En el Mundial de 2002, Kaká pasó gran parte del tiempo observando lo que hacían los demás. Tenía 20 años, venía de salir de las inferiores de San Pablo y estaba a un año de dar un salto a Italia que terminaría marcando su carrera. Sin embargo, en Corea del Sur y Japón no le tocó ser protagonista: fue más bien un estudiante del torneo.
Casi un cuarto de siglo más tarde, el brasileño puede mirar esa etapa con otra perspectiva y reconocer que, al menos en parte, sus “maestros” no eran tan malos.
“Ahí estaban Ronaldinho, Ronaldo Fenómeno y Rivaldo. Yo los miraba todos los días. Quería verlos entrenar, competir y también cómo se comportaban. Eran mis profesores”, contó Kaká entre risas, en diálogo con GOAL.
La verdad es que el grupo era, cuanto menos, extraordinario para aprender: tres ganadores del Balón de Oro, tres figuras que marcaron una época y, además, con el plus del Mundial de 2002. Kaká estuvo cerca de ellos durante 50 días, prácticamente a la sombra de ese plantel, absorbiendo detalles, rutinas y sensaciones. Jugó apenas 25 minutos en el certamen, pero todavía recuerda la emoción de levantar la Copa. ¿Cómo lo define con una palabra? “Increíble”.
Desde aquel entonces, el fútbol brasileño cambió bastante. Kaká, para bien o para mal, estuvo presente en esa evolución. Hoy es considerado uno de los grandes del fútbol moderno, pero su etapa en la Selección tuvo su pico relativamente temprano: no volvió a repetir esas alturas. Ahora, a 24 años de haber alzado el trofeo, mira a un equipo distinto, aunque con la misma carga mental que él sentía por entonces.
“La presión… es increíble. Es difícil explicarlo. No hay palabras que igualen lo que sentimos. Es algo realmente especial”, sostuvo.
Todos recuerdan sus hazañas a nivel de clubes. Con el AC Milan conquistó dos Champions League; además, en 2007 ganó el Balón de Oro, con total justicia. También integra un selecto grupo: es uno de los 10 futbolistas que lograron ganar Mundial, Champions League y Balón de Oro. No hay dudas de que está entre los mejores de la historia. Pero ser brasileño y jugar a este juego va mucho más allá de lo que hizo con Milan, Real Madrid o San Pablo.
En Brasil, la expectativa es clara: ganar el Mundial. Kaká lo hizo siendo un chico de 20 años, pero después no volvió a acercarse a ese nivel. Su último torneo grande lo disputó con 28. Participó en 2006 y 2010, aunque en ambas ediciones Brasil quedó eliminado en cuartos de final.
“Es raro, porque es algo que no podés entrenar. No puedo entrenar para jugar un Mundial. Yo puedo prepararme de la mejor manera: emocionalmente, físicamente, técnicamente. Pero no puedo entrenarme para estar en un estadio lleno, jugando contra Argentina, Francia o contra quien sea. Nunca sabés cómo vas a manejar la situación”, explicó.
De todos modos, eso no significa que le faltara confianza. En 2006, incluso, podía parecer que era el año de Brasil otra vez: si mirabas la alineación, costaba encontrar un cuarteto ofensivo más atractivo con Ronaldo, Ronaldinho, Adriano y Kaká.
Él mismo creía de verdad que podían volver a levantar la Copa, por la experiencia que acumulaban dentro del grupo.
“Sí, la expectativa era ganar de nuevo, en 2006 y en 2010. Pero lo más importante para mí fue entender lo difícil que es estar en un Mundial y ganarlo, porque yo fui en 2002, con 20 años. En mi cabeza, parecía muy fácil ir y ganar el Mundial”, dijo Kaká.
Sin embargo, Brasil no tuvo un funcionamiento equilibrado y cayó en octavos. En 2010, Kaká fue expulsado por una segunda amarilla polémica en el segundo partido de la fase de grupos. Otra vez, el equipo no avanzó más allá de cuartos, aunque Kaká terminó el torneo con tres asistencias. A los 28, ese fue su último Mundial: después, solo sumó 10 apariciones más con la camiseta de su selección. En cierta forma, se fue quedando al margen mientras Brasil renovaba el plantel y buscaba abrirle paso a una nueva generación.
“Con los años fui entendiendo cada vez más lo complicado que es jugar un Mundial y ganarlo, y lo grande que es tener un Mundial dentro de mis logros”, expresó.
El Mundial 2026, el nuevo Brasil y la presión que sigue
La Seleção que afronta el Mundial 2026 carga con la misma exigencia, semana tras semana. Este año, el equipo aparece en un punto de encrucijada: es una formación diferente, conducida por un DT de trayectoria como Carlo Ancelotti. En los últimos tiempos no tuvo demasiados éxitos, ya que el último gran título llegó en 2019, cuando se quedó con la Copa América, en un contexto que para Brasil se consideró una sequía enorme. En 2024, Ronaldinho llegó a decir que el equipo era “inmirable” y que no se podía ni mirar.
Ancelotti llega para cambiar esa imagen. El italiano es distinto a los entrenadores que tuvo Brasil en el pasado: propone una idea defensiva firme, cuesta mucho de superar y tiene experiencia en partidos de torneo. Kaká lo conoce bien: ganó el Balón de Oro con él en el Milan.
“Con Carlo viví el mejor momento de mi carrera, el período en el que rendí realmente muy bien”, contó.
