Es lo que todos queremos ver, ¿no? Ver futbolistas estadounidenses en partidos grandes de Europa. Durante mucho tiempo, ese ha sido el termómetro del “éxito” para los jugadores de la selección norteamericana: si están jugando en las máximas vidrieras del continente, entonces serían mejores futbolistas. Puede que esa equivalencia no sea tan lineal como parece, pero lo cierto es que, en esta altura de la temporada, hay partidos de altísimo nivel y participar de ellos no es un detalle menor.
Ahora bien, si miramos el panorama de punta a punta, la foto no es totalmente uniforme. Weston McKennie y Christian Pulisic, dos piezas centrales de la USMNT en la Serie A, pelean el mismo objetivo de fondo —tener lugar en la Champions League de la próxima temporada—, aunque con realidades bien distintas: ambos quieren asegurar el boleto, pero todavía no terminaron de capturar todas las oportunidades que tienen a mano.
Fin de semana clave para dos referentes en Italia
Este parece un fin de semana importante. Tanto el Milan como la Juventus tienen cruces con rivales que, en el papel, deberían poder dominar. En ese contexto, la exigencia para Pulisic y McKennie es clara: deben marcar diferencias si se pretende sumar de a tres.
Para seguirle la pista a lo que puede pasar en los partidos de los estadounidenses en el exterior, la atención se centra en el recorrido de Pulisic por el Milan, el de McKennie por la Juventus y el resto de los compromisos importantes para los jugadores norteamericanos este fin de semana.
Pulisic: mala racha, necesidad de gol y lectura táctica
Para Pulisic, el año viene siendo áspero. Si se repasan algunos datos que se vienen mencionando una y otra vez, el extremo no convirtió desde diciembre de 2025. Además, en los últimos cinco meses apenas sumó una asistencia. En ese marco, el entrenador del equipo, Max Allegri, reconoció que el pasaje por el club no fue sencillo para el futbolista estadounidense.
Allegri fue directo al describir el impacto que tiene la falta de gol: “Es una persona muy sensible; el hecho de no marcar le pesa más. Es un jugador que se mete en choques y que sufre más cuando no llegan los goles. Yo tengo que buscar un balance para el equipo, pero al jugar sin un delantero centro genuino, sufre todavía más”, sostuvo el DT a comienzos de semana.
La evaluación del técnico tiene lógica. Pulisic no necesariamente está rindiendo mal, pero se lo ve frustrado. Las chances no llegan con la frecuencia que necesita y, cuando aparecen, el estadounidense suele mostrarse ansioso: aparece una cuota extra de desesperación por convertir. En otras palabras, Pulisic necesita un gol y su forma de jugar parece estar condicionada por esa urgencia, algo que termina jugando en contra.
Hay razones tácticas detrás de este escenario. Milan, por su parte, no está utilizando un nueve reconocido de forma estable, y esa decisión no le da el soporte que mejor potencia tiene Pulisic: él es un creador de primer nivel, un pasador que vive de asociarse y de recibir para habilitar o romper líneas. Contar con un No. 9 que sea referencia le abriría más puertas.
Como ajuste, Pulisic está siendo utilizado en un rol más parecido a la segunda línea ofensiva, con Rafa Leão como pieza de mucha variabilidad arriba. Ese reacomodo puede demandar tiempo, pero en este momento el problema es que no se ve un cambio inmediato que alivie la necesidad goleadora.
Por eso, el panorama es el de un jugador que insiste, intenta y busca generar. Tiene algo de heroico en el esfuerzo, pero el propio contexto del equipo también ayuda poco: Milan viene frenando el ritmo luego de un arranque muy caliente. Aun así, la clasificación a la Champions está cada vez más cerca.
Incluso si en las últimas cinco presentaciones ganaron solo dos, Pulisic y el resto del plantel todavía pueden acercarse muchísimo a la meta europea con una victoria esta semana ante Sassuolo. Para esa pelea, que Pulisic convierta sería un empujón enorme.
McKennie: versatilidad, trabajo y el objetivo de Juventus
Weston McKennie también merece un reconocimiento grande. Mucho de los elogios que recibe se apoyan en su versatilidad: puede jugar en varias posiciones según lo que pida el partido. Puede actuar en zonas ofensivas, por el sector derecho, como mediocampista e incluso por la izquierda. Se muestra con disposición, cumple lo que le indican y aporta una dosis extra de calidad en cada ubicación.
