“The Elephant” se fue desmoronando desde el árbol: los balones detenidos y los cambios no alcanzaron, y ni siquiera el mensaje previo de Mikel Arteta a la gente para que llevara comida pudo evitar que Arsenal cayera 2-1 ante Bournemouth en el duelo correspondiente a la jornada 32 de la Premier League, disputado en el Emirates.
Para dimensionar el impacto, hay que mirar hacia atrás: el 14 de abril de 2024, los Gunners ya habían tropezado en el mismo escenario y terminaron cediendo 2-0 frente a Aston Villa. La historia, entonces, parece repetirse con esa clase de inercia que cuesta romper en el club.
A pesar de que Manchester City hizo todo lo posible para que Arsenal tuviera una chance real de alcanzar el título que no consigue desde 2004, el equipo sigue tropezando con sus propios errores y se va alejando de la cima, como si el podio se escapara partido a partido.
El problema no se explica solo por falta de ganas. Hay algo más profundo: falta carácter, aparecen las mismas flaquezas de siempre, las que vienen sosteniéndose desde aquella campaña de “Invincibles” del 2004, cuando la regularidad y la solidez se mezclaban con una convicción que hoy no se ve.
La derrota de hoy ante Bournemouth quizá no sea un golpe definitivo en lo matemático, pero sí se siente como el clavo final para las aspiraciones de campeonato: Guardiola va a aprovechar cualquier desliz, tal como ocurrió en 2023 y también en 2024. El entrenador español ya hizo el trabajo previo para Arteta en términos de regalar puntos con sus propios tropiezos, y aun así Arsenal no logra capitalizar.
Guardiola dejó puntos en el camino contra Tottenham, Sunderland, Chelsea, Brighton, West Ham y Nottingham Forest, y además el equipo cayó ante Manchester United en sus últimos 12 partidos. Con ese panorama, la exigencia para Arsenal era clara y el margen de error, mínimo; sin embargo, el conjunto no termina de despegar en el tramo decisivo.
Incluso aquello que Arteta había logrado volver una herramienta confiable —los tiros de pelota detenida— hoy pareció abandonarlo, como si el propio partido hubiera programado el veredicto para lastimarlos lo máximo posible.
Este encuentro tampoco fue uno más: era el juego esperado para estirar la ventaja a 12 puntos, con la Premier League entrando en su ronda 32 y Manchester City todavía con un partido por disputar. En paralelo, el City encaró un desplazamiento exigente hacia Chelsea, lo que vuelve esta fecha todavía más determinante en la pelea por el título.
En el Emirates, la tensión se notó desde el primer pitazo. En las caras había una mezcla frágil entre ansiedad y esperanza, pero el 3-1 sobre Sporting Lisboa en Champions League se percibió como un golpe de suerte más que como un trampolín. Y hasta la hinchada sonó apagada: parecía que entre jugadores y público se fabricó uno de los partidos más frustrantes de la historia reciente del club.
Arteta, con gestos de preocupación visibles, se cruzó con Andoni Iraola, un entrenador que suele desnudar debilidades. La sensación fue que el técnico español estuvo más enfocado en evitar la derrota que en buscar la victoria, y esa postura terminó saliéndole mal de forma contundente.
El guion se pareció al de tantas otras noches: Bournemouth se adelantó con presión temprana y abrió el marcador a los 17 minutos por intermedio de Eli Kropi. Arsenal reaccionó y Victor Giocaris alcanzó a descontar de manera momentánea, pero el patrón volvió a imponerse: Alex Scott marcó en el minuto 74 y dejó sellada la confirmación del trámite, con Arsenal otra vez quedándose sin premio.
Nota: la ausencia de Jurrien Timber, Bukayo Saka, Riccardo Calafiori y Martin Ødegaard no es una excusa; Arsenal rinde por debajo de su nivel sea quien sea el que esté disponible.
El síntoma más claro de que “el elefante decidió caerse del árbol” es la irregularidad del equipo: hasta los fundamentos que antes sostenían la resistencia en momentos claves se fueron erosionando. En la carrera por el título, el margen sigue abierto, pero cuando Arsenal se pone en ventaja o empata, el lenguaje corporal cuenta el relato: no aparece una idea clara, no se siente una voz de mando que ordene al equipo y lo empuje hacia el cierre.
Ni siquiera desde córners —donde hoy fueron 10— pudieron torcer la historia, a pesar de que hubo otras jugadas de pelota parada que, al menos en teoría, podían haberles devuelto el partido. El problema fue que no llegaron con la eficacia necesaria ni con el timing correcto para convertir insistencia en gol.
Algunos intentarán explicar el resultado por el “genio” de Iraola con las jugadas de estrategia, pero al repasar el partido se ve otra cosa: los futbolistas de Arsenal no se movieron ni se posicionaron con precisión dentro del área frente a un rival que, en realidad, no es fuerte defendiendo situaciones de balón detenido. Ese fallo, además, resultó anormal y directamente inaceptable: cada vez que el equipo se acerca al trofeo, reaparece el mismo pánico.
Si se puede, Manchester City debería mandarle una nota de agradecimiento a Arsenal por servirles en bandeja un tercer título de Premier League, mientras que un técnico “mediocre” como Arne Slot, de algún modo, se lo llevó el año pasado.
Arteta parece incapaz de aprender de sus propios tropiezos. ¿Se le borraron las lecciones del primer tramo de su ciclo en Premier League, cuando su equipo perdió contra Southampton? ¿O ya olvidó la caída 2-0 ante Aston Villa en el Emirates del 14 de abril de 2024, un resultado que prácticamente entregó el campeonato a los rivales por segunda temporada consecutiva?
En el parate por selecciones, con una defensa que ya no era esa fortaleza de antes y con varios atacantes mirando desde afuera por semanas, cabe preguntarse qué medidas concretas tomó para corregir lo que venía fallando. Porque las soluciones, por lo visto, no llegaron o no alcanzaron.
Además de Arteta, aparecen estas…
Martin Zubimendi: el “truco” de mercado en el que cayó Arsenal, mientras Liverpool, Real Madrid y Barcelona lo seguían; el problema para ellos es que el jugador terminó destacándose por encima de todos. Ben White, por su parte, hace tiempo que está lejos de su mejor versión: sus gambetas se pueden contener con más facilidad que una aspiración de título de Arsenal en el Emirates. Declan Rice, además, no repite el nivel de dinamita que mostró durante la primera mitad de la campaña: hoy se lo ve muy por debajo de ese impacto.
En el mismo sentido, Miles Lewis Skilley debería sumarse a Manchester United, porque si no sabía por qué no jugó en Arsenal durante toda la temporada, ahora al menos ya lo tiene claro. Noni Madueke tampoco encuentra el camino: ponerse un pañuelo en la cabeza no lo convierte en Ronaldinho, y el brasileño de 46 años habría sido una pesadilla para él en el día de hoy.
Gabriel Martinelli y Leandro Trossard podrían seguir el camino de Skilley y ser parte de las salidas si aparece una primera oportunidad real en el próximo mercado.
Con ese panorama, la mirada se traslada a lo que queda: habrá que observar los próximos compromisos y, de ser posible, esperar que Chelsea le gane a Manchester City el día de mañana. Sin embargo, la lectura histórica suele ser dura: los equipos que no aprovechan oportunidades así rara vez merecen quedarse con el trofeo.
El City todavía puede vencer a Chelsea, achicar la distancia a tres puntos y luego recibir a Arsenal: si gana, empareja todo. Esa realidad tan concreta sugiere que el ciclo de Arteta en el Emirates podría estar llegando a su final.
