En el minuto 54, el arquero de Atlético, Juan Musso, ejecutó un saque de arco bajo hacia la derecha, buscando la zona cercana al borde del área chica propia. Allí, su compañero Pubill frenó la pelota con la mano: la acomodó sobre la línea de gol y, acto seguido, se encargó del saque de arco él mismo. La escena, poco habitual, reflejó el intento de los defensores por recomponer la jugada bajo presión, mostrando atención y la intención de conservar la posesión incluso en sectores muy cargados. Al elegir un reinicio asistido con la mano antes que arriesgar con un cabezazo o un despeje de primera, la dupla evidenció un criterio pragmático: aunque fuera de lo ortodoxo, priorizó la seguridad y el control. El detalle puede parecer menor, pero deja a la vista una filosofía disciplinada del club y la predisposición de los futbolistas a sostenerla aun cuando la situación exige improvisación.
El episodio encendió de inmediato una catarata de reclamos sobre el césped y, como era esperable, también desató un fuerte debate en redes sociales. El árbitro rumano Istvan Kovacs dejó seguir la acción y el VAR, a cargo de Christian Dingert desde Thallichtenberg, optó por no intervenir.
Uno de los motivos por los que no se sancionó la acción con mano fue que la pelota todavía no había salido del área chica: por lo tanto, lo de Musso no se interpretó como un pase, sino como un gesto para llegar antes a su compañero antes de ejecutar el saque de arco.
Como remarcó el comentarista de DAZN Freddy Harder, lo habitual en los saques de arco es que el arquero haga rodar la pelota hacia atrás para indicar que el balón aún no está en juego. En este caso, Lamine Yamal, un extremo del local con mucha movilidad, ya estaba instalado en el borde del área, listo para presionar alto y cortar cualquier reinicio lento. El episodio deja en evidencia el margen fino que los árbitros deben manejar cuando interpretan secuencias cambiantes de saques de arco. Si bien la norma 14 exige una posesión clara para que el saque se considere “ejecutado”, el desarrollo del partido suele depender de la intención, el ritmo y la necesidad de que el ataque continúe. Si Kovacs o Dingert hubieran tomado otra decisión, el partido podía inclinarse de forma inmediata. En el fútbol, los centímetros y los juicios en fracciones de segundo convierten un despeje rutinario en un foco de polémica. Por ahora, el debate continúa en redes, pero en la cancha la resolución quedó firme: no hubo falta, no hubo penal y siguió el juego.
Tras el pitido final, el entrenador del Barcelona, Hansi Flick, descargó su molestia con DAZN dejando claro que consideró que su equipo fue perjudicado. “El arquero se la juega hacia él y él la toca con la mano. Vamos, es clarísimo. No sé por qué no intervino el VAR. Simplemente no lo entiendo”, sostuvo, con un tono menos contenido de lo habitual y más cercano a la incredulidad.
Al referirse puntualmente a Dingert, el árbitro alemán encargado del protocolo del VAR, Flick añadió: “Él es alemán. ¡Hola! Increíble”. La bronca del DT probablemente alimente la discusión sobre la coherencia de las intervenciones del VAR en partidos de alta exigencia. Ahora, el equipo deberá recomponerse rápido de cara al próximo compromiso, aunque el entrenador seguramente insistirá en pedir una comunicación más clara y responsabilidades mejor definidas para con los árbitros. Para los hinchas del Barça, el caso funciona como un recordatorio duro: aun cuando cada contacto y cada determinación se observan con lupa, el fallo final puede sentirse demasiado lejos.
El episodio también trajo a la memoria un antecedente muy parecido, ocurrido casi con la misma distancia temporal: en la ida de los cuartos de final de la Champions League entre Arsenal y Bayern Múnich, hace casi exactamente dos años. En el 2-2 del Emirates del 10 de abril de 2024, el arquero del Arsenal, David Raya, tomó un saque de arco apenas el balón quedó liberado, casi al mismo tiempo en que sonó el silbato del árbitro. Un defensor del Arsenal, Gabriel, alcanzó ese pase corto dentro del área chica y volvió a ejecutar el saque de arco. Los jugadores del Bayern protestaron con fuerza y reclamaron un penal. Sin embargo, el árbitro Glenn Nyberg dejó la jugada continuar y el VAR tampoco intervino.
“Es penal por mano, es clarísimo”, enfatizó en aquel momento el DT del Bayern, Thomas Tuchel. “Él [Nyberg] les dice a nuestros jugadores: ‘Sí, pero es un error de chico, no voy a pitar eso en un cuarto de final de Champions’. Es una forma totalmente nueva de interpretar las reglas. Es simplemente increíble”. La frustración de Tuchel fue evidente y muchos coincidieron en que la jugada dejó huella en la eliminatoria. Aunque el Arsenal terminó avanzando a semifinales, el debate siguió abierto. ¿Se había pasado por alto una infracción clara o los Gunners se beneficiaron de ese margen fino que define los grandes partidos? La secuencia se pareció a otras controversias de alto perfil donde se cruzan la tecnología y el criterio humano, y por eso volvieron a escucharse pedidos de pautas más claras y una aplicación consistente de las leyes. Para el Bayern, aquel episodio en el norte de Londres sigue presente. Las declaraciones de Tuchel continúan resonando entre quienes sienten que a su equipo se le negó una oportunidad genuina para tomar ventaja. Los hinchas del Arsenal, en cambio, señalan el marcador final como prueba de que el caso no alteró el desarrollo global. De cualquier manera, la escena refuerza que en el fútbol de élite las decisiones en un instante pueden tener consecuencias duraderas.
En la noche del miércoles, los jugadores de Barcelona se mostraron visiblemente molestos y algunos presentaron protestas al árbitro Kovacs después del final. La derrota en casa deja al equipo de Hansi Flick en una situación complicada rumbo a meterse en semifinales. Uno de los factores determinantes en la caída frente a Atlético Madrid, rival de LaLiga, fue una nueva decisión polémica del arbitraje: la expulsión de Pau Cubarsí poco antes del descanso.
La sanción se dio tras una acción entre Cubarsí y Giuliano Simeone. El delantero del Atlético aprovechó la línea alta defensiva de los locales, salió disparado sobre un pase profundo perfectamente medido desde Álvarez y encaró rumbo a la portería. Cubarsí, desesperado por cortar el peligro, se lanzó desde atrás con un quite y terminó impactando las piernas de Simeone, ganándose una tarjeta inmediata.
Kovacs, en primera instancia, buscó sancionar con amarilla. Pero después de los reclamos airados del entrenador del Atlético, Diego Simeone, y de los propios jugadores, además de una intervención del VAR, el árbitro revisó la jugada en el monitor ubicado al costado del campo y terminó elevando la medida a roja. Con esa determinación, Barcelona quedó con diez hombres para el segundo tiempo. La desventaja numérica llevó a la línea alta del Barça al límite. Atlético, oliendo la sangre, se animó a avanzar con más hombres y aprovechó los espacios que se abrían. Aun así, para romper definitivamente la paridad hizo falta otro fallo discutido. En el minuto 71, otra contra rápida terminó con un remate de cerca que inicialmente fue anulado por posición adelantada. El VAR, sin embargo, corrigió la decisión del asistente y le dio el gol, detonando una celebración descontrolada en el banco visitante.
Barcelona fue por la igualdad, pero le faltó precisión en los últimos metros y Atlético resistió para ganar 1-0. El resultado deja a Hansi Flick ante un camino cuesta arriba para llegar a semifinales, mientras que el equipo de Diego Simeone viajará a Camp Nou la semana próxima con la confianza por las nubes.
