiento: tras años de crecimiento sostenido, el equipo parece haber tocado un techo desde el título de la Europa League en 2022 y la primera clasificación a la Champions League de su historia.
Problemas de plantel, modelo de negocio y presión financiera
El plantel, hoy, aparece mal confeccionado. En el diagnóstico se menciona la falta de un central y también la ausencia de un mediocampista defensivo con perfil claro. En ese marco, se sostiene que Krösche perdió la precisión que lo había convertido en uno de los nombres más sólidos del campeonato.
Incluso desde enero, el propio CEO del club, Markus Krösche, reconoció en la asamblea general que “se erró en una o dos áreas” y que hubo fichajes que directamente no funcionaron. Esa admisión, a su vez, golpea el modelo: Frankfurt necesita volver a generar dinero por transferencias y, en el escenario ideal, incrementar ingresos vinculados con la Champions League para no perder competitividad.
Los costos ya comenzaron a crecer: los salarios subieron cerca de 36 millones de euros en las últimas dos temporadas. Si el club se queda sin fútbol europeo el año próximo, el déficit informado de 8.4 millones de euros en verano podría ampliarse a unos 20 millones. El argumento es directo: a mayores ingresos, mayores gastos; si la recaudación deportiva no llega, el desfasaje se agranda. En esa línea, el CFO Julien Zamberk advirtió recientemente: “¿Podemos sostenerlo? ¿O tendremos que decir en algún momento: basta, ahora hay que mirar hacia otro lado?”
Ventana de verano, cambio de rumbo y derrota que encendió el ruido
Con esa presión económica y deportiva, Krösche deberá liderar una reconstrucción grande en el verano, tanto por razones financieras como por el lado futbolístico. La idea es que Eintracht vuelva a estabilizarse, en lo emocional y también en lo táctico. El golpe inmediato fue la derrota 1-2 ante HSV el sábado, un resultado que derivó en silbidos repetidos y fuertes desde la tribuna local.
En paralelo, se notó un desgaste en la identificación de la gente con el club: ese sentido de pertenencia que antes se veía con más fuerza se fue diluyendo. En ese clima, cualquier tropiezo pesa más.
Mercado más caro y el nuevo relato que debe vender Krösche
También está el contexto del mercado: los precios subieron en general y antes zonas accesibles, como Francia y Escandinavia, hoy aparecen caras y saturadas de competidores. Krösche, entonces, deberá construir un nuevo relato y vender otra visión para atraer jugadores y armar un plantel competitivo. En definitiva, el club tendrá que reinventarse en parte para volver a ser el Eintracht que mejor se adaptaba a los cambios y a las oportunidades.
La apuesta por Riera: un error que venía antes de empezar
Con el caos de la temporada, era evidente que el plantel necesitaba refuerzos. Pero la búsqueda de un nuevo entrenador sumó todavía más complejidad. La elección de Albert Riera, que había sido presentada como una apuesta con pretemporada completa y ventana de transferencias planificada, se transformó en el gran traspié de Krösche. En su momento, se había señalado que “Albert no será juzgado por lo que ocurra al cierre de esta temporada”, según el propio Krösche. Sin embargo, la falla se habría evidenciado incluso antes de que el plan pudiera consolidarse.
También sorprende que Krösche, con reputación impecable, haya calculado tan mal al seleccionar el sucesor de Dino Toppmöller. La idea de colocar a un entrenador con carácter, seguro de sí mismo y con autoridad, podía tener sentido en un plantel que se percibía tranquilo. Pero la imagen personal y el perfil de Riera ya eran conocidos en el ambiente, y eso aumentaba la chance de que se prendiera una chispa en un entorno volátil como el de Frankfurt.
Cuestionamientos desde el entorno de Riera y la prueba de Dortmund
Desde el lado de Adam Delius, presidente del ex club de Riera, Olimpija Ljubljana, llegaron críticas directas. En una entrevista, se señaló que el español llega a convencerse de su propia importancia al punto de que, si no se rodea de un psicólogo y de un asesor de medios, puede fracasar por su propia actitud. El mensaje apunta a que el problema no es solo futbolístico sino también comunicacional y vincular.
En el fin de semana, Can Uzun—al que Riera había cuestionado de manera no solicitada por su trabajo defensivo—comentó: “El clima no puede ser muy bueno”. De todos modos, el delantero intentó bajar el tono y sostuvo: “Pero estamos intentando quedarnos como equipo”. Ese contraste muestra la división: hay tensión, pero también voluntad de sostener el grupo.
De acuerdo con lo que trascendió, el viaje del viernes a Dortmund sería un punto de quiebre para el entrenador. Riera sería el candidato preferido de Krösche, y se menciona que el club estaría evaluando una extensión de contrato de cara a un tramo que podría ser complicado. Pero si el rumbo no mejora, el escenario más probable es que Krösche termine tomando la decisión de echarlo y limpiar rápidamente el desorden que dejó.
