Otra temporada europea se va apagando y, más allá del ruido habitual, el cierre dejó poco para contar: poca épica y casi nada de sorpresas, al menos desde la mirada de los futbolistas estadounidenses. Las derrotas tuvieron su lógica, las victorias aportaron ese gusto especial, pero el balance general dejó una sensación agridulce. Se había prometido mucho y, al final, se terminó obteniendo bastante menos. En el fondo, todo pareció encaminado hacia el Mundial: una especie de carrera individual para mostrar nivel, ganarse un lugar y convencer. Para algunos, como Weston McKennie, la exigencia fue encontrar un techo nuevo; para otros, como Christian Pulisic, el desafío pasó más por no caer lesionado y sostenerse en el momento justo.
Con el polvo (algo) asentado, aparece la pregunta inevitable: ¿dónde está parado cada uno? Este año hubo más de 30 estadounidenses con actividad relevante en Europa. Y más allá del ruido del mercado, la competencia real se midió semana a semana: en minutos, en continuidad, en goles, en rendimiento colectivo y también en la manera de superar —o no— las dificultades físicas que condicionaron campañas enteras.
Incluso para quienes no iban a estar en el avión hacia Estados Unidos en verano, la temporada dejó interrogantes sobre si alcanzó para dar un paso adelante, para ganarse respeto o para abrir una puerta. En ese marco, el recuento de lo que dejó el año en Europeos tuvo un hilo conductor: algunos lo hicieron con explosión, otros con regularidad, y varios con una mezcla de oportunidades y golpes que cortaron trayectorias.
Weston McKennie (Juventus) fue, sin vueltas, una figura con jerarquía real. Se ganó el lugar de “superestrella” dentro del equipo y sostuvo momentos clave tanto en Italia como en el plano continental. Además, el club le dio continuidad con un contrato nuevo largamente esperado, acorde a su capacidad de cambiar partidos con impacto directo.
Folarin Balogun (Monaco) mostró una versión que el equipo necesitaba. En la recta final se volvió casi imparable y terminó de consolidarse como una de las armas más peligrosas de la Ligue 1. La cosecha fue contundente: 13 goles en el campeonato local y otros cinco en la Champions League. Es el Balogun que Monaco buscó desde su llegada, y que apareció en el tramo decisivo.
Tyler Adams (Bournemouth) tuvo un año que explica, en parte, por qué el club encamina su destino hacia Europa. Fue una pieza central en el mediocampo y, aun con problemas físicos que lo sacaron de circulación en algunos tramos, construyó su temporada más completa en la posición. Su trabajo sostuvo al equipo y le sumó argumentos para seguir en la conversación.
Auston Trusty (Celtic) supo sostener el compromiso y, además, terminó celebrando en grande: levantó dos trofeos con el Celtic. El defensor de la USMNT fue de esos casos que crecen con el calendario, dando un paso al frente a lo largo de la temporada y dejando un Mundial en la mira como recompensa.
Chris Richards (Crystal Palace) transitó una campaña sólida tanto en la Premier League como en el plano europeo. Crystal Palace, de todos modos, todavía tiene margen para hacer historia y pelear por un título de Conference League. Richards quedó condicionado por una lesión que, en la práctica, lo deja muy probable fuera de escena, pero igual cumplió con su aporte para que el equipo llegara hasta ahí.
Aidan Morris (Middlesbrough) tuvo progreso, aunque el final doliera por el recorte en la carrera hacia el Mundial. Con Middlesbrough, se transformó en uno de los mediocampistas más destacados de la Championship. La lectura amarga es que el torneo terminó con una derrota en la final del playoff y eso lo deja con bronca por tener que seguir otro año en la segunda categoría.
Ricardo Pepi (PSV) cerró con números importantes pese a seguir lidiando con molestias físicas. En PSV terminó con 16 goles en 1.415 minutos de liga, una cifra que incluye siete tantos en los últimos seis partidos. Justamente ese tramo final le puso el cierre con autoridad a otra campaña dominante del equipo en la Eredivisie.
Haji Wright (Coventry City) volvió a marcar diferencia en la Championship y le dio a Coventry City el boleto para jugar en la Premier League. Sus 17 goles fueron el motor para llegar a ese objetivo, pero ahora el desafío es claro: ver qué versión ofrece en la máxima categoría. El próximo ciclo será el examen real.