Pero lo que realmente le terminó dando a Juventus en esta campaña es equilibrio. En Serie A, y más aún en esquemas donde el orden pesa, a los entrenadores les gustan los futbolistas que hacen el trabajo sin discutir el plan. Ese es McKennie: se adapta, trabaja y sigue instrucciones. En un campeonato donde la rigidez táctica es habitual, a él le sienta bien.
En términos generales, también es llamativo que los goles hayan llegado “de golpe” este año, sin que parezca que hubo un cambio de identidad demasiado drástico. McKennie no se volvió otra cosa: sigue yendo donde lo mandan, elige pases correctos y también vuelve para ayudar. La diferencia está en una mayor cuota de oportunidad: no es un jugador “estrella” en el sentido clásico, pero sí funciona como una pieza muy efectiva dentro de una máquina que se mueve.
El problema es que el resto del sistema alrededor no tuvo la misma fluidez. Juventus suele estar obligada a ganar cada temporada en el imaginario de la Serie A, y aunque esa exigencia pueda o no ser justa, lo que sí se ve es que en 2026 se quedaron lejos del nivel esperado. En este momento, el equipo está peleando por el cuarto lugar.
El empate ante Milan de la semana pasada fue aceptable, pero ahora hace falta ganar. Juventus está tres puntos por encima de un Como que viene irregular en la cuarta plaza, con cuatro partidos por delante. Su próximo rival es Hellas Verona, que está prácticamente al borde del descenso, y en ese escenario se asume que es un partido para sumar. En ese sentido, McKennie tendrá que estar a la altura este domingo.
Tillman y Marseille: necesidad de protagonismo y obligación de sumar
Malik Tillman atraviesa meses complicados. La situación no era simple desde el inicio: Bayer Leverkusen había perdido a Florian Wirtz hacia Liverpool el verano pasado, un movimiento que venía gestándose desde hacía tiempo. Tillman no estaba llamado a ser un reemplazo directo, pero sí ocupa —en líneas generales— una posición parecida. La expectativa era que, aunque no se alcanzaran números comparables a los de Wirtz, al menos pudiera asentarse en el equipo y luego crecer.
La realidad fue otra. En su primera campaña completa en Leverkusen, Tillman apareció como jugador de momentos: mostró destellos, tuvo apariciones puntuales, pero no logró sostener la regularidad que lo había convertido en una pieza importante en PSV. Este tipo de procesos pueden suceder, claro, pero ya estamos en mayo y el estadounidense quedó fuera del equipo.
Puede seguir entrando desde el banco, pero su año no salió como se esperaba. Su última titularidad en la Bundesliga fue el 21 de marzo, cuando convirtió en el 3-3 ante Heidenheim. Desde ese momento, sumó apenas 47 minutos totales en partidos de liga en el país. Con ese registro, las señales no son buenas de cara al cierre.
¿Qué se puede esperar entonces en el duelo de este fin de semana ante Leipzig? Primero, aunque suene básico, minutos. Un buen rendimiento sería aún mejor. Pero, sobre todo, Tillman necesita ser parte de un triunfo del equipo.
En otro frente, el rendimiento de Marseille se fue enfriando. El club francés, por historia y expectativas, debería estar jugando torneos continentales cada año. En esta temporada, aunque la Champions parecía una tarea difícil desde el arranque, al menos se esperaba que el equipo lograra una clasificación a algún certamen europeo mediante un buen tramo en Ligue 1.
Sin embargo, el desarrollo fue distinto: una campaña marcada por tensiones, consecuencias y un clima general de malestar. Y los resultados acompañaron poco. Marseille solo ganó uno de sus últimos cinco partidos y, en Ligue 1, está aferrado al último lugar que da acceso a la UEFA Conference League: marcha sexto.
Tim Weah no es el único responsable de este presente. Aun así, su utilización no ayuda: sigue siendo llevado de manera poco habitual como lateral por derecha, un rol que le quita brillo. Con todo, el extremo necesita aportar más goles y juego en el momento en que Marseille busca tres puntos ante Nantes, que está decimoséptimo, este sábado.