De cara al certamen, Brasil llega con algunos problemas físicos. Rodrygo, que se esperaba como una pieza clave, quedó afuera por una rotura de ligamento cruzado anterior (ACL). Eder Militão, central titular en Real Madrid, también se perderá el torneo por una molestia muscular.
Pero el gran debate estuvo puesto sobre la convocatoria de Neymar. Sin dudas, sus mejores años parecen haber quedado atrás. Y su inclusión en el plantel también generó discusiones. Finalmente, Ancelotti lo incluyó en la lista de 26 jugadores, y Kaká sostiene que fue una decisión correcta, sin matices.
“Para mí es muy importante que esté en el plantel. Puede ayudar dentro y fuera de la cancha. Es muy maduro. Es su cuarto Mundial. Ya sabe cómo es todo: cómo ir, cómo jugar y cómo comportarse. Y para mí es muy lindo tenerlo en el Mundial”, afirmó.
Aún no está claro cuál será el rol exacto de Neymar. Ancelotti reconoció que será “un jugador importante”, aunque evitó comprometerse con un lugar fijo en el once para el ídolo brasileño, que además afronta una carrera contra el tiempo por llegar al torneo tras una lesión muscular sufrida durante esta semana.
En ese escenario, las expectativas caen con fuerza sobre Vinicius Jr. El extremo del Real Madrid es talento de primer nivel y en 2024 rozó el Balón de Oro, quedando muy cerca de Rodri, de Manchester City. En las últimas semanas recibió críticas fuertes, no solo por el rendimiento general sino también por el supuesto bajo nivel de conexión con Kylian Mbappé, otra de las estrellas del equipo.
Kaká marcó que esas dudas no estarían bien encaminadas, sobre todo después de una temporada en la que el brasileño cosechó 21 goles y 10 asistencias en 50 partidos en total.
“Vinicius tuvo una temporada realmente buena. El desafío está en Real Madrid: si no ganás, se considera decepcionante. Vinicius metió muchos goles y jugó muy bien. Pero el Madrid no ganó nada. Entonces todos dicen que es un fracaso”, remarcó.
Los Blancos respondió a una campaña que dejó sabor amargo contratando a otro de los ex jefes de Kaká: José Mourinho. El portugués había llegado por primera vez a Madrid en 2010 y se fue en 2013, luego de un conflicto muy visible con la dirigencia.
Kaká estuvo presente durante los tres años de ese ciclo, aunque no fue un jugador fijo en el equipo. Aun así, reconoce que el contexto fue complicado, pese a que Florentino Pérez había invertido cerca de 80 millones de dólares en él el verano anterior. Hoy, Kaká admite que fue una etapa dura.
“Tres años con él en Madrid fue un momento muy interesante, un período exigente, pero también lindo. Yo mejoré mucho. Me dio muy buenos consejos. Intenté hacer lo mejor para jugar con él en más momentos y en más situaciones, pero le deseo lo mejor”, sostuvo.
Mourinho se hará cargo del equipo una vez terminado el Mundial, y Kaká se muestra curioso por ver cómo se desarrolla todo en la próxima temporada.
“Este segundo momento en Madrid tiene muchos brasileños: Vinicius y otros jugadores. Va a ser realmente interesante ver al Madrid con Mourinho el año que viene”, dijo.
De todos modos, esos vínculos tensos ya quedaron atrás. En la actualidad, Kaká puede aflojar un poco. Está viviendo este Mundial con una asociación en el mercado estadounidense con DoorDash, y fuera de eso la vida transcurre bastante tranquila.
Además, cree que un Mundial en Norteamérica puede ser un empujón para el crecimiento del deporte.
“Es realmente importante para el desarrollo del fútbol en Estados Unidos. Organizar un torneo como el Mundial es lindo para ver a los jugadores, a los entrenadores y también las culturas de distintos deportes”, expresó.
También está atento a cómo se mueve el fútbol en otras áreas. Kaká remarcó que el cambio esperado en el calendario del fútbol universitario, con una tendencia a trabajar durante todo el año, puede ser relevante para el desarrollo de jugadores en Estados Unidos.
“Yo vi que la NCAA cambió algunas cosas para los próximos dos años. Dicen que no va a ser solo medio año: la temporada va a ser todo el año. Creo que es una mejora muy buena para desarrollar jugadores en Estados Unidos”, señaló.
Es una observación bastante detallada para alguien que no compite en el país desde 2017. Aun así, Kaká asegura que mantiene el seguimiento de los lugares que lo formaron.
“Me gusta seguir a la mayoría de los equipos y de los países donde jugué. Conozco mejor el lugar, los clubes. Siempre tengo en el GPS qué está pasando y qué intentan para desarrollar el fútbol en Estados Unidos”, dijo.
Sobre la MLS, donde cerró su carrera en Orlando City SC, sostiene que va a seguir creciendo.
“La MLS todavía está creciendo, vemos llegar grandes nombres. Ahora tenemos a Leo [Messi] en la MLS. Eso es realmente lindo y también es bueno ver cómo la liga se está desarrollando”, añadió.
Y, más allá del contexto, la presión ya no pesa igual. Kaká la sintió como jugador, la cargó con Brasil y, en algún punto, vio cómo la oportunidad se escapaba demasiado rápido. Ahora, puede vivir el Mundial como hincha.
Este plantel de Brasil no llega como favorito, pero tiene chances. Para Kaká, quizá con eso alcance.
“Tengo muchas ganas de que este sea el momento para que Brasil vuelva a ganar el Mundial. Ojalá Brasil pueda conseguir la sexta estrella, de vuelta en Estados Unidos”, concluyó.
