En cada capítulo de “The Streets Won’t Forget” se rescatan futbolistas que encendieron a las tribunas con su talento, pero que no lograron coronar su carrera con el gran trofeo que termina definiendo a los más ganadores. En esta entrega, el protagonista es Hatem Ben Arfa: un zurdo de esos que parecen “mágicos” con la pelota, aunque su historia mezcló destellos de genialidad con momentos de frustración permanente.

Datos clave

  • Hatem Ben Arfa, zurdo, es recordado por su calidad técnica y por comparaciones constantes con Diego Maradona y Lionel Messi.
  • Su carrera estuvo marcada por una combinación difícil: talento para desarmar defensas y, al mismo tiempo, irregularidad para sostener el nivel partido a partido.
  • Nació en 1987 en Clamart, al sur de París, y creció en el entorno familiar de padres tunecinos emigrados a Francia.
  • En Lyon tuvo su despegue: en 2007/08 convirtió ocho goles en 43 partidos y contribuyó a un nuevo título local.
  • En Newcastle se volvió ídolo por un golazo ante Bolton Wanderers el 9 de abril de 2012 y por un momento clave con un remate tras una pared con Wayne Routledge.
  • Se retiró formalmente en 2024, con 35 años, dejando una huella de “qué hubiera pasado” si su estabilidad hubiera acompañado su talento.

El zurdo de la magia… y la dificultad para sostenerse

Ben Arfa quedó en la memoria como uno de los futbolistas más dotados desde lo técnico. No es casual que muchos lo emparentaran con Maradona y Messi: su manera de encarar, su control y su capacidad para habilitar o romper líneas hacían que pareciera que podía decidir cualquier juego. Sin embargo, por más que su techo futbolístico fuera enorme, nunca logró traducirlo de forma estable en el máximo nivel por mucho tiempo.

Uno de los factores que atravesó su recorrido fueron los roces, tanto con entrenadores como con compañeros. En varios tramos, eso terminó siendo una marca: salía de clubes con el aire de “le faltó asentarse” y sin conseguir una regularidad que, por pura lógica, su calidad invitaba a esperar. ¿Dónde se le complicó? El fútbol francés, con su exigencia y su ambiente competitivo, le ofreció el escenario perfecto para mostrar su zurda capaz de abrir defensas, aunque su trayectoria se mantuvo irregular.

Los técnicos solían destacar su brillo en la semana, pero el rendimiento competitivo a veces aparecía por rachas. Esa contradicción—habilidad para deslumbra y disponibilidad intermitente—terminó moldeando su legado. También influyeron lesiones y un carácter cambiante: hay temperamentos que inspiran, pero también provocan choques y desgaste. Su forma de jugar, además, no siempre encajó con sistemas más pragmáticos que algunos empleadores pedían.

Así, fue transitando por distintos clubes como Marsella, Lyon y PSG sin llegar a quedarse definitivamente con el rótulo de estrella indiscutida. Aun así, cada vez que alguien recuerda su paso por el alto nivel, aparecen las escenas: los desbordes en solitario, el acelerón repentino, y esas veces en que la pelota en sus pies parecía elevar el partido por sí sola. Pero también quedan las ausencias, las discusiones y las chances que no terminaron de aprovecharse. Su historia funciona como recordatorio: incluso el talento más vistoso necesita estabilidad, disciplina y un entorno que lo acompañe para explotar del todo.

De Clamart a Clairefontaine: el talento se hizo temprano

Hatem Ben Arfa nació en 1987 en Clamart, un barrio ubicado al sur de París. Allí se crió con sus padres, de origen tunecino, que habían emigrado a Francia. Su primer gran llamado de atención llegó cuando tenía 12 años: los cazatalentos siguieron su crecimiento y lo incorporaron a una de las academias juveniles más prestigiosas del país, Clairefontaine.