Patrick Agyemang (Derby County) fue, directamente, una fiesta ofensiva al inicio. Llegó a convertir 10 goles antes de que una lesión de Aquiles le arruinara la temporada y, con ella, las chances de Mundial. Aun así, al término de su primer paso por la Championship, quedó claro que podía competir al nivel que exige la división. Ahora, la expectativa pasa por ver cómo responde cuando vuelva al 100%.
Gianluca Busio (Venezia) tuvo un desenlace que entusiasma: vuelve a Serie A. Busio y Venezia cumplieron su tarea en Serie B y el mediocampista estadounidense tuvo un rol más grande que en temporadas anteriores. Con ese crecimiento, aparece la oportunidad de dar un salto importante en la liga de arriba del fútbol italiano.
Christian Pulisic (AC Milan) vivió un curso raro. Hubo un tramo de electricidad —cuando se mostró como el jugador decisivo que suele ser—, pero luego el rendimiento fue bajando a medida que la campaña del Milan se desordenó hacia el final. Al cierre, dejó de ser un titular fijo. El año arrancó con promesa real y terminó señalando una necesidad de reinicio en verano, un proceso que arrancará directamente con el Mundial como escenario.
Sergino Dest (PSV) sumó otro título con PSV, aunque otra vez con el condicionante de las lesiones. Cuando estuvo disponible, respondió con el sello que ya se conoce de él. La buena noticia es que esos problemas físicos no parecen arrastrarse hacia el torneo de este verano, lo cual le da una ventaja de cara al Mundial.
Joe Scally (Borussia Monchengladbach) fue el ejemplo de la constancia. El lateral viene siendo un sostén para el equipo durante años y este curso no cambió esa premisa: siguió siendo un jugador con el que el club puede contar. Esa regularidad, al final, le hizo mucho bien en la construcción de su caso para el Mundial.
Mark McKenzie (Toulouse) dio un paso adelante en su crecimiento futbolístico. En Ligue 1 se terminó de consolidar como zaguero de nivel real, capaz de sostenerse en la exigencia del campeonato. Toulouse terminó con una ubicación parecida a la del año anterior, pero la diferencia fue individual: McKenzie jugó mejor y se lo notó más cómodo, con más confianza en cada intervención.
Brenden Aaronson (Leeds) tuvo una meta sencilla: demostrar que podía competir en la Premier League. Lo consiguió en varios pasajes con chispazos importantes para Leeds. La deuda estuvo donde siempre se mira en Inglaterra: convertir esas apariciones en goles y asistencias, porque este año no alcanzó con el talento para que el resultado acompañara.
Timothy Weah (Marseille) quizá no se explica del todo con números. Aun así, tuvo un peso grande para Marseille, cumpliendo tareas distintas y adaptándose a varios roles. Ese valor en el funcionamiento —aunque no sea un año de cifras gigantes en goles y asistencias— también cuenta cuando el equipo necesita variantes y soluciones.
John Tolkin (Holstein Kiel) fue una de las pocas luces claras para Holstein Kiel en la 2. Bundesliga antes de que una lesión frenara su marcha. En realidad, por rendimiento y nivel mostrado, Tolkin parece listo para estar en un escalón más alto; el problema fue el timing del golpe físico.
Johnny Cardoso (Atletico Madrid) tuvo por delante un salto grande al pasar de Real Betis a Atletico. La adaptación no fue perfecta en todo momento, pero en general se vio que el volante entendió la exigencia y se paró a la altura. No siempre fue el elegido para arrancar como titular, aun así. Lo más duro: una lesión sobre el final le quitará el Mundial, y se entiende que eso golpea de lleno los planes de mediocampo de Estados Unidos.
Rokas Pukstas (Hajduk Split) parece listo para abrirse camino después de varios años en Croacia con Hajduk Split. Es el tipo de mediocampista que conviene observar de cerca en el próximo ciclo, porque la sensación es que todavía puede crecer y ampliar su impacto.
Antonee Robinson (Fulham) por fin dejó atrás el problema físico que lo venía frenando. Regresó al campo y, cuando jugó, estuvo bastante bien. No obstante, no llegó a capturar la forma ascendente que lo llevó a ser el Jugador Masculino del Año de U.S. Soccer en 2024 antes de que reapareciera la lesión. De todas formas, el retorno es una señal clave.
Alex Freeman (Villarreal) fue más “provisorio” que determinante: no fue un año lineal, con oportunidades que tardaron en llegar. Pero cuando le tocó, las aprovechó y se hizo notar. De cara a la próxima temporada, hay motivos para mirar con optimismo por lo que dejó este ajuste a medias, más que por una explosión total.
