Ramon Calderón, presidente de Real Madrid, había soltado una frase que sonaba a película: “va a Hollywood para ser mitad estrella del cine”. Eran, al menos, sus palabras para explicar la salida de David Beckham del club en enero de 2007. La continuidad del capitán de Inglaterra en el Bernabéu venía tambaleándose desde hacía meses: no aparecía con la regularidad futbolística que exigía el club y, además, había perdido protagonismo tras la llegada de Fabio Capello. En ese contexto, su adiós ya estaba en el radar.

Calderón no se equivocó del todo. La llegada de Beckham a Los Ángeles para firmar un contrato por cinco años con LA Galaxy fue un acontecimiento cargado de brillo, muy de época y muy “mediático”. El futbolista, acostumbrado desde siempre a convivir con una cultura de celebridades que acompañó su carrera durante años, no la esquivó: la abrazó. En España, donde muchos lo habían usado durante tiempo como blanco para criticarlo, ahora él mismo parecía dominar esa narrativa, con la cuota justa de fútbol mezclada con el resto.

Desde Europa, la mirada fue —y en algunos sectores sigue siendo— bastante cínica. Para una parte, el movimiento se interpretó como una excusa, un retiro encubierto o la admisión de que ya no estaba para competir al máximo nivel. Mirado con perspectiva, sin embargo, el paso se parece más al de un pionero que al de alguien resignado: Beckham buscaba algo nuevo, algo diferente. Hay una línea bien clara entre el moño estilo mohawk, los autos de lujo, las gafas oscuras y su desembarco en Los Ángeles. No fue casualidad: fue Beckham.

Y para Estados Unidos, el “negocio” fue enorme. La MLS todavía estaba en una etapa temprana. Había una estabilidad relativa, pero no tanto en términos de nivel futbolístico. Beckham no era el punto de partida del proyecto, aunque sí funcionó como el disparador que la liga necesitaba. Su arribo cambió cómo se percibía el torneo y obligó a replantear la estructura: la MLS dejó de poder pensarse como algo chico. Tuvo que agrandar la ambición, venderse mejor y empezar un camino largo y trabajoso hacia una legitimidad global.

Hasta hoy, dentro de Europa se lo sigue cuestionando por haber elegido jugar en Estados Unidos. Incluso con el tiempo, algunos mantienen la lectura negativa: basta con ver cómo se lo encuadra al mirar su documental en Netflix. Además, se recuerda una advertencia famosa de Capello: jugar en la MLS, según su visión, arruinaría las chances de Beckham de representar a Inglaterra con normalidad.

En ese momento, la liga estadounidense estaba lejos del radar mundial, mientras el futuro de Beckham en Madrid era incierto. Aun así, seguía siendo un jugador de primer nivel, con margen para elegir clubes en toda Europa. Eso sí: por su vínculo con Manchester United, no era probable que volviera a jugar en otra camiseta de la Premier League. ¿Italia, Francia, Alemania? Eran opciones abiertas. Y en el caso de las dos primeras, más tarde terminaron apareciendo igual.

La negociación que lo cambió todo

  1. En 2006, Tim Leiweke —por entonces copropietario de LA Galaxy— le contó al comisionado de la MLS, Don Garber, que Los Ángeles estaba preparada para un golpe grande: incorporar un nombre europeo.
  2. Leiweke sostuvo que Beckham podía ser no solo el líder futbolístico de la franquicia, sino también la cara de la liga. A partir de ese planteo, Garber quedó convencido, aunque hubiera detalles por resolver.
  3. Lo que no estaba definido de entrada era qué club iba a ser el destino final de Beckham. Con ese objetivo, Garber viajó a Madrid junto a Leiweke y otro directivo de la liga para presentar un plan: Beckham sería la figura visible y, además, encontrarían la forma de que cobrara un buen dinero.
  4. Siempre parecía que el destino más lógico era Los Ángeles. No solo por el estilo de vida mediático de Beckham, sino porque Victoria, su esposa, era incluso más conocida que él.
  5. Garber, Beckham y Victoria se reunieron a cenar y ahí quedó plasmada la idea. Beckham tenía 31 años y, desde lo conceptual, la operación se cerró con relativa facilidad.

Beckham además venía con un ADN de “marcar tendencia”. La MLS, por su lado, insistió en que su contrato y sus valores comerciales sumarían más de 250 millones de dólares. Esa cifra seguramente era exagerada, pero el objetivo era claro: el movimiento era un cambio de ritmo para alguien que quizás empezaba a sentirse cansado del fútbol europeo.

Aun así, Beckham dejó claro que no era una pista de retiro. Lo dijo con precisión: “No voy allá para ser una súper estrella. Voy para ser parte del equipo, trabajar duro y, ojalá, ganar cosas. Para mí se trata de fútbol. Voy a marcar diferencia. Voy para jugar fútbol”.

