Incluso a un cuarto de siglo de distancia, Gerald Asamoah todavía puede reconstruir con una claridad “total” los instantes más emocionales de su carrera. Con 47 años, el exfutbolista repasa aquellos segundos en los que el dolor y la esperanza se mezclaron en una misma escena: “No importa cuántos años pasen: ver cómo sufrió la gente, cómo quedaron en el piso, cómo lloraban… duele”.
El 19 de mayo de 2001, el Schalke 04 estaba a apenas 4 minutos y 38 segundos de conseguir su primer título de Bundesliga. El partido ante el SpVgg Unterhaching, que terminó 5–3, parecía dejar el destino prácticamente sellado. En el Parkstadion, con el estadio agotado para 65.000 espectadores, la fiesta se desató: la gente irrumpió en el campo en medio de la euforia, las bengalas iluminaron la noche y Rudi Assauer levantó el puño, mientras los jugadores daban vueltas por el césped como si el campeonato ya fuera una realidad.
Entre esos futbolistas estaba el joven Asamoah, de 22 años. “De golpe todos empezaron a decir: ‘Somos campeones’”, rememora. Sin embargo, cuando los primeros jugadores ya buscaban hablar de título, Huub Stevens, el entrenador, ordenó que “todo el mundo al vestuario”. Asamoah cuenta que fue de los últimos en entrar: “Yo llegué con una cerveza en la mano”. Y al entrar, la escena lo sorprendió: “Pensé: ‘Qué raro… ¿por qué hay tanta quietud acá adentro?’”.
En ese momento, la atención se concentró en la televisión. Afuera se mostraba en una pantalla gigante lo que pasaba en el partido de Hamburgo, pero en el ambiente nadie terminaba de dimensionar que el final podía cambiar de golpe. La transmisión desde HSV indicaba que el desenlace aún no estaba definido, algo que todos habían dado por hecho. Y entonces llegó el golpe: el árbitro Markus Merk sancionó una falta indirecta para el Bayern Munich en un episodio que, con el paso del tiempo, quedó marcado como uno de los retrocesos más famosos de la historia del fútbol.
La jugada se completó con un desarrollo que todavía eriza la piel: Oliver Kahn se metió en el área, Stefan Effenberg devolvió el balón y Patrik Andersson lo empujó a la red. El gol, además, se clavó en el pecho de miles que estaban a 300 kilómetros de distancia, viviendo la noche desde otro partido. “No miré ni la falta porque estaba con miedo”, reconoce Asamoah. “Después empecé a escuchar a los jugadores gritando y tirando cosas. Ahí fue cuando supe lo que había pasado”.
La alegría se transformó de inmediato en una marea de tristeza. Más tarde, Rudi Assauer, ya como figura del club en la palabra pública, admitió ante la prensa que ese episodio le sacó la fe en el fútbol: “Ya no creo en el dios del fútbol”. Y ese único remate también terminó moldeando el camino del propio Asamoah, que con el tiempo sería jugador de la selección y una figura querida por la gente: “Era joven y pensaba que tenía tiempo para llegar a ser campeón. Pero ver a gente más grande llorando… eso te marca. Fue una experiencia amarga”.
Una semana después, el Schalke 04 se llevó la DFB-Pokal, pero para gran parte de la hinchada aquel partido final de la Bundesliga, por su dramatismo, siguió grabado a fuego en la memoria. “Campeones del corazón… suena lindo, pero no me sirve de nada. Prefiero tener la vuelta al estadio con el trofeo del campeonato en las manos”, recordó Huub Stevens, el entrenador legendario del club, cuando se cumplieron 25 años del episodio, en declaraciones recuperadas por el ambiente del fútbol.
En comparación con otros clubes, el Schalke 04 carga en su identidad con el peso de las fallas dramáticas, sueños rotos y descensos que duelen más por lo que prometían. En 1972, el escándalo en la Bundesliga terminó rompiendo a un equipo joven y muy talentoso. En los años 80, el club vivió el ida y vuelta entre la máxima categoría y el segundo escalón en tres ocasiones. Y en tiempos más recientes, el clima no fue distinto: el conjunto estuvo muy cerca de caer a la tercera división, salvando el mal trago por poco.
“El club y los hinchas merecen estar otra vez en la Bundesliga”, afirma Asamoah, mirando el presente desde lo que observó a la distancia con el regreso a la categoría. El objetivo inmediato es claro: mantenerse. Y para lograrlo, asegura que deberán sostenerse con la misma idea que en 2001: “Para conseguirlo vamos a tener que demostrar cómo nos mantenemos unidos como Schalke 04”.
