O’Neil disparó contra BlueCo, el grupo que comparte la propiedad de Strasbourg y Chelsea, con acusaciones duras sobre la política de contrataciones y, además, cuestionó la cultura general que se vive dentro de la organización. El entrenador sostuvo que las decisiones desde arriba terminaron “arruinando” el armado del plantel y puso el foco en cómo impacta ese estilo de gestión en el día a día del club.
Desde que asumió en enero, O’Neil acumuló dos derrotas en semifinales en el último mes, con la eliminación de Strasbourg en la Coupe de France y también en la Conference League. En ese contexto, remarcó que el mercado de pases de invierno no fortaleció al equipo: al contrario, aseguró que lo debilitó. Según su lectura, la ventana de enero no trajo el refuerzo que el plantel necesitaba para competir con garantías.
Entre los movimientos que mencionó, señaló el préstamo del delantero David Datro Fofana y del zaguero Aaron Anselmino, ambos provenientes de Chelsea. A la vez, hizo referencia a la vuelta a Londres de Mamadou Sarr, un futbolista clave que estaba cedido, y sumó un caso particularmente sensible: Kendry Paez, el ecuatoriano, tuvo cortada su cesión por toda la temporada desde Chelsea y, de inmediato, volvió a ser represtado a River Plate en Argentina. Para O’Neil, esa dinámica refleja un manejo que no termina de encajar con las exigencias deportivas del equipo en Ligue 1.
Luego del 1-1 del domingo ante Angers, el técnico habló con L’Equipe para expresar su descontento con el funcionamiento actual. Fue directo al señalar qué necesita Strasbourg y en qué fallaron quienes toman decisiones en la cima. “Necesito dos delanteros de área. Los dueños quieren darme herramientas para poder rendir el próximo año, pero primero hay que mejorar la cultura del club, la calidad de los futbolistas y la profundidad del plantel. Nos equivocamos en el mercado de enero: en lugar de sumar, terminamos debilitando al equipo”, afirmó.
El malestar del entrenador también se apoya en la sensación de que el modelo de clubes múltiples está por encima de la estabilidad competitiva en Francia. En ese marco, O’Neil interpretó que la prioridad termina siendo el movimiento de activos vinculados a Chelsea, antes que la construcción de un proyecto sólido para que Strasbourg sostenga su rendimiento en Ligue 1.
Con el foco puesto en el momento futbolístico, O’Neil no se guardó nada al hablar de la mentalidad de sus jugadores y del entorno que tienen que afrontar. Advirtió que los últimos partidos de la temporada serán una especie de examen para definir quién merece continuar en el club. “Estoy enojado. Ojalá los jugadores también lo estén. Quedan dos encuentros y tienen que demostrarme que están a la altura para jugar el próximo año con nosotros. Pero no vamos a ningún lado si seguimos así”, sentenció.
En la misma línea, extendió las críticas por falta de carácter en compromisos recientes. “Me decepcionaron, incluso más que el jueves contra Vallecano. Tienen que mejorar. El fútbol está lleno de tiburones: tienen que entenderlo. Les dije que era como jugar una final y no hicieron el partido que debían”, agregó, marcando que no alcanza con la intención si no aparece la agresividad competitiva necesaria.
Los problemas que atraviesa Strasbourg, según el contexto que rodea el caso, se reflejan en el propio Chelsea. El club inglés marcha noveno en la Premier League, y en las últimas semanas su conducción también se movió: Liam Rosenior fue despedido en abril, apenas tres meses después de haber sido designado. Además, el equipo no logra una victoria en el campeonato desde el 4 de marzo, una racha que terminó acentuando la ruptura entre la cúpula y los hinchas tanto en Stamford Bridge como en el estadio de Strasbourg. En ese clima, O’Neil intenta que su plantel encuentre respuestas antes de que termine la temporada.