Enero de 2007 fue el punto final: todo quedó atado. Cuando expirara el contrato con Madrid, Beckham se iría.

La “Beckham Rule” y el nuevo mapa de la MLS

Pero antes de que todo fuera oficial, faltaban cosas por cerrar. La más evidente eran las finanzas. La MLS, de cualquier manera que se lo mire, no podía pagar a Beckham. En el primer planteo de Garber, el tope salarial de la liga —el dinero total disponible para armar un plantel entero— rondaba los 2 millones de dólares. Beckham, en un solo año con Real Madrid, ganaba aproximadamente cinco veces eso. Algo tenía que cambiar.

Entonces la MLS hizo algo que terminaría sobreviviéndole a la etapa de Beckham como jugador: ajustó sus reglas económicas y creó la figura del “Designated Player”, rápidamente apodada “la Beckham Rule”. La idea permitía contratar jugadores por fuera de las limitaciones normales del tope. El proceso se complicó en el armado, pero le dio a LA Galaxy la posibilidad de invertir una suma grande por el capitán de Inglaterra. Como consecuencia, Beckham terminó ganando 6,5 millones de dólares por año.

Después vinieron más imitadores. Chicago Fire, New York Red Bulls y FC Dallas gastaron fuerte en el primer año de aplicación de la regla. Más tarde se sumaron D.C. United y Sporting Kansas City. Claudio Reyna, estrella de la selección masculina de Estados Unidos, fichó para los Red Bulls; Cuauhtémoc Blanco, leyenda mexicana, se incorporó al Fire; y Denílson, brasileño, llegó a Dallas. Por primera vez, la MLS pudo contratar figuras de manera significativa.

El arribo de Beckham fue recibido con algo que rozó la locura. Incluso sus tareas de prensa y presentaciones iniciales se estiraron casi cuatro horas. Y Alexi Lalas, entonces gerente general de LA Galaxy, aseguró que la presencia del inglés iba a iluminar a la liga entera.

Lalas argumentó: “Lo que van a ver es la atención que va a traer al deporte y al fútbol en Estados Unidos. También se va a mostrar la calidad que existe acá. Reconozco que en Inglaterra muchos no entienden qué pasa con la MLS dentro y fuera de la cancha. Pero lo cierto es que tenemos equipos competitivos, jugadores individuales competitivos y una liga que crece. No es que no podamos mejorar: yo pondría a nuestros equipos contra algunos de los de la Premier League en un segundo”.

Luego llegó el componente de celebridad, algo que Lalas admitió después que LA Galaxy no tenía completamente preparado. David y Victoria se movían con comodidad entre los rostros más famosos del mundo. En pocas semanas, compartieron fiestas con figuras como Tom Cruise y Will Smith, entre otras personas.

Claro que para el entorno futbolístico, el cambio obligó a adaptarse. Su compañero Chris Klein, por ejemplo, contó con el tiempo lo que significó pasar de la anonimidad a tener acceso “tipo Hollywood” prácticamente de un día para el otro.

“Beckham era un caballero y muy amable, alguien que quería ser parte del equipo. Pero incluso en las primeras semanas nos invitaban a fiestas que organizaban Tom Cruise y Will Smith. Todo era un poco abrumador”, sostuvo Klein.

Primeros choques: Beckham como estrella… y como blanco

Uno de los recuerdos más marcados para Dax McCarty llega a un partido temprano. En el verano de 2008, FC Dallas enfrentó a LA Galaxy con calor fuerte. En esa ocasión, su compañero Adrian Serioux decidió ir directo por el “hombre estrella” del rival. A comienzos del primer tiempo, el canadiense entró con los tacos arriba, fuera de tiempo y claramente después de que el balón ya había pasado. El impacto fue duro contra Beckham. El inglés se incorporó de inmediato y enseguida empezó un intercambio físico.

McCarty explicó la escena: “Le hizo un tackle a Beckham que creo que no va a olvidar pronto. Fue casi una agresión y recibió tarjeta roja. Beckham se levantó al instante y fue a buscar al tipo… Se notaba en ese momento que le importaba”.

Esa imagen encajó con lo que Beckham venía repitiendo. Durante meses insistió en que no estaba en la MLS para una “vacación”. Amaba el fútbol y quería demostrar que aún podía rendir a un nivel alto. Sus objetivos iban más allá: “Quiero cambiar la historia”, dijo en 2007.

Rendimiento en cancha y efectos en el club

En lo deportivo, sin embargo, los resultados fueron mixtos. A lo largo de cinco temporadas —con préstamos a AC Milan y con lesiones mezcladas en el camino— Beckham disputó 117 partidos y convirtió 20 goles. Su presencia en el once ideal de la MLS, el Best XI, se dio una sola vez. No fue elegido como finalista para el MVP y tampoco ganó el premio de Jugador del Año de LA Galaxy.

