Hoy se cumplen 60 años desde que el TSV 1860 Munich se quedó con el gran título de su historia: el campeonato de Alemania. En aquel entonces, el equipo de los “Löwen” era el mejor del país y sus figuras—Radi Radenkovic, Rudi Brunnenmeier, Peter Grosser, Fredi Heiß y varios más—le discutían el protagonismo incluso a nombres que marcaron época como Franz Beckenbauer, Gerd Müller y Sepp Maier. Este martes, el club intenta homenajear a los campeones sobrevivientes con una recepción en un pub del Viktualienmarkt, en Múnich.

Sin embargo, no todo viene con el clima de fiesta que merece una efeméride así. Pocas horas antes del inicio de los festejos, el accionista mayoritario Hasan Ismaik—dueño de una participación de control en el conjunto alemán desde hace 15 años—confirmó en redes sociales el peor escenario que venían anticipando los rumores. Y lo hizo justo después de que se intensificaran las dudas sobre la continuidad del club en la tercera división.

El anuncio de Ismaik: falta liquidez y peligra la licencia

Ismaik reconoció que obtuvo un préstamo importante por parte de su empresa y su representante, algo que semanas atrás ya había sido confirmado. El problema es que, como consecuencia de ese movimiento, el club ahora no cuenta con la prueba de liquidez de 2,7 millones de euros que exige la DFB para obtener la licencia de la tercera categoría.

En ese marco, el propio inversor dejó entrever que preferiría que el 1860 no insista con un noveno intento por volver a la segunda división, y que el camino sea retroceder a la Regionalliga, cuarta categoría del fútbol alemán.

La idea de volver a la Regionalliga no es nueva en el historial reciente. De hecho, el club ya había sido relegado a ese nivel luego de su caída deportiva desde la segunda división en la temporada 2016/2017. Aquella vez, Ismaik había rechazado el plan con su “pulgar abajo”: según se recuerda, envió el número 4 por mensaje de texto a un periodista de Süddeutsche Zeitung mientras la dirigencia todavía negociaba con sus representantes cómo cubrir un déficit.

En el 1860, entonces, hay una lógica que se repite. Y no es menor: forzar un descenso hoy, en términos de narrativa, sería distinto a lo ocurrido en 2017, cuando el regreso al Grünwalder Stadium—en el distrito de Giesing, en Múnich—reavivó la pasión de la gente y relanzó al club como un “de culto” de barrio.

El giro “esperanza” y el plazo de la DFB

Aunque Ismaik ya había sembrado preocupación, en el mismo mensaje también aparece un intento por abrir una puerta: plantea que podría alcanzarse un acuerdo antes de que venza el plazo de la DFB, previsto para inicios de junio.

En su publicación, el inversor aseguró que presentó “un nuevo modelo de financiación” con mejores condiciones que las anteriores: sin intereses y con apoyo financiero adicional orientado a proteger al club y garantizar su continuidad en la tercera división. No obstante, remarcó que ese respaldo debe estar atado a la transparencia y a la disciplina económica, para asegurar que el dinero se utilice de forma correcta.

Además, mencionó “soluciones adicionales” con el objetivo de evitar la insolvencia y sostener estabilidad a largo plazo, protegiendo también los derechos del club y de sus hinchas. En esa línea, sostuvo que mantiene la disposición a dialogar y cooperar de cualquier manera que beneficie a los Löwen, y que las dos opciones de financiación requieren únicamente la aprobación del e.V.

Pero, pese a ese optimismo condicionado, luego el propio Ismaik enfrió expectativas. En su mensaje dejó claro que no necesariamente cree que el acuerdo sea inminente.

En ese sentido, remarcó una frase que intenta marcar el límite del “parche”: “Tenemos que aceptar una verdad importante: el problema no se puede postergar de una temporada a la siguiente simplemente tomando nuevos préstamos”. A primera vista, suena razonable. Lo que no quedó explicitado en el relato es que, en años recientes, representantes del club habían rechazado en forma recurrente propuestas del inversor para inyectar más préstamos destinados a engrosar el presupuesto. Por el contrario, se señala que en esos momentos fueron los representantes de Ismaik quienes buscaron aumentar el dinero para comprar éxito deportivo.

Más que dinero: reestructuración, controles y venta como horizonte

Con este panorama, Ismaik planteó un cambio de perspectiva. Afirmó que a veces hay que dar un paso atrás para construir un futuro sólido y estable, y que, si eso implica reconstruir el club desde cero, se debe hacer con valentía y con realismo. Para él, no sería “decisivo en qué categoría estemos hoy”, sino que el objetivo sea edificar una institución capaz de volver a competir con fuerza y mantenerse durante muchos años.

El inversor también sostuvo que el club requiere algo más que nuevas partidas de fondos: necesita una reestructuración real, controles financieros claros, cumplimiento normativo (compliance) y un equipo de conducción que opere con estándares institucionales modernos. En su visión, esos niveles ya están establecidos desde hace tiempo en clubes y empresas que han tenido éxito.

Ismaik fue más contundente al hablar del presente: “Después de todos estos años, tenemos que ser honestos y categóricos: la situación actual no puede continuar”. Y agregó que no responsabiliza a nadie en particular—ni a la dirigencia, ni a los hinchas, ni al socio, ni siquiera a él mismo—. Incluso remarcó que si los Löwen debieran reconstruirse desde cero, incluso comenzando en divisiones inferiores, eso no sería una deshonra.

Ahora bien, para los hinchas, el escenario no sería igual de motivador que en 2017. En caso de un descenso forzado en este momento, el mensaje podría no alcanzar para encender la misma ilusión, especialmente porque el contexto del club—y la incertidumbre sobre su estabilidad—es distinto.

En paralelo, se suma un antecedente que pesa en el presente: hace poco más de un año, la administración del club y Ismaik estuvieron cerca de caer en una estafa. En aquel momento, se había anunciado una venta de acciones del inversor a un supuesto inversor misterioso, algo que los fanáticos del Munich-Giesing celebraron con fuegos artificiales; pero la operación se cayó en el último minuto y, hasta hoy, no está claro si el pretendiente realmente existió.

Desde entonces, Ismaik dejó asentado que quiere vender el club lo antes posible. De acuerdo con la información citada en la fuente, al menos tres grupos de inversores genuinos se habrían acercado en los últimos meses. Entre ellos, se habría confirmado que hubo conversaciones con un consorcio liderado por Thomas Hitzlsperger, ex internacional de Alemania, y Markus Rejek, ex director general del 1860. Aun así, no se llegó a un acuerdo: el motivo principal sería que la cifra en millones—en un rango de dos dígitos—no cumplió con lo que Ismaik esperaba.

La conclusión que deja el mensaje es clara: sus acciones no ganarían valor si el club volviera a caer nuevamente a ligas amateur. Por eso, el futuro inmediato del TSV 1860 Munich depende tanto de la negociación para llegar a tiempo con la DFB como de la estrategia de fondo que el inversor esté dispuesto a sostener.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.