Malik Tillman (Bayer Leverkusen) tuvo un balance mezclado. En su primera temporada con el club aportó seis goles, pero se quedó en cero asistencias. Aun así, es importante el contexto: se trata de un paso superior para él respecto de su etapa previa en PSV, y sus momentos buenos alcanzaron para ilusionar con el futuro.
Jonathan Klinsmann (Cesena) fue prácticamente inamovible en Cesena dentro de la Serie B antes de sufrir una fractura de cuello. Fue un golpe muy duro para un arquero, aunque igualmente alcanzó a tener una referencia en el campamento de la USMNT durante el otoño.
Kristoffer Lund (Koln) tuvo un primer año bastante positivo en la Bundesliga. Fue un jugador valioso como titular y, a lo largo del préstamo, respondió con continuidad. Ahora toca ver qué pasa cuando termine esta etapa y se defina su situación, porque el rendimiento dejó señales claras de que puede sostenerse a buen nivel.
Tanner Tessmann (Lyon) arrancó con buenas sensaciones, pero con el correr de los meses se fue apagando: terminó derivando en el banco para el tramo final. Una lesión, además, cortó su campaña justo cuando faltaba poco. El final no fue el ideal, especialmente por un motivo: sorprendentemente, se quedó afuera del Mundial.
Noahkai Banks (Augsburg) consiguió una chance en la USMNT en el otoño y parecía listo para pelear por un lugar en el Mundial. Sin embargo, tras pedir que se tomen un tiempo por el interés de la selección alemana, el rendimiento y la continuidad en el club se le cayeron: pasó los últimos meses sin protagonismo real, quedando como alternativa desde el banco.
James Sands (St. Pauli) contó más sobre el momento de su club que sobre su nivel individual. St. Pauli descendió a la 2. Bundesliga y eso complica el contexto deportivo. Para sumar dificultad, Sands no pudo acompañar: se perdió los últimos dos meses por lesión, y tuvo que mirar desde afuera el tramo final.
Gio Reyna (Borussia Monchengladbach) volvió a vivir una temporada con minutos muy limitados. Arrancó apenas cuatro partidos y convirtió un solo gol. Aun con ese panorama en el club, igual entró en el grupo de la USMNT por pura cuestión de talento y potencial, sostenido por el margen que aún le da su carrera.
Yunus Musah (AC Milan) tuvo un quiebre claro. Después de haberse quedado afuera del Gold Cup, no pudo volver a entrar en el radar de la USMNT, en gran medida por la falta total de minutos en Atalanta. El escenario lo pone en una encrucijada: ya se perdió el Mundial por no terminar de despegar esta temporada con el ritmo que se necesitaba.
Benjamin Cremaschi (Parma) parecía encaminado hacia un capítulo nuevo cuando se fue a préstamo a Parma desde Inter Miami. Ese nuevo comienzo no salió como se esperaba: tras pocos minutos y una adaptación incompleta, una lesión de menisco terminó convirtiéndose en un golpe serio que truncó la continuidad.
Cameron Carter-Vickers (Celtic) vio cómo una lesión arruinó su temporada desde temprano y, con el correr de los meses, terminó cerrándole la puerta al Mundial. Es frustrante porque, con otro año destacado en Celtic, su nombre seguramente estaba más cerca de la conversación con Estados Unidos.
Damion Downs (Hamburg) tuvo un recorrido desordenado. El intento de mudarse a Southampton no funcionó y, luego, el regreso a Hamburg como préstamo tampoco corrigió el rumbo. En ese ida y vuelta se le fue un año completo de desarrollo y, como consecuencia, quedó directamente fuera de la pelea por un lugar en el Mundial.
Cole Campbell (Hoffenheim) empezó con la ilusión de romperla: al comienzo del curso se lo veía con chance de explotar en Borussia Dortmund. Pero el final lo encontró peleando por minutos en Hoffenheim, y con una cantidad de partidos incluso menor que la de la temporada anterior. Para un futbolista joven, eso no suele ser un escenario ideal.
Lennard Maloney (Mainz) simplemente no entró en los planes con regularidad. Juntó apenas 472 minutos y arrancó solo cuatro partidos, ninguno de ellos en 2026. En un año así, la falta de protagonismo termina marcando el techo de crecimiento.