En la institución se trabaja especialmente con el talento que aparece en los suburbios de la capital. Ben Arfa comenzó a destacarse por su capacidad para sortear situaciones difíciles con la pelota y eso llevó a que el cuerpo técnico lo observara de cerca. A los 15 años ya se había vuelto figura en una serie documental sobre la academia, con fama de habilidades vistosas y temperamento encendido. Incluso llegó a chocar en cámara con Abou Diaby, quien más tarde sería una estrella en el Arsenal.

En ese certamen quedó claro lo que podía ofrecer: control cercano para quebrar marcas y visión para romper defensas. Esos rasgos después serían parte del camino que lo llevó a Lyon.

En el plano de club, debutó en el primer equipo de Les Gones en 2004, aunque al principio le costó contar con continuidad. Bajo la conducción de Paul Le Guen, fue incorporando paciencia y disciplina, cualidades que lo fueron completando como extremo. Para la campaña 2007/08 ya se había ganado un lugar como jugador clave para rotar, sumando goles y asistencias mientras Lyon peleaba por objetivos importantes en el torneo local. Sus actuaciones despertaron el interés de clubes europeos más grandes, confirmando que su reputación crecía.

Su estilo siempre estuvo definido por el atrevimiento en el mano a mano, la aceleración afilada y un uso poco convencional—pero efectivo—de ambas piernas. Desde el sector izquierdo tiende a meterse por dentro, intercambia pases rápido y luego entra en modo explosión hacia los espacios, obligando a los defensores a decidir a toda velocidad. Esa capacidad de generar caos en zonas reducidas lo volvió favorito entre quienes valoran la genialidad individual dentro de un fútbol cada vez más orientado a sistemas.

A pesar de todo, su carrera no siguió un camino lineal. Vivió lesiones, períodos de inactividad y la frustración de ver cómo otros compañeros avanzaban mientras él esperaba su momento. Cada golpe, aun así, parecía alimentarle el deseo de callar críticas. Con el paso de los años, el chico de Clamart siguió siendo una demostración de que el talento bruto, si se combina con resiliencia, todavía puede dejar huella incluso en un fútbol profesional que exige mucho orden.

Lyon con Benzema: el salto, el desgaste y la salida

A los 17 años, Ben Arfa debutó en primera con Lyon y se transformó en uno de los adolescentes que aparecieron en la Ligue 1 durante el siglo XXI. Poco después, su contemporáneo Karim Benzema—también formado en Clairefontaine y luego en Lyon—rompió camino al primer equipo. La dupla joven, dentro del club, hacía pensar que Lyon había encontrado oro. En ese contexto, Ben Arfa fue reconocido como un talento con carácter, pero con una proyección que ilusionaba.

Con ambos prodigios en la plantilla, el salto parecía inevitable. Benzema mostró desde temprano su capacidad para convertir y su olfato, mientras Ben Arfa deslumbraba con creatividad, chispa y un regate elegante.

Si bien su estreno competitivo llegó tanto en Ligue 1 como en Champions League, el verdadero despegue demoró un poco más. En ese momento, los entrenadores consideraban que todavía no estaba listo físicamente para sostener un rol de titular fijo.

El escenario cambió en 2007, cuando Florent Malouda se fue a Chelsea y dejó un lugar de arranque más disponible. Ben Arfa aprovechó la oportunidad: se ganó al público con su estilo enérgico, colorido y con mucha velocidad de pies. En la campaña 2007/08 marcó ocho goles en 43 partidos y además colaboró para que Les Gones volviera a levantar la Ligue 1. También arrancó los ocho partidos de Champions League en los que participó Lyon, hasta que el equipo quedó eliminado en los octavos de final frente a Manchester United.

Su control cercano y su manera de deslizarse para pasar rivales lo ubicaban en una categoría distinta. Aunque tenía calidad de sobra, su temperamento volátil le impidió consolidarse como la gran figura indiscutida de Lyon. Tras cuatro temporadas y cuatro títulos de liga, se marchó a un rival directo, Marsella, en medio de una disputa.

