Carrick tomó las riendas de Manchester United en condición de interino en Old Trafford, como solución transitoria luego de la salida de Rúben Amorim en enero. Su designación como entrenador permanente, con un contrato de dos años, llegó después de un cierre de temporada que lo dejó con una actuación destacada: el equipo terminó tercero en la Premier League y consiguió la clasificación a la Champions. Sin embargo, en los despachos de la dirigencia no se limitaron a buscar dentro de un horizonte inmediato, y en primera instancia abrieron el abanico en el plano internacional.
En ese proceso, Thomas Tuchel apareció como uno de los nombres que más llamó la atención para el proyecto liderado por INEOS. Aunque durante el invierno hubo “un contacto” en forma de evaluación, finalmente el entrenador alemán decidió asegurar su futuro y estiró su vínculo con la selección de Inglaterra mediante una extensión contractual. También se consideró a Julian Nagelsmann, aunque las negociaciones se complicaron por el foco del DT en la campaña de Alemania en el Mundial, un contexto que volvió inviable cualquier avance concreto.
Entre las opciones que ofrecían mayor ambición estaba Carlo Ancelotti, ex DT de Real Madrid y uno de los estrategas más ganadores de la historia reciente en el fútbol de clubes. El italiano, que conquistó todo lo que está al alcance en el circuito de élite, era mirado con buenos ojos por la comisión directiva de United mientras buscaba un sucesor de jerarquía mundial para Amorim.
El intento, igual, se frenó por una decisión que terminó siendo determinante: Ancelotti optó por mantenerse al frente de la selección brasileña. Con el entrenador, de 66 años, rubricando un nuevo acuerdo para conducir a la Selecao hacia el próximo Mundial, los Red Devils tuvieron que redirigir la búsqueda y buscar fuera de esa línea, tratando de encontrar un perfil que pudiera liderar el armado táctico del equipo.
La investigación siguió, además, con atención en el mercado cercano. Andoni Iraola, de Bournemouth, y Unai Emery, de Aston Villa, fueron observados de cerca. En el caso del vasco, el reconocimiento por su tarea en la costa sur era real, pero en Old Trafford consideraron que el salto desde las Cherries hasta United implicaba un riesgo demasiado grande. No era solo un cambio de club: era el salto a una exigencia y presión que, para ese momento, no se veía como el paso más seguro.
Emery, en cambio, generaba un tipo de inconveniente distinto. Para poder llevárselo de Villa Park, United tendría que desembolsar una cifra de compensación cercana a los 20 millones de libras. A eso se sumaban dudas internas sobre si el español podría trasladar su forma de trabajar y repetir el nivel de resultados en un entorno donde tal vez no tendría el mismo grado de control total que hoy disfruta en Aston Villa.
Incluso con el interés que despertó Luis Enrique, de Paris Saint-Germain, la operación no avanzó. El entrenador fue considerado como una opción, pero se lo dio por no disponible en el corto plazo por su intención de encadenar títulos consecutivos en la Champions League. Con ese panorama, el club terminó respaldando a Carrick, pese a las críticas que habían levantado leyendas del plantel como Roy Keane y Gary Neville, quienes habían sostenido que el ex volante no debía recibir las llaves de manera definitiva sin importar los resultados.
Más allá de esas voces, Carrick se terminó convirtiendo en el candidato más sólido tras conducir al equipo a un tercer puesto en la Premier League y asegurar la clasificación a la Champions. Una vez confirmada su continuidad como entrenador, el propio Carrick habló del momento: “Desde que llegué acá hace 20 años, sentí la magia del Manchester United. Llevar la responsabilidad de dirigir a este club de fútbol tan especial me llena de un orgullo enorme. A lo largo de estos últimos cinco meses, este grupo de jugadores demostró que puede alcanzar los estándares de resiliencia, unión y determinación que acá exigimos”.