También hubo tensión en el vestuario. Beckham tomó el rol de capitán tras la llegada, ocupando el lugar que había dejado Landon Donovan, ícono de la USMNT. Más adelante, Donovan admitió que no debería haber aceptado un período tan largo con la cinta, casi dos décadas.

Aun con esa parte compleja, existieron logros concretos. Beckham ganó dos MLS Cups y dos Supporters’ Shields, ayudando a que un Galaxy que venía con dificultades se transformara en un contendiente. Pero su mayor impacto llegó fuera del campo: el club vivió un salto en ventas de abonos, aseguró patrocinadores importantes y el grupo empresario vio crecer su actividad. En toda la liga, las asistencias promedio aumentaron de alrededor de 15.500 en el año previo a su llegada a 18.800 en el año en que se fue.

La percepción es más difícil de medir, pero por lo menos su presencia ayudó a convencer al mundo futbolero de que había fútbol real más allá de Europa y Sudamérica. Hubo estrellas antes —Pele, por ejemplo, se puso la camiseta de New York Cosmos en la vieja NASL—, pero no abundaban los nombres globales con ese perfil. Casi todas las grandes figuras que después llegaron a la MLS lo hicieron en una competencia que Beckham ayudó a legitimar.

En 2011, Beckham lo resumió así: “Es bueno para el juego, es bueno para el deporte en este país. Me cruzé con Thierry [Henry] porque ya nos enfrentamos antes por Manchester United y Arsenal… Entonces la gente va a hablar de eso. Le da al fútbol de este país mucha publicidad en distintos países”.

El salto a una franquicia: Inter Miami y el legado

Quedaba un último capítulo dentro del acuerdo original con LA Galaxy. En el trato inicial, Beckham obtuvo el derecho a comprar una franquicia de expansión a un precio reducido. Cuando él aterrizó en la MLS había 13 equipos. La liga aún venía recuperándose de la pérdida de dos clubes a comienzos de la década de 2000. Durante su etapa como jugador se sumaron seis equipos más. Desde el arranque, se instaló la idea de que, con el tiempo, Beckham terminaría siendo dueño de un club.

Las condiciones fueron relativamente simples: le costaría “solo” 25 millones de dólares y todos los mercados estaban habilitados, con la excepción de la Ciudad de Nueva York. Por eso, Miami se volvió el destino más lógico. La ciudad tenía raíces futboleras profundas y una franquicia previa, Miami Fusion, ya había probado el terreno antes de desaparecer. En 2014, Beckham activó la opción y dejó claro que quería armar un equipo en el sur de Florida. Incluso entonces, el acuerdo era una ganga, sobre todo si se tiene en cuenta que LAFC pagó 110 millones de dólares por su plaza de expansión alrededor del mismo período.

Las ambiciones de Beckham nunca fueron discretas. Sí, quería que el club —más tarde bautizado Inter Miami— fuera competitivo. Pero también se percibía que la idea iba alineada con su visión del deporte, muy marcada por la celebridad. Era fútbol como entretenimiento, construido alrededor de los nombres más grandes del juego.

El efecto Messi: la historia que se repite

Y así llegamos al verano de 2023. Lionel Messi venía cansado de la vida en París. Nunca terminó de querer ser jugador de Paris Saint-Germain después de que su salida de Barcelona estuviera forzada por el colapso financiero del club. Desde hace tiempo se hablaba de un posible movimiento a la MLS y, a principios de agosto, se confirmó.

Si el arribo de Beckham en 2007 fue transformador, el de Messi fue sísmico. Miami le pagó una suma importante y, de manera reportada, se le garantizó una participación accionaria al momento de su retiro. En un giro que encaja perfecto con la historia, Beckham hizo con Messi lo que la MLS había hecho con él en su momento: abrió un futuro de negocios más allá del día a día de la cancha. Esa es, al final, la forma en la que perdura su legado. Primero él salió a cambiar el juego, ajustó las reglas y, casi dos décadas más tarde, el jugador más grande del mundo siguió el camino que él ayudó a construir.

Cuando Beckham desembarcó por primera vez, Don Garber lo presentó de manera grandilocuente: “David Beckham es un ícono deportivo global que va a trascender el fútbol en América. Su decisión de continuar una carrera llena de historia en la Major League Soccer demuestra que Estados Unidos se está convirtiendo rápidamente en una verdadera ‘Soccer Nation’, con la MLS en el centro”. Casi 20 años después, Garber podría tener razón.

Por Miguel Herrera

Miguel Herrera es periodista deportivo especializado en la actualidad del fútbol argentino e internacional. Cubre el día a día de la Liga Profesional, los torneos de la CONMEBOL y el mercado de pases con un enfoque ágil y preciso. Sus notas combinan información de último momento con análisis claro y directo para el hincha.