En tres campañas en el sur de Francia jugó 91 encuentros, con 15 goles y 12 asistencias. En sus dos primeras etapas todavía no terminó de impactar con peso decisivo. En su último año, con Didier Deschamps como entrenador, apenas disputó dos partidos. Con ese cierre quedó claro que ya no entraba en los planes del club, y comenzó a buscar un nuevo desafío.

Francia: inicio prometedor y un final con cuestionamientos disciplinarios

Cuando por fin tuvo continuidad en Lyon y mostró que era un talento real, no tardó en aparecer en el radar de la selección. El entrenador Raymond Domenech citó al volante/atacante de 20 años para la selección francesa. Tras la derrota de Francia en la final del Mundial 2006—un partido marcado por el célebre cabezazo de Zinedine Zidane a Marco Materazzi—Les Bleus necesitaba aire nuevo y apostar por juventud para mirar el futuro con ambición.

Ben Arfa respondió rápido: marcó en su debut como suplente ante las Islas Feroe. Luego sumó presencia en los siguientes cuatro partidos, incluyendo un cruce mediático contra España, y después logró su primera titularidad con una asistencia en la victoria 2-0 sobre Ecuador. A pesar de esas señales positivas, su carrera internacional se frenó: disputó apenas dos partidos más y quedó fuera del plantel para la Eurocopa 2008.

Volvió a entrar en el radar de la selección el día previo a la Eurocopa 2012, integrando la lista final. Pero lo que parecía una oportunidad soñado se torció rápido. De acuerdo con lo que se difundió, al ser reemplazado en el tercer partido de fase de grupos ante Suecia, habría pedido que lo mandaran de regreso a casa. La bronca creció y derivó en un llamado privado desde el vestuario. Ese incumplimiento disciplinario lo dejó sin lugar para el cuarto de final contra España—que finalmente fue demasiado para Francia y ganó 2-0.

Más tarde cerró su etapa en la selección con amistosos de poca relevancia contra Inglaterra y Alemania, dejando a los hinchas con la sensación de “pudo haber sido”.

Newcastle: explosión, lesión y el gol que lo inmortalizó

Después de instalarse en el fútbol francés, Ben Arfa cruzó el Canal para sumarse a Newcastle United, en condición de préstamo desde Marsella. Al poco tiempo dejó buenas sensaciones: su manera de superar rivales con control cercano y aceleración repentina hizo que lo compararan con jugadores de jerarquía del continente.

El momento más recordado llegó con Chris Hughton en el banco. En una jugada a unos 30 metros del arco, combinó con Wayne Routledge mediante una pared rápida. Tras una pausa mínima, se acomodó para engañar hacia la izquierda y descargó un remate demoledor con el pie derecho hacia el rincón superior derecho. Con ese gol, The Magpies se impusieron 1-0 sobre Everton.

Pero la historia tuvo un golpe duro poco después: en solo dos presentaciones, una entrada fuerte de Nigel de Jong, de Manchester City, le rompió la pierna y lo dejó inactivo el resto de la temporada. Aun así, Newcastle quedó convencido y abonó 6 millones de euros a Marsella para quedarse con sus servicios de manera definitiva, en lo que fue una muestra clara de confianza en su proyección en Tyne-side.

Luego, antes del arranque de la temporada 2011/12, volvió a aparecer una complicación: se lesionó el tobillo. Cuando recuperó la forma, volvió a dejar destellos. Su zurda produjo varios goles recordados, entre ellos un remate de 25 yardas en una victoria 2-1 por FA Cup ante Blackburn Rovers, que le permitió ser nominado al premio Puskás.

Y quizá el mejor tanto de toda su carrera llegó el 9 de abril de 2012. Newcastle recibía a Bolton Wanderers y Ben Arfa tomó la pelota dentro de su propio campo. Tras un pase largo de Yohan Cabaye, se acomodó para superar a Sam Ricketts con un toque sutil detrás de la pierna de apoyo. A partir de ahí arrancó un recorrido en solitario, encarando sin apuro. Como el arco todavía quedaba lejos, siguió absorbiendo rivales: se sacó de encima otro intento de marca y avanzó hasta el área. Conduciendo por el centro, les ganó a los dos últimos defensores con un toque de “tacón” para dejar al rival pagando. En el mano a mano, se mantuvo sereno y definió por encima de los brazos del arquero.

Ídolo de culto… y el choque con la disciplina

Ese nivel lo convirtió en una especie de héroe de culto en Newcastle. Para muchos, representaba “esperanza”, un talismán capaz de empujar al club hacia nuevos objetivos. Sin embargo, la promesa no terminó de convertirse en una etapa larga y sostenida.

En los entrenamientos, Ben Arfa sorprendía a sus compañeros con control y gambeta, pero también generaba molestia por conductas desordenadas en ciertos momentos, e incluso por actitudes egoístas. Se informó que faltaba a prácticas con frecuencia o no terminaba de dar el máximo, hasta el punto de que algunos compañeros presionaron para que Alan Pardew lo dejara afuera. Pardew expresó: “Era muy exigente, y noté que los jugadores empezaban a perder un poco la fe en él. En ese sentido, ya no encajaba tan bien en el sistema que habíamos construido y que funcionaba tan bien. Cuando lo poníamos, no funcionaba igual. No hacía el trabajo defensivo, muchas veces quedaba fuera de posición, y eso empezó a costarnos goles. Yo también tuve problemas con él”.

Con el tiempo, Pardew lo mandó a entrenar con el plantel de reservas de los Magpies y después el recorrido siguió con un préstamo a Hull City. Incluso allí, no se terminó de acomodar: tuvo un conflicto con Steve Bruce y lo reemplazaron al descanso en un partido discreto contra Manchester United. Ese encuentro fue el noveno y último de su etapa con los Tigers, y el préstamo se cortó antes de tiempo, dejando a ambos lados—jugador y club—con preguntas.

Últimos capítulos: idas y vueltas, comparaciones y retiro

Luego pasó por varios clubes: Nice, PSG, Stade Rennais, Real Valladolid, Bordeaux y Lille. En algunos tramos volvió a mostrar chispazos del talento que había explotado desde joven en las calles de París, aunque la mayoría de las veces su rendimiento se mantuvo irregular y sin continuidad.

Su capacidad para desarmar defensas y decidir partidos llevó a que Michel Platini lo comparara con Diego Maradona. Otros lo mencionaban en el mismo plano que Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Thierry Henry también lo ponderó con admiración al referirse a su “talento excepcional”.

Desde Bordeaux, su entrenador Jean-Louis Gasset lo describió como “una fuerza creativa, un genio del fútbol”. En el vestuario, sus compañeros lo caracterizaron con palabras como “monstruo”, “fenomenal” y “casi inalcanzable” en lo futbolístico.

Aun con destellos, le faltó la regularidad sostenida que se necesita para quedarse definitivamente entre los más altos de la élite. Si hubiese mantenido el nivel que en su momento disparó comparaciones tan grandes, tal vez habría tenido una ruta similar a la de Karim Benzema, con un recorrido más consistente. Pero eligió otro camino: muchos cambios de club y genialidad intermitente.

En 2024, con 35 años, Ben Arfa colgó definitivamente los botines. Su despedida fue breve, aunque tuvo algo de reflexión: reconoció el recorrido impredecible que le tocó vivir por su talento y agradeció a cada club y a los hinchas que lo acompañaron durante su trayecto. Aunque nunca terminó de cumplir del todo el promesa absoluta de la juventud, el solo hecho de que su nombre se discuta en la misma conversación que figuras inmortales habla de su capacidad para hipnotizar. Para los que disfrutan la gambeta y el talento individual, Ben Arfa seguirá siendo una figura atrapante: una muestra de que el talento bruto, cuando se mezcla con imaginación, todavía logra cautivar… aunque no siempre alcance los premios más grandes.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.